“Donde habitan los silencios”
Un lugar para refugiarse del mundanal ruido, colocando entre renglones, los tan valiosos silencios, necesarios éstos para narrar historias...
La
belleza de un alma noble se asoma en su dulce mirada, en la generosidad de sus
actos y en su insustituible presencia...
ANAIS…
Hace veintidós años que nos miramos por vez primera. Una cita a
ciegas entre madre e hija, desvelaría ¡por fin!, las ansiadas emociones que
despertarían nuestros roles; desconocíamos tal sentimiento hasta el preciso momento de mirarnos...
He de decir que cuando
me la pusieron sobre mi tripa ninguna de las dos reaccionamos. Unos enormes
ojos azules escudriñaban con su mirada la mía. Ni una lagrima cayo por mi
rostro hasta que la enfermera llegó y la aparto de mí, desde entonces, corroboré
que era el regalo más preciado que la vida me podría ofrecer…
Con tan solo tres
añitos mientras ambas tomábamos un baño de espuma oyendo de fondo un bolero de
los Panchos, tras unos segundos de semblante pensativo, reaccionó y me dijo:
…Mamita, yo aprendí el día
el que te conocí…
…. ¿Qué aprendiste
hija?-. Pregunté sorprendida por tal razonamiento con tan corta edad
… Todo…, y a quererte
también...
Recuerdo que la
estreché entre mis brazos llenos de espumas y agridulce felicidad; le dije que la vida nos iba a
obligar a entendernos, a enfadarnos, pero nunca, a conocer el abandono de la
una para con la otra, pero sobre todo, a conocer el valor que tiene el amor entre
madres e hijas.
A veces, me olvido de
lo afortunada que soy siendo su madre porque los ruidos externos me llevan a dedicarle un infructífero tiempo a aquello
que me arrebataron bajo el palio de la confianza ciega, la aparente tranquilidad. Entonces, llega ella y coge mis manos al
tiempo que acaricia con sus hermosos ojos mi instante atormentado y me repite lo
afortunada que somos por tenernos la una a la otra…
… Así es ella, Anaïs, fuerte
como un huracán, flexible como un junco que se dobla pero, ¡jamás!, se rompe, sin
embargo, al mismo tiempo es frágil como el pétalo de una rosa cuya
aterciopelada alma en algunas oportunidades sufre algún rasguño por las durezas
de los obstáculos que le ha tocado salvar desde tan temprana edad, ella, aún no es consciente de que esas pruebas la convertirán en la persona que está destinada a ser, mágica y buena.
En otras situaciones, como un ave
herida busca refugio entre unos brazos seguros y fieles que no teman exponer su corazón al
recordarle su auténtica belleza.
Una belleza ubicada en
la generosidad de su espíritu me recuerda la gran mujer que es.
Te quiere
Mamá.
Y, desplegando sus alas alzo el vuelo y el firmamento la acogió con su hermosa
luz danzando como a ella le gusta, de puntillas…
El tiempo es un testigo que nos recuerda la brevedad de lo que realmente importa.
…En la antesala de mi
inminente cumple, me viene a la memoria mi once cumpleaños. Por aquel entonces
y frente a una tarta de nata y café hecha con galletas María, - ¿quién no las
recuerda?, aún gobiernan un lugar privilegiado en los estantes de cualquier
supermercado-, mi madre buscaba mi mirada esperando encontrar una sonrisa de complicidad
en su acertada elección con la base en la que pondría dos números uno. Me
sentía obnubilada por aquella mesa sencilla; encabezada con la vajilla más
repetida de la época, una duralex de
color marrón que tanto me gustaba, llenaba de color el fondo del mantel color
vainilla. Pero, lo más especial de mi día y causa del insomnio de la noche
anterior, sin lugar a dudas era descubrir el trono con que cada año mi madre me
sorprendía.
Durante más de cinco
generaciones en mi familia materna a las niñas en su onomástica se les engalanaban
su silla con flores naturales. Mi progenitora, que tan bien conocía las flores que
me gustaban, las elegía con tiempo de antelación y en un perfecto orden y gama
de colores, vestía mi puesto en la mesa para resaltar en el calendario la
importancia de ese día diez de septiembre…
Mi vestido de cuello
bebé combinaba perfectamente con las margaritas y rosas blancas de aquellos
ramos recién cortados. Una pequeña y discreta tiara de mi tía abuela, reposaba
sobre mi cabeza entre dos coletas rebeldes que nunca tenían la forma que yo
deseaba. Las pequeñas rosas de plata envejecida por el tiempo de aquella
diadema, terminaron siendo durante años, la joya más preciada que podía lucir.
