“Donde habitan los silencios”
Un lugar para refugiarse del mundanal ruido, colocando entre renglones, los tan valiosos silencios, necesarios éstos para narrar historias...
El tiempo es un testigo que nos recuerda la brevedad de lo que realmente importa.
…En la antesala de mi
inminente cumple, me viene a la memoria mi once cumpleaños. Por aquel entonces
y frente a una tarta de nata y café hecha con galletas María, - ¿quién no las
recuerda?, aún gobiernan un lugar privilegiado en los estantes de cualquier
supermercado-, mi madre buscaba mi mirada esperando encontrar una sonrisa de complicidad
en su acertada elección con la base en la que pondría dos números uno. Me
sentía obnubilada por aquella mesa sencilla; encabezada con la vajilla más
repetida de la época, una duralex de
color marrón que tanto me gustaba, llenaba de color el fondo del mantel color
vainilla. Pero, lo más especial de mi día y causa del insomnio de la noche
anterior, sin lugar a dudas era descubrir el trono con que cada año mi madre me
sorprendía.
Durante más de cinco
generaciones en mi familia materna a las niñas en su onomástica se les engalanaban
su silla con flores naturales. Mi progenitora, que tan bien conocía las flores que
me gustaban, las elegía con tiempo de antelación y en un perfecto orden y gama
de colores, vestía mi puesto en la mesa para resaltar en el calendario la
importancia de ese día diez de septiembre…
Mi vestido de cuello
bebé combinaba perfectamente con las margaritas y rosas blancas de aquellos
ramos recién cortados. Una pequeña y discreta tiara de mi tía abuela, reposaba
sobre mi cabeza entre dos coletas rebeldes que nunca tenían la forma que yo
deseaba. Las pequeñas rosas de plata envejecida por el tiempo de aquella
diadema, terminaron siendo durante años, la joya más preciada que podía lucir.
Y, aunque han pasado algunas décadas desde aquel entonces, mi
silla privada de pétalos blancos y tímidas margaritas, aun reina en un rincón rodeada
de millones de instantáneas almacenadas en mi memoria y en la casa que me vio
crecer.
Mi madre, tías y abuela
cuyo cometido entre otros era recordarme la mujer que estaba destinadas a ser,
hoy no están. Cada día y en especial mis cumpleaños, recuerdo como se ponían a
mi alrededor halagando lo que ellas llamaban mis dones al tiempo que me recordaban, aquello que siendo menos
afortunado, debía mejorar….
Todas y cada una de
esas maravillosas mujeres conformaran esos lazos invisible que me recordaran
siempre lo afortunada que he sido por nacer y crecer entre ellas; féminas que
supieron hacerse así misma desde la creencia de una identidad, la de ser mujer
por encima de todo.
A mi madre y a cuantas
mujeres me han vestido de experiencias, gracias…
Él fue
para ella, la historia que susurro aquella canción…
Le gustaba dar largos paseos
antes de que pusieran las alfombras en la calle para el resto de los mortales.
Recibir el aire fresco que la despejara del insomnio de sus largas noches, era
con diferencia su fármaco más ansiado. Comprobó, cómo los primeros transeúntes corrían por el paso de peatones temiendo ser pillados en un cambio de semáforo y, contados deportistas, despertaban sus músculos con
carreras matinales. Sin duda alguna, el fotograma
favorito de la mañana, era observar a algún mayor charlando con el amigo de las primeras
luces, quizás, rememorando un pasado para ellos no tan remoto. Se dio cuenta de que ésos asiduos viandantes, terminarían formando parte de su
historia.
