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miércoles, 3 de febrero de 2016

LA VIDA, UN CUADERNO DE BITÁCORA...


Enciéndeme la luz para no ver mi propia oscuridad le dijo a la luna…

Nuestra vida podría llevar la condición de “cuaderno de bitácora”, en él, anotamos las rutas inesperadas que asaltan nuestro mapa particular sin tener en cuenta cuan nos puede importar los cambios innegociables... Esas mismas rutas, a veces, nos hacen mirar al cielo implorando aquellas cosas que nos acunen el alma como la calma de un mar, la esperanza del encuentro con un horizonte que acerque orillas, todo esto junto al deseo de una navegación placentera digna, eso sí,  de ser plasmada entre los renglones de una historia. Tal vez, con una odisea repentina, es difícil escaparse a esta posibilidad, las sacudidas intermitentes  terminan siendo familiares en nuestro rol humano. Es probable que nuestra historia termine convertida en el armario donde guardamos las vicisitudes de nuestras vivencias…

Hace ya un tiempo que contemplo los espacios en blanco alojados en mi mente, estos  martillean con pensamientos fosforescentes tratando de llamar mi interés sin éxito. Ellos imprimen cierta dosis de nostalgia aderezada con una extrema rebeldía, propia de una vida que se empeñan en mover los trazos de un mapa que el libre albedrio otorga sin recelo. Sin embargo, quisiera almacenar en esos espacios todo aquello que dicen que enseña, dar cobijo, como ocupas sedientos de afectos que quedan atrapados en otra piel, a las rememoraciones que alivian mi espíritu y endulzan con olvidadas sensaciones la creencia de aquello que dice;  lo mejor, aún queda por llegar…

Cuando era niña, el cielo era el lienzo en blanco donde dibujaba las escenas de una vida. Cada momento reservado a la experiencia futura, llevaba consigo aromas a jazmín que me traían las olas de una experiencia y dejaba de manifiesto la ilusión y el deseo de lanzarme al vacío extendiendo las alas de la imaginación con el ímpetu que te dan los primeros año sin abandonar la creencia, aunque solo sea  por una fracción de segundos, que nada es estático y por oscuros pasillos que recorramos, la luz nos atrapa si creemos poseerla…

Hoy, en ocasiones, cuando abro los ojos mis manos instintivamente me llevan a levantar unas sábanas para esconderme bajo ellas; existen nubarrones que asechan la vulnerabilidad de un instante, dictadores emocionales que asaltan tu tranquilidad con la falsa convicción de ser dueños y testigo de tu derrumbe. Pero siempre, tu esencia vence con la guerrera que impone la bandera de “aun no me has ganado”

…Y, he aprendido además, que para andar por los caminos de una vida, es imprescindible llevar un equipaje ligero a prueba de golpes que te hagan doblar las rodillas, con complementos que desarrollen la habilidad de secar de un manotazo lágrimas de impotencia cuando eres invisible a los que dictan leyes, imponen criterios, abanderan causas injustificadas, es decir, cuando la palabra “derechos” se sustituye por un “usted solo es un número, una letra y un ser anónimo a los ojos del poder…” 

En definitiva, mí aprobado como mortal depende de dos cosas, una: si aceptas ciertas normas, mueres… y la otra, aunque vive en el exilio lejos de las contemplaciones por ser la estrella, si te rebelas, ganas tu propia batalla.

Así que, mi querida Juana de Arcos, tú que habitas en todas las mujeres… ya sabes, aunque te quieran quemar en la hoguera, recuerda que, renunciar y claudicar, aniquila cualquier oportunidad de visibilidad y recompensa…

La acrobacia de la vida, no siempre se domina a la primera, ni a la segunda, pero con la práctica, lo logras…


Esther Mendoza.

lunes, 9 de marzo de 2015

EL ARCHIVO DEL CORAZÓN...