Y, aunque han pasado algunas décadas desde aquel entonces, mi
silla privada de pétalos blancos y tímidas margaritas, aun reina en un rincón rodeada
de millones de instantáneas almacenadas en mi memoria y en la casa que me vio
crecer.
Mi madre, tías y abuela
cuyo cometido entre otros era recordarme la mujer que estaba destinadas a ser,
hoy no están. Cada día y en especial mis cumpleaños, recuerdo como se ponían a
mi alrededor halagando lo que ellas llamaban mis dones al tiempo que me recordaban, aquello que siendo menos
afortunado, debía mejorar….
Todas y cada una de
esas maravillosas mujeres conformaran esos lazos invisible que me recordaran
siempre lo afortunada que he sido por nacer y crecer entre ellas; féminas que
supieron hacerse así misma desde la creencia de una identidad, la de ser mujer
por encima de todo.
A mi madre y a cuantas
mujeres me han vestido de experiencias, gracias…
Anaïs, mi hija. Nuestra vida está llena de miradas cómplices e incondicionalidad...
…. Cada año al llegar
estas fechas, le escribo un texto público a mi hija. A la vez, lo comparto con
todos ustedes. A los que me leen, me siguen y en consecuencia se pierden entre
mis renglones, quiero que briden junto conmigo, por ella… por Anaïs. Un ángel con sus luces y sombras que
vino a vivir su experiencia eligiéndome como progenitora. Entre los renglones de una pasión
qué, en ocasiones, me despierta en la noche y me lleva a plasmar el motivo que me
saca de los brazos de Morfeo, en este caso, me vuelvo a perder entre las
palabras que se quedan cortas cuando se trata de hablar sobre aquellas personas
que amo…
Hace veintiún años nació
mi hija. Pocos aún para ella, mientras que para mí, resulta una carrera de
fondo que amenaza con ser más breve de lo que desearías, un sentimiento nacido
de la osadía de querer ser “casi eterna en mi función de madre inmortal”, ¡que ironía!... Reconocer que el tiempo se alarga
para ella y en mi rol asumir la brevedad de los capítulos de una vida,
me lleva a la reflexión de la mano de la conclusión que habla de lo efímero de las alegrías, la invasión de las inoportunas tristezas que se cuelan por las rendijas de lo cotidiano y los escasos fragmentos de
generosidad que somos capaces de reconocer. Todo ello, me reconduce a tomar consciencia de los obsequio que me sorprenden cuando lo das todo por perdido y llegan por vías paralelas con créditos que
llevan una fecha en el calendario y, a la vez, muestra un letrero luminoso, al comienzo de cada amanecer advirtiéndome de no desviar mi atención sobre el valor de las cosa simples. No ignoremos el significado de los
momentos, son contados y como volutas de oportunidades se evaporan en el aire. Una perfecta máscaras de instantáneas que se guardan en la memoria al lado de
nuestra vanidad al creer que ese mismo tiempo, no nos alcanzará, sin embargo,
espero llegar a cumplir muchos años y seguir sintiendo la bendición de haber
sido su madre.
Ella ilumina una gran
parte de mi camino, pone bálsamo a mis tristezas, y sin proponérselo, saca a la
niña que llevo dentro para pasearla de su mano en nuestros escasos, comparado
con el deseo de multiplicarlos, paseos y tiempo compartido.
Su belleza habita en su
alma. Inevitablemente aflora en su mirada y en millones de gestos que parecen
invisibles, pero están, silenciosos como sus pasos cuando adivina que una nube
gris se ha posado sobre mi cabeza y entonces, se dirige al piano y toca aquella
pieza que me obliga a sonreír y a mover mis pies en dirección a los suyos… y,
es cuando nuestros hombros se buscan… Ser y permanecer, es una danza nacida del compromiso del amor absoluto...
Es de suponer que todas
la madres y padres nos sentimos orgullosos de nuestros hij@s, y no por ello,
dejamos de reconocer aquellos puntos en los que adolecen.Podría enumerar una larga lista de virtudes
de Anaïs y ala vez, comprobar como los
inevitables defectos que vienen en la mochila de cada uno, en su caso, se
desdibujan al ocupar mayor protagonismo en la balanza sus buenas acciones. Mi
vida a su lado, está llena de miradas cómplices y traviesas sonrisas…
Mi querida niña,
gracias por ser parte de mis alegrías, estar entre los nubarrones como un paraguas
que mitiga la fuerza de una pesada lluvia que cae y empapa hasta lugares recónditos del corazón y por permanecer en las trincheras de
una guerra que no es tuya, pero que forma parte del aprendizaje que te ha tocado…
Esther Mendoza.