Subió el cuello del abrigo, la
brisa se empeñaba en estamparle su sello en el rostro. Sus frías manos buscaron refugio en sus bolsillos. Notó como sus dedos tocaban algo, un trozo de papel parecía al tacto, ¡No pudo evitar la inesperada
cascada salada que brotó de sus ojos! al descubrir algo que tenía borrado en su memoria…, una cinta de dos colores
envuelta en una hoja; aún conservaba el perfume masculino, un perfume que
emborrachó las palabras escritas cómplice de un instante inmortalizado entre
los bordes rotos de aquel fino papel
A lo lejos se oía una melodía. Inevitablemente ¡saltó! a su mente una hilera de imágenes con sensaciones que trajeron aromas y
sentimientos. Aquella canción que salía
del callejón, ¡esa misma canción!, fue la primera de ¡muchas! que bailaron en una madrugada
ebrios de pasión en medio de una callejuela cuyos adoquines, atentaron contra uno de sus
tacones haciéndola caer entre los brazos de aquel casi desconocido… Una alineación planetaria, consiguió que se perdiera en el roce de sus mejillas y
ahí, justo ahí..., quedara pegada a él acompañados de fondo por aquel saxofón… El color de esa noche cambió la velada. Tembló, no de frío, sus movimientos
eran lentos, entrecortados y, entonces, ella supo que él, era distinto...
Un laberinto de emociones se adueñó de su cuerpo envolviéndola en recuerdos que la llevaron a un solo pensamiento; “necesitaba saber más de él…” Le imaginó, le sintió…Lamentó no haberle dicho que ella amanecería en otro
lugar… Sin embargo, el tiempo le ratificó lo que sintió en un cruce de pupilas, él, sería el único que la hiciera caminar a tres centímetros del suelo…
Aquél hombre fue para ella, la historia
que susurro aquella canción…
Y te sentí detrás de mí,
acariciando con tu respiración mi nuca…
Algunas veces, busco aquella misma
razón que un día me elevó como si de un globo se tratara tratando de conquistar
un cielo que presumía de nubes de algodón. Sí, así fue como me sentí cuando me
regalaste tu presencia…
Y te sentí detrás de mí,
acariciando con tu respiración mi nuca…
Recuerdo como mi alma se vistió
de gala para darte la bienvenida acariciando con gestos silenciosos los
recovecos de la tuya… El sutil movimiento de mi cuerpo, se convirtió en brisa
para rozar el tuyo con anhelos de conquista. Tu hilo y mi hilo, lentamente
danzaron con el aire tratando de conquistar un rincón más discreto, lejos de
miradas ajenas al tiempo que, con la misma lentitud que la caída de una pluma
roza el suelo, grabamos en nuestras memorias los instantes de una vida, a
veces, eternos…
De repente, tus manos se
fundieron con las mías… y…, para cuando quise darme cuenta, tus labios y los
míos ya eran íntimos, algo más que amigos...Entonces, desee vivir la aventura de perderme eternamente en tu piel…
Esther Mendoza.
Las palabras se cuelan por los vértices de los deseos enmudeciendo...
Aquella lluvia fina, me sorprendió como su presencia, intensa y fugaz...
... Cae una fina lluvia que empapa, y, la sorpresa, me recuerda que soy una forastera perdida en la ciudad más deseada por mi; aquella que me visitaba en la clandestinidad de mis fantasías, y donde secretamente, esperaba encontrarle con sus pasos perdido en algunas de sus callejuelas húmedas y solitarias como él. Corro en busca de un lugar donde refugiarme, pero, la oscuridad lo
dificulta… aún así, y después de haber estado entre sus brazos, este escenario me
evoca la brevedad de los instantes, de lo fugaz de las pasiones qué, como esta singular noche, corren
por esta misma acera mojada para perderse entre la alcantarilla de una ilusión presa de las agujas de un reloj… el mío…
Hay silencios que hacen demasiados ruidos y tormentas que irrumpen
de forma inesperada. Ellas estallan en las puertas de un infierno que terminas acogiendo con los años como ese "lugar donde quieres morir" un hogar con una placa identificativa con la palabra paraíso...
Este pensamiento, me produce una falsa calma. Entonces, cierro los ojos y evoco un asilo donde sentirme segura, aquel banco de piedra que custodia una iglesia tan vieja como su ciudad de adoquines rodados y olvidados por el tiempo. Algunas veces, cuesta aceptar la soledad de lo conocido, ella te dobla las rodillas y recurres a aquellas plegarias hechas para ser bálsamo de las mentiras mejores aprendidas que llevan nombre de oración...