Intuyo que fue parte de mi historia, así me lo muestra las escasas visitas de mi lucidez

Al mirarse al espejo no se reconoció. Atrás quedaba la hermosa mujer que obligaba a cuantos se cruzaban con su mirada impenetrable, a bajar la suya con cierto reparo. Hoy, era la burda copia de un retrato en los que muchos se deleitaron. De fondo, la sintonía de Glen Miller en su “Moonlight Serenade”, aliviaba la nostalgia que arañaba a su corazón al recordar lo efímero de la belleza, lo breve del tiempo, lo antojadizo que el amor resulta cuando los años ganan a la esperanza, y, con jirones de desencanto diseña su mejor vestido para la gala de la decepción…

Se dio cuenta que secaba sus lágrimas con su pañuelo, …aquel pañuelo…, una reliquia que guardo en su pecho por más de sesenta años y cuyas iniciales, desdibujadas por la pasión guardada entre sus senos, se convirtió en el hilo conductor entre la cordura y la capitulación de una historia que no pudo ser. Su ahogado llanto quedo mudo en la estación de los aciertos, ese que nunca llegó; quedo presa de una ausencia, de una espera gélida que cubría con su manto cualquier resquicio o expectativa.

Cuando sus tormentas se lo permitieron dándole una tregua al dolor encasquillado en los recovecos de su alma, se levantó lentamente apoyada en su bastón, fiel compañero qué, junto a su sombra, no la abandonaba salvo en la soledad compartida con Morfeo. Con pasos cortos, titubeantes y temerosos ante la falta de equilibrio, abrió aquel cajón relegado al olvido, al desalojo de una ilusión que durante años, peregrinó en generaciones amarillentas destinadas al exilio de una memoria asignada ésta, al contenido de aquella gaveta. Un castigo tal vez injustamente infringido.

Su temblorosa mano derecha tomó de su cuello una diminuta llave que llevaba colgada por más de medio siglo, tiempo de encarcelación de sus fragmentos de tiempo, retazos de una historia, la suya… señales del mapa de una vida vivida en el anonimato donde los anhelos fueron abortados por la omisión de una promesa… 
Como si de una reliquia se tratara, tomo entre sus arrugadas manos las hojas sepias custodiadas por un lazo rojo, y, con exquisita delicadeza, deshizo la cinta de seda para perderse entre los renglones de aquellas cartas. Capítulos sin reposición de una vida…

….Querida alma perdida, mi memoria es traicionera y no me deja recordar la última vez que tú y yo nos encontramos.- se dijo así misma antes de perderse entre aquellos renglones.

Era verano, la luz del sol bailaban frente a las hiedras y, el sonido de las abejas me inquietaba. Decidí traspasar aquella verja. Mis piernas temblorosas no disuadieron a mi voluntad de acercarme a él. Sin darme cuenta, había sorteado los sarmientos de una antigua viña. Mi obsesión por los detalle me llevo a fijarme en la danza acompasada de dos amantes, dos pequeños invertebrados regocijados del momento vivido. Sonreí y secretamente envidie a aquellos caracoles.

Alce mis ojos al horizonte y allí le encontré…
La sangre fluía a compasadamente y bajaba de forma imparable llenando los rincones más íntimos y pudorosos. De mi interior, se desgranan susurros cálidos deseando chocar contra su piel… 

Es difícil relatar como empezó, como sucedió aquel encuentro inesperado, cuando quise darme cuenta, estábamos hablando. Su mano se deslizo buscando el contacto de la mía, nos fundimos en instantes de ternura que la brevedad del tiempo, consagró en pasión…

Intuyo que fue parte de mi historia, así me lo muestra las escasas visitas de mi lucidez.- pensó para sí, esbozando una triste sonrisa.

Se paró en seco, dejando de recordar que la llevó a recorrer aquel tramo. Y, contra su pecho, el fruto de un sueño quebrantó la realidad que nunca quiso recoger y cuyos mensajes se empotraban con angustia, dolor y sinsabores en su quebradiza memoria. 
El tiempo la vapuleó. Apretó sus manos en espera de encontrar un calor perdido…

No tuvo valor para seguir ahondando entre las líneas veleidosas de su historia, qué, fugazmente, le llegaba con claridad para luego dejarla caer en el abismo del olvido. Nuevamente, ató el lazo rojo devolviendo al destierro fragmentos de su vida…

Apenas hay claridad…
Otro día más, sus recuerdos se pierden entre dos corrientes…
Otra noche cae sin apenas sentir…
A sus casi noventa años, seguía preguntándose cuando podía, dónde estaba aquel amor que nadie jamás sustituyó…


Esther Mendoza.




jueves, 25 de septiembre de 2014

LLUVIA DE OTOÑO.

...Y, me sorprendiste como una fina lluvia en otoño...