" Contigo aprendí, su bolero favorito que desde niña canturreaba y, aún, me canta."
Hoy, en este espacio
virtual, quiero compartir con todos ustedes un trocito de mi vida; parte del
puzle de mi infancia. Tal vez, el motivo de hacerlo, parte de una larga charla
con una buena amiga que llegó a dudar de su propia luz…
Cuando era pequeña, no
superaba los doce o trece años, solía llegar a casa algo triste, con un ánimo alicaído…,
No todo lo que sucedía a mí alrededor, era capaz de comprenderlo. Las madres,
son esas “señoras sabias” que tienen soluciones para todo. Ellas, nos ponen
paños calientes ¡donde parece que nunca habrá cura!..., y, sus palabras…, dan
respuesta a aquellas cuestiones no fáciles de despejar, cuando se es tan joven.
Un día, de regreso del
colegio y algo entrada la noche, le pregunté el porqué, las niñas se
enfrentaban y a la vez rivalizaban con aquellas cosas que yo entendía como
innatas y naturales propias de cada una. Siempre una reacción molesta por parte de ellas, terminaba en agridulces enfrentamientos. Yo
pensaba, que aquellas cualidades, habilidades o torpezas, venían en tu paquete
personal y eran intransferible, algo así
,como el nombre y apellido de cada una de nosotr@s.
Mi progenitora, después
de escuchar tantas veces esa queja que no me llevaba a ningún lugar, decidió
reconfortarme con un ejemplo que aniquilara ¡de una buena vez!, mi confusión
tan reiterativa. Nos dirigimos hacia el balcón y me dijo:
Observa
el cielo. ¿Que ves?
Estrellas…
¿Algunas
de ellas, están tan juntas que resulta difícil diferenciarla de la que tiene a
su lado?
No….
Todas, tienen su margen de separación…
Pues recuerda que cada una de ellas, tienen un
cometido. Todas brillan, y se sienten cómodas en ese espacio. Saben sin
necesidad de justificarse ante las otras, que tienen una misión, por lo tanto,
el enfrentamiento no existe dado que cada una cumple un objetivo. Si realmente
sabes quién eres, ningún ruido alrededor te hará dudar de tu lugar en el mundo…
A mi madre, por dejarme
el único legado que merece la pena conservar. El respeto por aquello que somos y las
herramientas para encerrar a la siempre inoportuna "duda"…
Un ángel en el cielo se preguntaba si debía, o no venir
a la tierra. Le asustaba dicha aventura, pues, siendo tan pequeño y débil,
¿cómo se protegería?. Aún y con todo, siguió adelante; una voz interna le decía
que alguien con mucha luz le esperaba desde hacía muchas estaciones…
Y, ¿cómo la distinguiré?, se preguntó; supuso que allí
abajo, esas estrellas brillantes que los niñ@s llaman mamá, le marcaría una
ruta, o ¿se convertiría en un puente entre mi paraíso y su mundo?
Mira qué aquí he aprendido mucho sobre el libre albedrío, a
escuchar eso que ahí, en la tierra, llaman intuición. …
Mi confianza presagia buenos augurios para mi destino. ...No me equivocaré…
A medida que me alejo de mi morada, el temor a
lo desconocido se dibuja en mis pupilas. ¿Eso que llaman vulnerabilidad se
adueñará de mi?...,
….¡ Vale!, de acuerdo, haré caso de mi guía…dice que me espera
y será perfecta para mí, y, yo,…, perfecto para ella…¡será amor a primera vista!.