Un sosiego sordo que compré en un todo a cien con aquellas
cosas que parecían importantes e imprescindibles para mi alma, me mira desde la puerta esperando verme más rota, más frágil, sin embargo, no me
equivoque, esa quietud es extraña, exige un protagonismo que no quiero darle. Siento
frio adentro, dentro de mi… otro instante se cuela entre mis dedos agarrotados por
aquellos años que esperé en la quimera de una pretensión y, en ella, volqué la esperanza de convertir
en oasis mi particular desierto de soledades no confesadas…
… Una mano se apoya en mi hombro, sobresaltada, me giro y...¡le reconozco!…
un fogonazo de luz me obliga a cerrar instintivamente mis párpados. Segundos después, dudo si lacausa fue el destello de los faros de un coche,
o, su pasión que me poseyó …
Hoy, en este espacio
virtual, quiero compartir con todos ustedes un trocito de mi vida; parte del
puzle de mi infancia. Tal vez, el motivo de hacerlo, parte de una larga charla
con una buena amiga que llegó a dudar de su propia luz…
Cuando era pequeña, no
superaba los doce o trece años, solía llegar a casa algo triste, con un ánimo alicaído…,
No todo lo que sucedía a mí alrededor, era capaz de comprenderlo. Las madres,
son esas “señoras sabias” que tienen soluciones para todo. Ellas, nos ponen
paños calientes ¡donde parece que nunca habrá cura!..., y, sus palabras…, dan
respuesta a aquellas cuestiones no fáciles de despejar, cuando se es tan joven.
Un día, de regreso del
colegio y algo entrada la noche, le pregunté el porqué, las niñas se
enfrentaban y a la vez rivalizaban con aquellas cosas que yo entendía como
innatas y naturales propias de cada una. Siempre una reacción molesta por parte de ellas, terminaba en agridulces enfrentamientos. Yo
pensaba, que aquellas cualidades, habilidades o torpezas, venían en tu paquete
personal y eran intransferible, algo así
,como el nombre y apellido de cada una de nosotr@s.
Mi progenitora, después
de escuchar tantas veces esa queja que no me llevaba a ningún lugar, decidió
reconfortarme con un ejemplo que aniquilara ¡de una buena vez!, mi confusión
tan reiterativa. Nos dirigimos hacia el balcón y me dijo:
Observa
el cielo. ¿Que ves?
Estrellas…
¿Algunas
de ellas, están tan juntas que resulta difícil diferenciarla de la que tiene a
su lado?
No….
Todas, tienen su margen de separación…
Pues recuerda que cada una de ellas, tienen un
cometido. Todas brillan, y se sienten cómodas en ese espacio. Saben sin
necesidad de justificarse ante las otras, que tienen una misión, por lo tanto,
el enfrentamiento no existe dado que cada una cumple un objetivo. Si realmente
sabes quién eres, ningún ruido alrededor te hará dudar de tu lugar en el mundo…
A mi madre, por dejarme
el único legado que merece la pena conservar. El respeto por aquello que somos y las
herramientas para encerrar a la siempre inoportuna "duda"…
"En la espera, las horas se adueñan de la impaciencia, dando riendas suelta a mi imaginación al sentir tus labios, rozando mi nuca..."
Hay corazones heridos
que no quieren sentir las horas cuando observan
la soledad que les acecha. Esos corazones dan crédito a una angustia mezquina que toma posesión de su razón disuadiendo con destreza, una felicidad más que
merecida…
Los recuerdos
estancados ¡hay que exterminarlo como a las plagas!. Estos llevan por veredas escabrosas
dejando en el camino, la piel de las oportunidades…
Eternidad…
Eso es lo que sucede
cuando sus manos se separan después de un beso que acompaña un “hasta mañana mi vida…”
Los escalofríos
silenciosos, pierden puestos frente a la ilusión y el deseo. Una coyuntura qué,
algunas veces, surge de la nada; De esa
nada fruto de una
rendición…
…. Y en los momentos…
…. cuando tu coche para
frente a su verja, ¡¡ ella corre hacia ti!!