LLUVIA DE OTOÑO…


... Y, como una lluvia de otoño, las palabras toman por sorpresa a la noche apoderándose de la poca luz natural. Se inicia la aventura de construir renglones que atrapen la atención de algún desvelado lector y, con ellas, poner en movimiento sentidos adormecidos por la modorra que produjo el día…

El otoño nos trae un caminar pausado. Un telón perfecto que cae para muchos con los vestigios de un verano y, para otros, el encuentro con una soledad que habla de añoranzas y nuevos comienzos…

Una estación que muda la vida con olores que se cuelan por las rendijas de nuestras percepciones metiéndose en la piel, llevando a rincones que apasionan, a sentir y transmitir aquellas cosas difíciles de verbalizar, en definitiva, conduce a pensamientos y deseos…

Acaso sea solo la excusa perfecta para un derroche de palabras que han aprendido a ser parte de mí, acaso, la soledad siga siendo el tema disfrazado de otoño para muchos…
Con una copa entre mis manos, miro al otoño. Desde mi ventanal observo a una pareja ausente del resto que le rodea; su abrazo, abraza a la estación recién nacida y acaso, frivolice con el resplandor anaranjado del atardecer…

Quiero envolverme en ésta nostalgia que acaricia con su luz y con sus sombras. Resquicio de un tiempo que camina hacia mis recuerdos, a los colores que invaden mi casa y al crujir de las hojas secas que pisan mis pies.

Quiero esa languidez que me subyuga al imaginarte con miradas marchitas pegadas al cristal, con lágrimas de entretiempo enredadas en recuerdos… Quiero, a la suave brisa envolviéndome en esperanza.

Las hojas empiezan a caer, la neblina rueda calle abajo distorsionando los sueños y, el entusiasmo como una lluvia de otoño, se filtra sin previo aviso conquistando a la ilusión…


Esther Mendoza.


El otoño, un andante melancólico...





jueves, 26 de junio de 2014

"Acompañados por una vieja rockola..."

Acompañados por una vieja rockola, pusimos banda sonora a nuestros besos..


… Siempre que podían, se buscaban en el mismo lugar y a la misma hora. ¡Siempre ese hormigueo  en el estómago!¡Millones! de mariposas corrían tras las agujas del reloj para perderse en él, entre sus brazos…

 
No quería mirar para detrás. Sin preguntas, se entregaba  a una aventura que le ponía alas a su imaginación anquilosada por la monotonía de su vida conyugal. Que corto les resultaba el tiempo…

 
En la tregua de esos día entre realidad y oportunidad, entregaron en fragmentos de momentos ese amor extraño que atravesaba lo rutinario dejando escapar lentamente deseos en trocitos de papel cuyo destino, aguardaba en los bolsillos de la chaqueta de aquel hombre. Él, para ella, resultó un refugio temporal donde calmar los síntomas de la costumbre de una elección. Aquellos pedazos escritos, tenían la misión de acompañar a ese cómplice enamorado de regreso a su hogar; el perfume femenino impregnó sus bordes escoltando una atracción secreta con palabras que dormirían en un lugar frío y solitario. Allí, en su otra morada.
 
De regreso a casa, su delicado y casi silencioso taconeo musitaba en el suelo empedrado la canción que sonaba en una vieja rockola. Como la protagonista de esa melodía, cuidaba una aventura con fecha en el calendario. Sus pensamientos evocaban junto a una pícara sonrisa, numerosos trocitos de papel cuyas aristas rasgadas, flanqueaban los trazos de un frenesí que embargaba su presente, casi todos sus pensamientos. Imaginarle era una locura, de esas que se hacen realidad a la vuelta de una calle con frases inmortalizadas en citas que tanto y tan bien les hacían en las esquinas prohibidas donde se amaban…
 
Hoy, cuando abrió sus ojos,  deseó encontrar su sonrisa cerca, muy cerca de ella…

 
Esther Mendoza.
 
 

domingo, 22 de junio de 2014

Aquel beso...

Él fue el artífice de la mejor melodía por ella escuchada...