Seguiré a mi instinto. En mi firmamento los querubines
somos mágicos y, nuestra inocencia, está bendecida por el acierto. …. Mejor
cierro mis ojitos y en una respiración profunda me lanzo a los brazos de ese
gran astro, mi madre…
Y…, después de nueve meses de ser el más dulce ocupa
en su vientre, ¡pasé el túnel!, eso sí..., no, cuando dijeron que debía
venir, más bien, cuando lo decidió mi precoz testarudez…
En nuestra indisoluble relación, los latidos de su
corazón me decían:“te espero
con todo el amor que puedo albergar en mí ser, pequeño Samuel”. Mas, en un
estado de olvido, le pregunté qué protagonismo tendría en mi vida, ¿quién era?…
¿Qué quién soy?, soy la persona que ha quedado presa
de tu esencia y bella alma. ¡Te he soñado siempre!, quizás, en tu cielo
pactamos este rol y aventura de ser tu mamá y tu mi pequeño; ¡se nos dará
bien!.., tenemos mucho tiempo para conocernos… ¡Ambos somos primerizos!, tú
como hijo, y, nosotros como papás. Haremos muchas concesiones que nos
convertirán en una hermosa familia.
Seguramente bailaremos en los pasillos más de una
canción en las madrugadas cuando te empeñes en no dormir, entonces,
multiplicaré mi paciencia para acunarte en mi regazo.
El amor es eterno e intocable, por eso elegí a un
padre a tu altura. Él me ha dado la llave que abrió este infinito amor que
derramamos sobre ti, y, hoy, el Universo nos ha bendecido con tu presencia, “los
tres seremos intocables y eternos”.
Soy el primer rostro que has visto al nacer, la
primera que besó tus manos, quien te ofreció el primer arrullo, y la que te
contará historias que te hagan dormir. Cuidaré de tus pasos, secaré tus
lágrimas, recogeré tus trozos rotos y te enseñare con ellos a construir nuevos
comienzos, grandes sueños, fortalezas de esperanzas y caminos sólidos que te
recuerden el gran hombre que serás…
¿Qué quién soy?..., seré esa estrella que cantará y
sonreirá siempre para ti…
Tu mamá…
"Cuando el amor tiene un nombre, mi labios sonríen al pronunciarlo.."
“Aun me quedan fuerzas para
abrazarte, para escucharte y acompañarte…”
Sé lo importante que soy para ti,
cada día me lo recuerdas. Cuando necesitas mi apoyo, buscas mi hombro, y, tras
un suspiro largo, compartes tus preocupaciones y alegrías. Me convertí en tu
cómplice de sueños. Participo de tu revoloteo cual cometa en dirección a ellos
y, aquí abajo, sujeto la cuerda sugiriéndote que por mucho que alces el vuelo,
nunca olvides las razones que lo propiciaron…
Hay un lazo que nos unirá siempre;
ese invisible que nos ata sin dependencia, desde la libertad que nace del amor
incondicional entre madre e hija.
“Y me das toda la ternura con tu
presencia…”
Mi querida hija, hoy ojeaba el álbum
de fotos del día de tu nacimiento. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, y,
aunque han pasado ya veinte años, no son lejanos los sentimientos que afloran
al rememorar ese momento… ¡un tiempo que se me ha pasado en un abrir y cerrar
de ojos!, sin embargo, cuanto encierran estos años, pocos en el calendario de
tu vida y muchos, y, gratificantes, en el mío como madre.
Realizaste en más grande anhelo de
mis entrañas; ser mamá, y, crecer a tu lado con las vicisitudes que conlleva
ambos roles. He tratado de inculcarte valores que te dignifiquen, ¡no aquellos
que los demás esperan de ti, sino tú autenticidad mostrada al mundo, tal cual
eres, con coraje, valentía e integridad...
Doy gracias por los pasos que
continuamos dando juntas, por las risas que compartimos, por el cambio de rol
en algunas ocasiones cuando te empeñas en sobreprotegerme como si de una niña
se tratara. Tengo que agradecerte tu bella y luminosa sonrisa cuando me falta
para mi, sumándole a tus innumerables gestos, el pintarme un arco iris en el
rostros con ilusiones cuando llegan esas mañanas difíciles en que cuesta
moverse y poner en práctica la fe…
Sé que tienes derecho a caer y a
levantarte tantas veces apueste por la conquista de un sueño, y, ahí, estaré
con los brazos extendidos recordándote que las caídas te hacen más fuerte y más
valiosa si eres capaz de remontarlas con nobleza y fortaleza; todo ello te
llevará a perfeccionar a la gran mujer que ya eres… …
Aun sigo aquí, cerca de ti, pensando
en las formulas correctas para aportar vivencias a tu historia y granitos a tu
felicidad.
Hoy paseábamos por la calle fría y
triste. Las noticias venían cargadas con nubarrones de desesperanzas, pero,
traté de arrancarte esa carcajada ruidosa y juvenil que siempre tienes para mí.