Colándose por la ventanilla del copiloto, ¡acortando los miedos!..., cambiando el
significado de la distancia qué, ya…, no sientes cuando la miras y le
dices: “ Te amo...” o la despides con un “ ¿¿Te he dicho hoy, que te quiero…??”a lo que responde; "...no, imperdonable..." guardando la mentira piadosa debajo de una espera que endulzará su boca...
…. Con los días…
…. Es temprano. La luz
de la mañana se cuela por las rendijas de la persiana. El estor coquetea con las primeras luces que hacen
carantoñas en el rostro… y, ella, se hace la remolona cubriendo con las sábanas
su cabeza tratando de huir de los primeros rayos del día…
…. Es cuando abres los
ojos, caes en la cuenta de qué el tiempo ha destruido el puente de la
espera, ¡ahí!… al otro lado de la cama, te recibe su sonrisa con dos
adormilados “ buenos días..”. El del
ahora, y aquel que no tuvísteis mientras ambos, con otras vidas, en lechos distintos dormíais…
Esa mujer cuida de tus
flores. Esas que llegaron tarde y nunca antes conociste… Te llama “su jardinero fiel…” porque has
esparcido en su alma la semilla intima
que reconoce el amor maduro, sereno y firme…el que nunca se va de puntillas sin
despedirse…
Esbozas una sonrisa y
aún somnoliento, acaricias el instante
de sentirla cerca…,
Notas su respiración
relajada.Se ha vuelto a dormir. Detienes la mirada en su espalda bien
definida al tiempo qué, la yema de tus
dedos, dibujan un te quiero en la geofrafía de su piel; blanca y suave como la seda… Te acercas
mientras duerme para abrazarla tatuando tu aliento en los
recovecos de una pasión...
…. Tus flores…
Ellas representan el
placer de la vida simple. Algo así como…; Preparar una mesa para dos…, una
lectura conjunta; relatos que la embelesa atrapándola entre la entonación y la
sorpresa que lleva la aventura de tú narración. Consciente de la intriga que
despierta la historia, levantas la mirada y sonríes para adentro. Su pequeña
silueta está hecha un ovillo en el sofá, ¡expectante! de saber qué ocurre en “el puente de los asesinos…”de Arturo Pérez Reverte.
Hoy tus flores se
visten de gala para lucirse en, una mirada esquiva que recorre su figura, también, para ese beso sonoro que los labios femeninos depositarán en tú nuca
cuando enfrascado en tu opera preferida te sorprenda la tibieza de su boca…, y, como no, en el deleite y frenesí que
produce deshacer una cama, la vuestra…,y por último, en la locura excelsa que encierra una suplica que esconde un “¡escápate
conmigo…!”
….Te levantas y
despacio, al compás de "la forza del destino" de Verdi, te acercas a ella sentándote en el poco espacio que dejan sus piernas en el sofá.Con ternura, apartas el cabello que cubre el lado derecho del rostro y clavando tus pupilas en las suyas le repites por enésima vez…,”lo hermosa que te parece…”
“Juntemos el perfume de las flores, el arrullo de las alas, la firmeza de una montaña, la quietud del rio, la frescura de los valles, las miradas de las estrellas, la caricia de una brisa, el beso guardado por Dios en un corazón de mujer, eso, es una MADRE…”
Carta a una madre...
Después de mucho tiempo, me siento a escribir aquellos párrafos que quedaron a medias ...
Sentada en el borde del abismo de mis pensamientos, evoco instantes custodiados en un rincón de mi memoria. Me cuesta recordar en qué momento de nuestra historia nos perdimos como madre e hija; de esa inevitable distancia que surge como consecuencia de una ausencia y lugar para los afectos; restándole su protagonismo por falta de tiempo o por sobreentender que todo queda dicho…
Tal vez, los términos no sean estos y tan sólo sea el acomodo de los seres humanos al dar por sentado que el amor, siempre está ahí y no necesita ser sacudido del polvo de la comodidad de las palabras...
Sobre el piano, observo esa fotografía, marco y tarjeta de presentación de una fina estampa familiar. Algunas imágenes pasean por mi mente reviviendo situaciones de enfados y alegrías, que tal vez en otra situación, tendría otro significado para mí; Icono afín que me envuelve en melancolía.