…Existió…. Ese beso sucedió, aunque ella quisiera esconderlo en un rincón de su memoria. Él y solo él, era el artífice de hacerla sentir de aquella manera…, tan distinta.., tan profundamente apasionada…

Ese beso que ella negó y que él decía que existió, fue el mejor guion de sus noches en blanco, sus somnolientas mañanas, su compás de espera entre autobús y autobús, en la monotonía de sus horas, entre los cafés y asuntos pendientes de una rutina…
Ella, por momentos prefería creer que nunca lo dio, y él, la tranquilizaba diciéndole que fue un beso perdido entre las costuras de un deseo, el suyo…

En aquel beso se escondieron millones de secuencias difíciles de plasmar en una gran pantalla. Ningún trovador se acercaría a narrar tal magia y..., la melodía de ese fragmento de tiempo, aún no ha sido compuesta para aquel beso…

Ella sabía que esa partitura de notas cimbreantes, solo la hallaría en la comisura de su boca y en la agitación de su respiración..

Lo que ella daría por gritar que aquel beso, sucedió....

Esther Mendoza.
"Bésame mientras yo, muero lento..."

jueves, 29 de mayo de 2014

MATICES...

Existen  hilos rojos invisibles que conectan con el alma de otro ser para recordarle que no está sola.

MATICES…
 
Quizás el tiempo no signifique nada, quizás, sean los instantes los que hablan del valor de una relación cargada de afectos y de momentos que embellecen con caricias los fotogramas de una vida…

 
Y tú, estabas ahí..., aparecías por las aristas de los capítulos que cuentan historias, la nuestra…, mi querido amigo…

 
Tal vez, y digo sólo tal vez, que pudiera ser que en algún momento nos cogiéramos de la mano para saltar  al vacío con el compromiso de encontrarnos aquí abajo…
 

Y sucedió qué, de niños, nos dimos cita  en la metáfora de un embarcadero con promesas de vivir aventuras que nos arrancaran sonrisas al evocar con los años, como fuimos descubiertos en aquellas travesuras…

 Nos volvimos cómplices. Solo con mirarnos leíamos aquello que no podía ser verbalizado, ni contado…
Siempre un bálsamo fueron tus palabras calmando tímidamente un dolor no confesado, entonces, en mis pupilas asomaba de puntillas la gratitud y al igual que hoy, tu sonrisa me sujetaba…

 
Recuerdo como un día, sin previo aviso,  nos perdimos de vista. Nos tocaba andar caminos como peregrinos que recorren pasillos sin bastones. Teníamos una misión, convertirnos  en las personas que estábamos destinadas a ser.
 
Nunca olvidé aquel amigo de la infancia convertido en mi sombra; un pepito grillo que supo decir con silencios lo que muchos aun narrando, no han sabido…

 Y, una mañana mientras caminaba acompañada de mis pensamientos, tropecé contigo… ¡De inmediato!, asaltó a mi memoria nuestro último encuentro; casi desdibujado por el tiempo...
 
 
Evoque una instantánea de aquella noche... La imagen de unos adolescentes que compartían la tradición de una comunidad de amigos y vecinos que celebraban por aquel entonces, la llegada de un nuevo año…
 
Ocurrió dos décadas después con instantes vestidos de matices…

 
Una coincidencia que prometió no andar más senderos llamados olvidos tras tantas estaciones de ausencias. Nos abrazamos y sin promesas, decidimos seguir lanzándonos al vacío de nuevas vivencias con titulares que hablaran ¡solo!, de reencuentros…
 
Quédate a mi lado amigo, acariciando las cicatrices que un día libre en mi guerra particular, esa.., que me ha convertido en  la mujer que de niño vaticinaste que algún día sería…

 
 Feliz cumpleaños mi querido Juan José Álvarez. Confío en que la vida te dé la oportunidad de apagar muchas velas de felicidad en todos y cada uno de tus días… te quiero.
 
Esther Mendoza.
 

martes, 6 de mayo de 2014

Y ME SENTÉ A OBSERVAR EL MUNDO...




Desde la altura de mis miedos, tu imagen se difumina en las esquinas de mi recuerdo...
 
[...]...Tal vez debí decirte que aunque ya no te amaba, me quedaba a tu lado porque temía a la soledad y al silencio de un hogar vacío, ausente de rostros y aromas que contaban historias, la tuya y la mía…

Pude haberte confesado todos esos sentimientos que durante años secretamente guardé pero, mi dependencia a la rutina abortó esa posibilidad. Era más fácil, en la clandestinidad de mis pensamientos, engordar mi lista de "¿Y, si….?" que tomar la decisión de ser la primera en abandonar un navío que prometí timonear a tu lado…
 
Un día desperté y no estabas… Dejaste una nota con un epígrafe que decía:

"El precio de ser fiel a una mentira, aniquila las oportunidades y asfixia nuestros particulares retazos de felicidad…"
 
A partir de entonces, le di brillo a mi coraza, llené mi casa con ruidos que venían de fuera y me senté a observar el mundo… [...]