Todos los cambios asustan. Son viajes
cuyo equipaje debe ser ligero; hay que tener hueco para llenarla de voluntad,
confianza y aprendizaje; Sintiéndola como las pruebas de aquello que nos ocurre
en la vida como consecuencia de nuestra participación en ella.
Esfuérzate por no perder tu esencia,
potencia tu dulzura ofreciéndola a borbotones cual don te ha sido asignado; con
ella, curarás las almas enfermas de rencor y desamor… y, cuando una espina te
lastime, piensa cuanto sufre lo hermoso creyendo que no lo es. En ocasiones
algunos seres se comportan como espinas, y no son capaces de ver lo grande que
alberga en su corazón por muy recóndito que se halle…
Dicen que las almas eligen desde el
cielo a sus padres, gracias por elegirme como madre. Eres una gran maestra en
mi vida y una bendición.
“Se noble, justa y equitativa. No
juzgues, solo observa la coherencia humana entre sus palabras y acciones sin
que te dañe… ”
“Juntemos el perfume de las flores, el arrullo de las alas, la firmeza de una montaña, la quietud del rio, la frescura de los valles, las miradas de las estrellas, la caricia de una brisa, el beso guardado por Dios en un corazón de mujer, eso, es una MADRE…”
Carta a una madre...
Después de mucho tiempo, me siento a escribir aquellos párrafos que quedaron a medias ...
Sentada en el borde del abismo de mis pensamientos, evoco instantes custodiados en un rincón de mi memoria. Me cuesta recordar en qué momento de nuestra historia nos perdimos como madre e hija; de esa inevitable distancia que surge como consecuencia de una ausencia y lugar para los afectos; restándole su protagonismo por falta de tiempo o por sobreentender que todo queda dicho…
Tal vez, los términos no sean estos y tan sólo sea el acomodo de los seres humanos al dar por sentado que el amor, siempre está ahí y no necesita ser sacudido del polvo de la comodidad de las palabras...
Sobre el piano, observo esa fotografía, marco y tarjeta de presentación de una fina estampa familiar. Algunas imágenes pasean por mi mente reviviendo situaciones de enfados y alegrías, que tal vez en otra situación, tendría otro significado para mí; Icono afín que me envuelve en melancolía.
Sentires no expresados que secuestraron la voluntad de acercarme, impidiendo que conocieras aquello que fue causa de alegrías y tristezas, sin embargo, el temor tuvo más fuerza. La soledad y el abandono propio del entorno y mis sentimientos de niña, prevalecieron por encima de mis deseos cerrando mi boca, ahogando mis emociones y asfixiando mis palabras.
Expresar afectos, iba en contraposición a la comprensión y herirte, jamás formó parte de mi necesidad de ser escuchada con un todo vale. No entró nunca en mis planes arrancarte lágrimas nacidas de mi rebeldía, que pataleaba ante una demanda del propio corazón y dificil de entender a veces. La juventud, nos refleja en espejos donde las fronteras y los límites no tienen fin.
Ví, como te dividías para llegar a todas partes al mismo tiempo, olvidándote de ti y disimulando el cansancio dibujado en tu rostro con una amplia y tranquilizadora sonrisa.
La educación de esa época basada en los miedos y tabúes, engendraron hijos sumisos donde la obediencia sin contemplación, era la máxima de una prole bien educada. Nosotros, mis hermanos y yo, nos consideramos unos privilegiados por vuestra mentaliad abierta e igualitaria a la hora de formarnos.
Madre, sé que me amaste. Tal vez, nuestro cometido no fue el de amigas confidentes, aunque en ocasiones tu debilidad de mujer hizo que me vieras de igual a igual, descansando esas confidencias sobre el tapete de la mesa que nos separaba. Guardo como un preciado tesoro todo aquello que me transmitiste, palabras, gestos y acciones tímidas que salían a pasear en los momentos de tu debilidad humana.