Sentires no expresados que secuestraron la voluntad de acercarme, impidiendo que conocieras aquello que fue causa de alegrías y tristezas, sin embargo, el temor tuvo más fuerza. La soledad y el abandono propio del entorno y mis sentimientos de niña, prevalecieron por encima de mis deseos cerrando mi boca, ahogando mis emociones y asfixiando mis palabras.
Expresar afectos, iba en contraposición a la comprensión y herirte, jamás formó parte de mi necesidad de ser escuchada con un todo vale. No entró nunca en mis planes arrancarte lágrimas nacidas de mi rebeldía, que pataleaba ante una demanda del propio corazón y dificil de entender a veces. La juventud, nos refleja en espejos donde las fronteras y los límites no tienen fin.
Ví, como te dividías para llegar a todas partes al mismo tiempo, olvidándote de ti y disimulando el cansancio dibujado en tu rostro con una amplia y tranquilizadora sonrisa.
La educación de esa época basada en los miedos y tabúes, engendraron hijos sumisos donde la obediencia sin contemplación, era la máxima de una prole bien educada. Nosotros, mis hermanos y yo, nos consideramos unos privilegiados por vuestra mentaliad abierta e igualitaria a la hora de formarnos.
Madre, sé que me amaste. Tal vez, nuestro cometido no fue el de amigas confidentes, aunque en ocasiones tu debilidad de mujer hizo que me vieras de igual a igual, descansando esas confidencias sobre el tapete de la mesa que nos separaba. Guardo como un preciado tesoro todo aquello que me transmitiste, palabras, gestos y acciones tímidas que salían a pasear en los momentos de tu debilidad humana.
Creía que sabía todo de ti; no te expusiste a la ambigüedad de los otros. Tu mente pragmática y necesidad de controlar el entorno como consecuencia del rol de madre, me hizo valorar y prestar más atención a tu condescendencia de “mamá y mujer”. Nadie, te enseño que arriesgar y equivocarse en algunos momentos, son dos caras de la misma moneda. Sin embargo, conocí la identidad de tu alma al ejemplarizar en actitudes, la aceptación de lo que te tocó aprender…
Revivo escenas de mi infancia. Tu voz alegre y cantarina despertándonos por las mañanas, acompañando las tragedias de los boleros de Machín ó los Panchos con su “reloj no marques las horas…”, también, tu sonora carcajada corriendo por el pasillo tras cuatro niños con zapatilla en mano después, de haberles descubierto en alguna travesura... Inolvidable la hora de la merienda; mis papilas gustativas al viajar en el tiempo, se pierden entre las galletas María y el chocolate caliente en el tazón personalizado que teníamos (la niña, el pequeñín, el rebelde y el gruñón)…
El broche de oro al recapitular la película de mi vida, se lo lleva las anheladas noches, calificadas éstas, como “lo mejor de aquellos días” Todos juntos como polluelos nos refugiábamos buscando el calor en tu cama y embelesados, escuchábamos aquellas “historias de viejos” que nos desvelaban, en vez de adormecernos debido a su alto contenido en suspense.., pero siempre, terminabas con ese cuento donde ¡todos eran buenos!... y los finales no se comían a las perdices…
Madre, evoco de mi padre, sus notas manuscritas en un papel cuidadosamente elegido, con una carga sentimental que fomentó en mí, el amor romántico... Cada día en los rincones de la casa, había algunas misivas recordándote lo que te amaba. Mensajes en una bandeja que vestían junto a la flor, el café que despertaba tus mañanas. Te cuidó como a la niña de sus ojos, amándote como se amaba a sí mismo sin diferenciar las almas, pues los dos, formasteis una…
Sería fácil buscar en un nicho esa parte de ti que yace de la materia; pero no te reconozco ahí, te siento cerca, presente, en mi... Enviar al cielo esta carta seria una utopía; hay huelga de mensajeros; parece que están todos aquí abajo tratando de arreglar algunos principios de piedra de muchos, donde la tolerancia y el respeto brillan por su ausencia. Mucho trabajo para los ángeles... En ocasiones, junto a la semilla del amor crece la del desprecio, desencadenando que hombres y mujeres empuñen la espada de Damocles.
