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jueves, 26 de junio de 2014

"Acompañados por una vieja rockola..."

Acompañados por una vieja rockola, pusimos banda sonora a nuestros besos..


… Siempre que podían, se buscaban en el mismo lugar y a la misma hora. ¡Siempre ese hormigueo  en el estómago!¡Millones! de mariposas corrían tras las agujas del reloj para perderse en él, entre sus brazos…

 
No quería mirar para detrás. Sin preguntas, se entregaba  a una aventura que le ponía alas a su imaginación anquilosada por la monotonía de su vida conyugal. Que corto les resultaba el tiempo…

 
En la tregua de esos día entre realidad y oportunidad, entregaron en fragmentos de momentos ese amor extraño que atravesaba lo rutinario dejando escapar lentamente deseos en trocitos de papel cuyo destino, aguardaba en los bolsillos de la chaqueta de aquel hombre. Él, para ella, resultó un refugio temporal donde calmar los síntomas de la costumbre de una elección. Aquellos pedazos escritos, tenían la misión de acompañar a ese cómplice enamorado de regreso a su hogar; el perfume femenino impregnó sus bordes escoltando una atracción secreta con palabras que dormirían en un lugar frío y solitario. Allí, en su otra morada.
 
De regreso a casa, su delicado y casi silencioso taconeo musitaba en el suelo empedrado la canción que sonaba en una vieja rockola. Como la protagonista de esa melodía, cuidaba una aventura con fecha en el calendario. Sus pensamientos evocaban junto a una pícara sonrisa, numerosos trocitos de papel cuyas aristas rasgadas, flanqueaban los trazos de un frenesí que embargaba su presente, casi todos sus pensamientos. Imaginarle era una locura, de esas que se hacen realidad a la vuelta de una calle con frases inmortalizadas en citas que tanto y tan bien les hacían en las esquinas prohibidas donde se amaban…
 
Hoy, cuando abrió sus ojos,  deseó encontrar su sonrisa cerca, muy cerca de ella…

 
Esther Mendoza.
 
 

lunes, 2 de septiembre de 2013

"FRAGMENTOS DE UNA PASIÓN…"

"...Una vez que te entregas a el,... estas condenado a seguirlo.., eso es el tango...."

Esbozó una sonrisa al venirle a la mente parte de un diálogo literario del siglo 19 en Tess d’ Urderville. (Thomas Hurdy) donde decía:

 ¿Por qué no me dijiste que los hombres son peligrosos?, ¿Por qué no me lo advertiste?

Las mujeres saben de lo que tienen que protegerse, al leer novelas que le cuentan cómo hacerlo…

Fragmentos de una pasión...

(…)   Poco a poco, se unió a aquel amasijo humano copartícipe de una multitud atraída por la embriagadora escena nocturna. El olor de los jazmines, cipreses, fragancias de la noche, se mezclaban con su nerviosismo aumentando su curiosidad. Se sentía libre, ¡autónoma!, decidida a descubrir registros de su persona lejos de las miradas de aquellos que creían conocerla mejor que ella misma.

¡Ni en sus más absurdas fantasías!, se había imaginado bailando un tango en su condición de novata. Para cuando quiso reaccionar, fue demasiado tarde. Aquel extraño ya se había pegado a ella.., muy despacio…, seguro del arte que dominaba. ¡La sangre le bombeaba con tanta fuerza! que temía desmayarse... No podía  apartar su mirada, ...y, en treinta segundos, se entregó a una danza que les unió traspasando la delgada línea del pudor que su naturaleza de mujer conocía... 

... La estrechó entre sus brazo en el más puro estilo arrabal. Deslizándola por la pista, y, ajeno al papel que asumiría ante ella, aniquiló a golpe de sensaciones su rol de mujer recatada. 
... Entonces, se preguntó así misma: ¿Qué función ocupaban ahora sus absurdos estereotipos que de niña le inculcaron?...

El perfume varonil, era una mezcla de aromas increíblemente sensuales capaz de elevar su imaginación, al cubo de la coherencia, cayendo esta en picado al perder posiciones ante su recién estrena licencia para sentir...

Subyugada por el momento, sus pupilas no se desviaban de ese punto de encuentro, con las de su compañero de baile, sumando a la inesperada escena, una leve mueca. Burda imitación de una sonrisa responsable y coautora, de una muda presentación donde dos personas parecían haber anclado después de un largo viaje…

El roce de sus mejillas respondió vehementemente en la atracción de aquellos cuerpos, sin medida, ni sensatez alguna..,

Observador de una pasión encorsetada que pedía a gritos que la liberasen, su voluntad quedó prendada de las curvas que delimitaban la admiración y el fervor por aquella intrusa, qué, sin saberlo, se colo por las fisuras de su hermético equilibrio...

Cada centímetro de su anatomía fémina ¡suplicaba! parar el tiempo con una petición a cadena perpétua para las manecillas del reloj qué, les recordaba, el final de una inesperada entrega en aquel tango de Gardel en “el día que me quieras.”…. 

Presa de una emoción hasta ahora desconocida, se sintió acogida en el hogar más hermoso que hubiera podido poseer..."él..."

… Siempre interpretó el destino como esa “película” que les sucedía a los demás. Las posibles señales que la vida le mostró, las entendió como espejismos de un corazón sediento de sentimientos, aptos exclusivamente para el escaparate en el que perpetuamente se hallaba…

Los encuentros fugaces estaban diseñados para otros mortales, al menos, eso es lo que aprendió en sus más de tres décadas. Los amarillentos fotogramas utópicos que secretamente albergaba, los visualizaba desde un silencioso y apartado patio de butacas.

(…),…Algo le decía que debía subirse a aquel vagón que paraba ante ella, sin etiquetas, aunque los daños colaterales durasen toda una vida, o, el tiempo, que dura una caja de pañuelos debiendo finiquitar el sufrimiento con el último de ellos…

En todo caso, siempre queda la posibilidad de un final Hollywoodense.- se dijo en un segundo de permisiva ironía.-

¿Dónde estuvo todo este tiempo?.-- pensó en un segundo de claridad cuando estaba perdida entre su pecho, cerca de sus labios…una tentación a la que no estaba dispuesta a renunciar…


Esther Mendoza.