Esther Mendoza.

jueves, 13 de febrero de 2014

...Entre la luz y la oscuridad..

 Antonio Canova’s Psyche Revived by the Kiss of Love (1789).

“El destino baraja y nosotros jugamos” como bien dijo Arthur Schopenhauer.-


Entre la luz y la oscuridad se batían en duelo el deseo y la moral. Sorpresivamente, le resultó fácil perderse en la profundidad de sus ojos comprobando como, sus alientos se hilvanaban de forma perceptible. Quedó atrapada en aquellas pupilas preguntándose dónde estuvo todos estos años al tiempo que imploraba el roce de los labios de aquel extraños, viva consecuencia de su sedienta pasión no confesada…

Su presencia le resultaba familiar. Una cercanía que la abrumaba impulsándola a quedarse atrapada en una piel que le resultaba tentadora; no puso reprimir la romántica idea de haberse reencontrado con un amor lejano, tal vez, donde el tiempo y el espacio no habían sido borrados. 
Sus mejillas se rozaban a la par que sus extremidades se reconocían atraídos por el calor que desprenden dos cuerpos que han despedido a la sensatez por las aceras de la prudencia…,

Una de las masculinas manos, se deslizó por la espalda, el atrevimiento de su brazo izquierdo la atrajo contra el varonil pecho suplicando en silencio qué, aquel encuentro, no tuviese fin. ¿Cuál era el precio que debía pagar por rendirse a esta pasión?..., ¡poco importaba!..., Un instante para amarlo y toda una vida para echarlo de menos; aquella burda burla del destino, bien merecía la pena sufrirla…

Su  dulzura se metió en sus venas a través de la espina fina de la despedida dejándole un sabor agridulce ante el temor de no volver a verle jamás…

Sus deseos apenas valientes, asomaron tímidamente en las esquinas de las dudas huyendo a toda prisa de una moral obsoleta.
Aristas que sonreían irónicamente recordándole no bajar la guardia del optimismo, a pesar de alojarse en el único hogar conocido para ella hasta entonces..., el miedo…

El precio de ser fiel a las corazas, consiste en la aniquilación de las oportunidades y la asfixia irremediable de la capacidad para amar …

Esther Mendoza. (Fragmentos de mi libro Instantes…)
"¿Es posible querer tanto a alguien, que ese amor te impida morir?"


sábado, 1 de febrero de 2014

"... UNA LLUVIA FINA...



Aquella lluvia fina, me sorprendió como su presencia, intensa y fugaz...



... Cae una fina lluvia que empapa, y, la sorpresa, me recuerda que soy una forastera perdida en la ciudad más deseada por mi; aquella que me visitaba en la clandestinidad de mis fantasías, y donde secretamente, esperaba encontrarle con sus pasos perdido en algunas de sus callejuelas húmedas y solitarias como él. Corro en busca de un lugar donde refugiarme, pero, la oscuridad lo dificulta… aún así, y después de haber estado entre sus brazos, este escenario me evoca la brevedad de los instantes, de lo fugaz de las pasiones qué, como esta singular noche, corren por esta misma acera mojada para perderse entre la alcantarilla de una ilusión presa de las agujas de un reloj… el mío…

Hay silencios que hacen demasiados ruidos y tormentas que irrumpen de forma inesperada. Ellas estallan en las puertas de un infierno que terminas acogiendo con los años como ese "lugar donde quieres morir" un hogar con una placa identificativa con la palabra paraíso...

Este pensamiento, me produce una falsa calma.  Entonces, cierro los ojos y evoco un asilo donde sentirme segura, aquel banco de piedra que custodia una iglesia tan vieja como su ciudad de adoquines rodados y olvidados por el tiempo. 

Algunas veces, cuesta aceptar la soledad de lo conocido, ella te dobla las rodillas y recurres a aquellas plegarias hechas para ser bálsamo de las mentiras mejores aprendidas que llevan nombre de oración... 