Me perdí en el tiempo al confiar que era inmune al sentimiento de tu perdida, no me preparé para ello.
Mi timidez de niña, me convirtió con los años en la mujer introvertida que se privó de los actos únicos que sólo, pueden existir entre madres e hijas.
Hoy, te busco en algunos rincones de mi existencia. Te recuerdo en mis momentos de soledad elegida pidiéndote en una humilde plegaria, que no te alejes mucho y cual ángel protector, me sigas cuidando como en mi niñez, librándome de toda fuente de peligro. Cuando el sufrimiento nos sorprendía, nos enseñaste a ser buenos alumn@s, aceptando la adversidad para comprender rápidamente la lección y avanzar en este viaje llamado vida…
"Los recuerdos, deben ser melodias que acunen nuestra alma... "
Mira la vida… Ella regala todas las flores que tiene aunque algunas, se arranquen con dolor. Quédate con los pétalos que una vez rozaron tu piel y acariciaron tu corazón…
El recuerdo, es el espacio entre un tiempo pasado y el presente. Tesoros almacenados en nuestra mente para rememorar instantes que se filtraron en el alma, por las fisuras de la soledad y tal vez el desamor…
Si quedamos anclados en el pasado, un día al mirarnos en el espejo descubriremos un rostro más viejo y más cansado; Adictos a un itinerario eterno entre el asiento de la resignación y la frustración de no tener respuesta a la sombra de una incógnita en un ... ¿Y si hubiera…?
Al no haberla despejado, ella nos llevará al exclusivo papel habitual para nosotros; el del transeúnte pasivo de nuestra vida, que nos devuelve a la única butaca conocida para seguir haciendo lo singularmente perfeccionado; conformándonos en la fiel actitud de contemplar las caras y bostezos de aquellos viandante que como nosotros, han quedado atrapados en el tiempo, adoptando el papel de espectador y eligiendo vivir como muertos, estando vivos…
Las cosas que nunca te dije, se ahogaron en mi garganta…
Aquellas frases llenas de sentimiento que conducía a la duda y al miedo gritando con mil gestos lo que te necesitaba....
En las cosas que nunca te dije, con miradas inocente te imploraba lo nunca expresado con palabras: manifestaciones en abrazos tímidos que buscaban los tuyos, bajo el manto silencioso que embargaba la melancolía de lo anhelado…
Aquellas cosas nunca dichas, viajan hoy en el pasado, cubriendo con lágrimas que redundan en la pena de mi corazón de hija, el día que te fuiste sin la oportunidad de una despedida…
Entendí que Dios sonríe cuando le contamos nuestros planes, pues los suyos, no siempre coinciden con los nuestros…
….En esta rosa símbolo de la pureza de tu alma. De la inocencia oculta en tu mirada, de la fuerza y seguridad de esas manos que una vez cuidaron y amaron con la pasión de sentir la vida bajo tus alas…
… Es una rosa la expresión de todo lo que no te dije… lo que a modo de rezo cada noche te cuento. Éste amor no demostrado en palabras que quedaron atrapadas en mi garganta… esa complicidad entre madre e hija relegado a la espera de lo que nunca volverá…
Mantengo la ilusión que algún día me vendrás a buscar del sueño que asusta…y del que nadie desea abandonar después…
Siempre…. Te amaré viviendo en la ausencia y en el recuerdo…
Perdona por atreverme escribirle a tu alma. Posiblemente se sienta asustada y abandonada ,pensando que todos se han olvidado de ella, sin darle tregua para renacer de las cenizas de una vida poco gratificante… asumiendo un olvido irreal, en la creencia de no ser guardada en el cofre de los tesoros más preciados, donde el recuerdo y la ternura son los sentimientos coprotagonistas…
Dile al niño que llevas dentro que alargue sus brazos y cierre los ojos, dejando sentir el abrazo dulce en la madrugada cuando sus miedos le asalten… que se acurruque sintiendo el calor de unas manos protegiendo las suyas...
Cierra tus ojos y deja pasear por tu memoria retazos de dulzura de la infancia, fotogramas que han quedado atrapados en el corazón y en la memoria…
... y recuerda...
El beso largo y pegajoso de tu madre que te hacía enfadar, porque tu postre casero favorito se estampaba en tu mejilla después de que ella lo hubiese probado antes. Secuencias de instantes donde la cocina, era el escenario de tu complicidad con ella...
Eras el hombrecito de la casa…Cuidabas del jardín, del perro y de aquellos que estaban a tu cargo, ellos te veían como el “gigante protector, favorito de mama…”
…. Y aquellos momentos, que sentado a sus pies, compartías sus preferencias televisivas, anécdotas y vivencias de una vida, donde tu presencia era el mejor regalo para ella mientras te acariciaba el cabello …
…. Y siempre fue así, te convertiste en su guía cuando ella estaba perdida, recordandole retazos de una vida...
Cuando te rindes a la lucha de mantener un sentimiento profundo, donde el abismo de la incomunicación hace acto de presencia, asocias la felicidad con un “sólo quiero vivir en paz”… privándote de conocer el amor desde la óptica de las cosas sencillas de la vida, donde a través de los gestos, las miradas las sonrisas y los silencios se halla…
A veces, una nube llamada temor se posa sobre tu cabeza, haciéndote creer, lo que el orgullo y el desamor defiende como condición en la conducta humana…
Mi querido niño, nadie tiene la capacidad de infravalorarnos o desplazarnos a un lugar menos importante…somos nosotros los únicos artífice de ese sentimiento y actitud…
Te invito a la habitación amarilla. Esa que está llena de luz, sueños y esperanzas, donde la quimera pierde su significado para convertir en realidad los deseos, el dolor no se conoce y las segundas oportunidades se regalan…
Viaja a ese rincón de tu memoria, refúgiate y ama todo aquello que te ha sido otorgado con amor, generosidad y entrega. Recuerda lo valioso que eres y afortunado por poseer el don de la sensibilidad y la belleza…
Aunque ya soy algo mayor, es mi niña interior la que impulsivamente pide protagonismo al escribir esta carta. Un sentimiento guardado en el cajón de los secretos no confesados, se filtra inesperadamente dando forma por medio de la palabra escrita, a una vieja y amiga quimera...
Hoy sentada en el suelo de mi vestidor mientras organizaba mi ropa, hallé en un rincón del armario una vieja caja de cartón forrada con un brillante papel cuyos dibujos atrapaba mi atencion; pequeñas cerezas y grande hojas verdes arrancaban aquellas sonrisas olvidadas…
En esa cajita, guardé la ropita de mi hija durante mi embarazo; sueños e ilusiones que no coincidieron en el tiempo con la realidad, sin embargo, cada día doy gracias a Dios y creo que tal vez y digo solo tal vez, llegue el tiempo de la recolección de buenas acciones y del reconocimiento de aquello que amas y compartes…
Cuando tenía siete años, adquirí una caja de madera que había sido utilizada como botellero en una tienda de ultramarinos de mi barrio. Un día, tras mi insistencia, mi madre se la pidió a la señora que despachaba en aquel austero negocio familiar de comestibles.
¡Aún recuerdo la escena de aquel inmemorable momento!, mi progenitora negociaba la concesión de la vieja caja de madera abandonada en una esquina repleta de botellas vacías y polvorientas. Metí mis pequeñas manos en el bolsillo del babi del colegio y, escondida tras mi madre, mis diminutos deditos tiraban de los hilos sueltos que sobresalían de la costura. El nerviosismo ante la imposibilidad de conseguir aquella caja aumentaba por momentos; el valor que representaba para mi, ¡era incalculable!..., ese objeto simbolizaba un cofre de tesoros, y dentro ¡pretendía guardar los míos!…
Sabia del poder de convicción de mi madre, pero el carácter tosco de la señora María era muy popular en el vecindario, así qué, ¡no las tenía todas conmigo!; tras unos minutos de intercambio comercial, mi madre se dio la vuelta y me sonrió, ello significaba que..., ¡ lo habíamos conseguido!...