Un sosiego sordo que compré en un todo a cien con aquellas cosas que parecían importantes e imprescindibles para mi alma, me mira desde la puerta esperando verme más rota, más frágil, sin embargo, no me equivoque, esa quietud es    extraña, exige un protagonismo que no quiero darle. Siento frio adentro, dentro de mi… otro instante se cuela entre mis dedos agarrotados por aquellos años que esperé en la quimera de una pretensión y, en ella, volqué la esperanza de convertir en oasis mi particular desierto de soledades no confesadas…

… Una mano se apoya en mi hombro, sobresaltada, me giro y...¡le reconozco!… un fogonazo de luz me obliga a cerrar instintivamente mis párpados. Segundos después, dudo si la  causa fue el destello de los faros de un coche, o, su pasión que me poseyó …

 Esther Mendoza. (Fragmento de unos Instantes…)

y, de repente tu...



domingo, 18 de agosto de 2013

"EL BANCO…"

"Con el tiempo, te das cuenta lo breve que es la felicidad.... ¡ atrápala! y, conquístala... en cada instante cómplice"

EL BANCO…

No escogieron ese sitio. Tal vez, les escogió el a ellos…

Supuso un lugar imprescindible en sus vidas, en su historia. El banco fue punto de encuentro de una concatenación de experiencias dignas de perpetuar el lugar… Simplemente, se convirtió en un elemento fiel que ha conformado el testimonio de un amor largo y profundo…, de esos que nacen primero desde dentro y, luego, como la mejor enredadera embellece el exterior con crónicas dignas de ser escuchadas….

El banco tomó el rol de un juglar mudo. Retransmisor de sensaciones a cuantos allí se han sentado.  Para los que la recuerdan, que deben ser pocos, la imagen de aquellos amantes escenificaba cual obra shakesperiana que daba vida a aquel rincón del parque.

La probabilidad de custodiar entre las fisuras de su madera los secretos de aquella pareja, aumentaban en las citas qué, durante más de medio siglo, cada día al caer la tarde, allí se producía…

El sonido humano dejó de tener trascendencia para aquellos enamorados. Los tabúes y las normas morales en público, estaban exentas de amonestación cuando de Lola y Antonio se trataba. Cuando estaban juntos, los minutos se ralentizaban difuminando las manecillas del tiempo. Estaban protegidos por el azar después, de esperar esas citas religiosas y merecidamente…Como bien decían, almas gemelas reencontradas en el siglo XX.

En ocasiones, y, buscando el fulgor de una pasión alimentada por la ilusión, procuraban escenarios clandestino teniendo como testigo a la luna. En esas noches en que la ciudad estaba serena y sosegada de viandantes, donde algunos dormían en habitaciones frías, cálidas para otros, con ecos de sueños amarillentos cuyos destinos era posiblemente morir en un “si hubiera…”.  Lola y Antonio se perdían en ella cuando nadie la vivía. A solas con sus sombras y deseos, cuyas miradas picaras y juguetonas buscaban unos labios  entre suspiros y susurros que movían por dentro a millones de mariposas que les recordaban la magia que sintieron al principio de sus quince años, y, que aún, pervivían en la boca de sus estómagos…

Durante setenta años, las líneas paralelas de las calles ausentes de fervorosos que ocupasen aquel banco, terminó siendo escenario benefactor  de sus entregas en embriagadoras y entusiastas noches de anhelos delatadores de una piel…

Fue entonces….

Cuando el tiempo prestado finiquitó los instantes con una lluvia fina de silencio y soledad…

Hoy, el banco lleva una fecha…, unos nombres… Inmune a la duda de cuantos caminantes se paran a leer la pequeña y dorada placa donada por los testigos mudos de aquella escenografía romántica.  Anales alejados del pudor, la murmuración y la incredulidad de un amor real, autentico y tangible como fueron sus miradas, sus caricias  sus besos… Una sublime abnegación de ternura y pasión que enaltecía la lealtad de un sentimiento…

El banco sigue en su lugar presidencial, frente a una fuente con cinco chorros y en medio una mujer con prominentes curvas portadora de un violín en su mano izquierda. Los narcisos y jazmines adornan con su aroma y visión, un lugar convertido en altar.


Una placa con dos nombres y una fecha, otorga su propiedad a dos amantes clausurando los capítulos de una vida con una frase larga… “Han vivido de ti muchas estaciones y pasiones enredadas qué, han abrazado el tiempo en sueños tangibles. Este banco ha sido testigo de los momentos de dos almas que estaban destinadas a encontrarse,… Lola y Antonio….”


Esther Mendoza.


lunes, 23 de julio de 2012

"UN INSTANTE..."

Y DE REPENTE TU...


Quisiera ser inmortal…
 
… En mi pupila quedó grabado aquel atardecer junto al instante en que nadamos entre las olas de una playa. Otro fotograma asalta y evoca el momento en que nuestros pies pisaron la arena que hoy, guarda un recuerdo perpetuo con un nombre; “coincidencia de un instante”
 
No habrá un "post data" en mis recuerdos que diga “delirios de un náufrago"... El último barco fantasma de aquella costa, porta otra nota que surca por el mar del olvido a un destino que pueda besar cada una de sus letras…, ese velero se llevó mis palabras en un mensaje sin retorno...
 
Los años han desdibujado el contorno de un rostro cansado y abatido por la tristeza. Mis entrañas se encogen al recordar la oportunidad de un viaje que nunca hice, quizás, ese que me hubiera llevado a tu lado y tal vez, a reencontrarme con el mismo  segundo que me llevó a ti. Me he convertido en la crónica gris de los titulares de mi propia historia, esa que un día protagonice con un sabor agridulce depositado en tus labios con el que fuera nuestro último beso…

  Mi alma nómada y solitaria vive la vida a través de las pasiones dormidas que fluyen en la intimidad de mi mundo. Nadie puede ser testigo de mi vulnerabilidad y de cuanto te echo de menos...

Me pregunto, si las escenas que observo sobre los transeúntes de esta ciudad se acercan a la realidad de mi imaginación, o tal vez, este sea el fruto del alma errante en que me he convertido. Un comediante de su propia obra que se reinventa cada día para no notar tu ausencia… Todo en mi es mecánico, hasta el hecho de sobrevivir…

 
Me siento vagabundo en la extraña relación que tengo con la felicidad. Mi mente está abarrotada de herramientas literarias de auto ayuda que recapitula constantemente sobre el poco control que tenemos de nuestra vida al tener que sujetarnos en bastones estereotipados que otros diseñan para nosotros...

 
Fantaseo con el absurdo de un imposible; aquel que el tiempo se encargó de borrar sin dejar ninguna huella que te trajera nuevamente a mí. Y divago en la locura de tenerte cerca, escuchar tu voz para luego decirte:

… Mi amor, que un día te cruzaste un instante en las vías de mi destino reconociéndome y acariciando cada centímetro de mi ternura, hoy, ya viejo te pregunto; ¿sientes aún el sabor salado de mis lágrimas cuando en la soledad de tus noches revives los vestigios de una tristeza?, ¿Sonríes al evocar el chocolate caliente preso en la comisura de tu boca y celosa la mía la hacía suya?..., ¿Podrías identificar mi silueta marcada por los años entre los viandantes de una ciudad lejana anclada en el tiempo y  a la vez recordar mi aroma o tal vez, el sonido de mis tristes pasos alejándome de ti como el día que te despedí?…

No quiero seguir imaginándome escenas que yo mismo aniquilé en la guillotina del miedo, ese miedo que bloquea las oportunidades tardías..
 
 
Me siento extranjero en mí ya anciana piel. Mis pensamientos viajan a orillas de una playa, a una emoción, a un rostro, a un impulso y a la brevedad de un   instante, el mismo que me permitió tomarla entre mis brazos y beber de su esencia de mujer…

Quisiera que el cálido sol un aquel atardecer, acariciara hoy mi recuerdo llevándome  a la concisión de un reencuentro, el mío con el suyo. Por alguna extraña razón, hoy esas imágenes toman formas evidenciando el vacío que nadie lleno mientras ella ha vagado en mi evocación cada día, cada hora, donde los años han querido burlar mi realidad confundiéndola con una utopía desde mi entonces corazón dormido…
 
Perdí la noción del tiempo, me quedé anclado en aquel día donde a orillas de un mar la conocí... Me cuesta abrir los párpados, pero por momentos lo consigo y es cuando en mi delirio veo su rostro cerca del mío y las sabias arrugas de su rostro, me cuentan que ella también me ha querido…

 Es curioso, todo esto sucede en un instante…

 
Esther Mendoza.

 

 "Hay instantes que marcan tu destino..."