De camino de casa no podía apartar mis ojos de mamá, ella sujetaba aquella mala copia de un baúl de tesoros, con el mimo que se sostiene una delicada pieza de porcelana. Ella siempre supo de aquellas cuestiones que verdaderamente me importaban…
Pinte la caja de color rosa. Un color que simbolizaba el amor que empezaba a despertar dentro de mí. Lo llene con dibujos de aquellas cosas que en el futuro, representarían “una buena vida…” también, trozos de telas de mi mejor vestido de los domingo, un zapato de cuando era bebé, un reloj de plástico adquirido en una tómbola en las fiesta de mi barrio, símbolo del tiempo estático que describía mi infancia, la foto de mi abuela materna, que me llevaba a una evocación de dulces nanas, y al deleite visual de su franca sonrisa en complicidad con una limpia mirada que hacía que mis nubes grises desaparecieran solo con mirarla… así era la abuela Agueda…
Cada víspera de noche buena, escribía en una hoja de cuadros muy grandes mis peticiones, pero no siempre llegaron todas. Mi madre me consolaba argumentándome que habían muchos niños, y tú, ¡estaba sólo para todo el planeta!, pero mi mente infante no entendia que siendo mágico, pudieras retrasarte con mis peticiones... pero intuía que no los olvidarías y en cuanto pudieras, me los harías llegar. Solo tenía que trabajarme la paciencia y la confianza.
Mi querido espíritu de la Navidad. Aun sigo esperando mis regalos…
No solo la salud, el dinero y el amor, son los presentes más preciados por los mortales, algunos se llevan en el corazón y conforman toda una vida…
Recuerdo que en noches como ésta, cuando todos dormían, yo miraba tras el cristal de la ventana de mi habitación. Mis ojos de niña asustada y crédula sorteaban las hojas del ficus que me impedía ver el cielo, así qué, con cierta destreza, aprendí a buscar el punto exacto que entre rama y rama no me restaba visibilidad para buscarte entre las estrellas de la noche…
Te pedí amigos de verdad, amor incondicional, ese que no juzga, el que te coge la mano y te recibe con una sonrisa… el que acaricia el alma cuando estas triste y seca tus lagrimas cuando hay dolor y soledad en tu mirada...
Te pedí una familia grande de espíritu, con convicciones solidas y creencias reales…más comunicación, menos temor, mas respeto, menos obstáculos…
En P.D: ¡importante! no olvidar una hermana… nunca llego, y siempre la he buscado entre mis amigas, pero sigue retrasándose…
Hoy cambiaria todas mis peticiones, por otras nuevas…
La quimera de una segunda oportunidad con mi madre, un imposible perdido en los vagones vacios del tiempo. La mujer que hoy soy, que tomó como referente su recuerdo cargado de amor, alegría y ternura. Sortea la probabilidad de que en ese otro plano en el que se encuentra, se sienta orgullosa de mi.
Se fue. Demasiado pronto para dar ese beso en la mejilla el día de una graduación tardía, el abrazo y la emoción de colocarme un velo que hoy, duerme en la gaveta de una ilusión rota…
Y, que tal más tiempo para materializar esos deseos pendientes en una bandeja de salida. Mas comprensión para entender a los que no hablan mi mismo lenguaje emocional, mas herramientas para llegar a aquellos que cierran su corazón, creando una coraza donde el calor de una mirada y unas palabras son correspondidos con dardos envenedados de indiferencia y crueldad …
Enséñame a perdonar lo imperdonable, a olvidar los episodios que me arrancan lágrimas de dolor al recordarla, con titulares de abandono y a despedirme de la intolerancia compañera fiel de muchas vidas…
Si la fe es creer sin buscar respuestas, hoy te pido respuestas para la niña que ha esperado el tiempo que hoy pinta sus canas, que sigue sentada en el borde de la esperanza, y, cada 23 de diciembre, sigue mirando al cielo por la ventana de los sueños esperando sea respondida su carta de peticiones …