Creía que sabía todo de ti; no te expusiste a la ambigüedad de los otros. Tu mente pragmática y necesidad de controlar el entorno como consecuencia del rol de madre, me hizo valorar y prestar más atención a tu condescendencia de “mamá y mujer”. Nadie, te enseño que arriesgar y equivocarse en algunos momentos, son dos caras de la misma moneda. Sin embargo, conocí la identidad de tu alma al ejemplarizar en actitudes, la aceptación de lo que te tocó aprender…
Revivo escenas de mi infancia. Tu voz alegre y cantarina despertándonos por las mañanas, acompañando las tragedias de los boleros de Machín ó los Panchos con su “reloj no marques las horas…”, también, tu sonora carcajada corriendo por el pasillo tras cuatro niños con zapatilla en mano después, de haberles descubierto en alguna travesura... Inolvidable la hora de la merienda; mis papilas gustativas al viajar en el tiempo, se pierden entre las galletas María y el chocolate caliente en el tazón personalizado que teníamos (la niña, el pequeñín, el rebelde y el gruñón)…
El broche de oro al recapitular la película de mi vida, se lo lleva las anheladas noches, calificadas éstas, como “lo mejor de aquellos días” Todos juntos como polluelos nos refugiábamos buscando el calor en tu cama y embelesados, escuchábamos aquellas “historias de viejos” que nos desvelaban, en vez de adormecernos debido a su alto contenido en suspense.., pero siempre, terminabas con ese cuento donde ¡todos eran buenos!... y los finales no se comían a las perdices…
Madre, evoco de mi padre, sus notas manuscritas en un papel cuidadosamente elegido, con una carga sentimental que fomentó en mí, el amor romántico... Cada día en los rincones de la casa, había algunas misivas recordándote lo que te amaba. Mensajes en una bandeja que vestían junto a la flor, el café que despertaba tus mañanas. Te cuidó como a la niña de sus ojos, amándote como se amaba a sí mismo sin diferenciar las almas, pues los dos, formasteis una…
Sería fácil buscar en un nicho esa parte de ti que yace de la materia; pero no te reconozco ahí, te siento cerca, presente, en mi... Enviar al cielo esta carta seria una utopía; hay huelga de mensajeros; parece que están todos aquí abajo tratando de arreglar algunos principios de piedra de muchos, donde la tolerancia y el respeto brillan por su ausencia. Mucho trabajo para los ángeles... En ocasiones, junto a la semilla del amor crece la del desprecio, desencadenando que hombres y mujeres empuñen la espada de Damocles.
Me perdí en el tiempo al confiar que era inmune al sentimiento de tu perdida, no me preparé para ello.
Mi timidez de niña, me convirtió con los años en la mujer introvertida que se privó de los actos únicos que sólo, pueden existir entre madres e hijas.
Hoy, te busco en algunos rincones de mi existencia. Te recuerdo en mis momentos de soledad elegida pidiéndote en una humilde plegaria, que no te alejes mucho y cual ángel protector, me sigas cuidando como en mi niñez, librándome de toda fuente de peligro. Cuando el sufrimiento nos sorprendía, nos enseñaste a ser buenos alumn@s, aceptando la adversidad para comprender rápidamente la lección y avanzar en este viaje llamado vida…
¡Un año más!. Mi pequeña gran mujer cumple 19!! La vida hoy te hace el mejor regalo, reescribir tu historia, no sólo en el día de tu cumpleaños sino todos los días de tu vida.
Han sido 365 días cargado de pruebas, de obstáculos que parecían insalvables, que cómo gigantes amenazaban en ocasiones con aplastar todo aquello que tuviese delante y cuan pequeña te sentías frente a ellos, sin embargo, el amor por ti misma y la fe, ese sentimiento que nace de la soledad, te ha hecho más fuerte, generosa y valerosa. Los arrepentimientos y los errores son producto de la memoria, ¿quien abría sabido cuan agridulce sabría el aprendizaje?…
Hace 19 años nos presentaron y aún conservo en mi memoria ese caudal de emociones y temor de no ser lo suficientemente buena madre para ti, pero has sido una gran maestra y en ocasiones, me lo has puesto muy difícil; convirtiendo en hermosas mariposas aquellas orugas feas e incordiosas.
Me encanta cuando pones esa cara al sonreir porque enciendes mi corazón de madre. A veces, veo en ti a una abuelita que me recuerda aquellas cosas que me cuesta creer sobre mí, y tu,cómo un pepito grillo enumeras cada una de ellas con el mismo entusiasmo que el mago de OZ, cuando consolaba a Dorothy en los momentos que se sentía afligida y perdida.
En tu papel de hija, has aprendido a desarrollar el de amiga, hermana y si te dejara (que no es tu cometido), el de esa madre que hace mucho perdí...
¡Sigue haciendo ruido por la casa!, Enfadándote por las pequeñeces que te rodea!, creyendo que hay un mañana mejor, ello, me hace sentirte ¡¡¡viva!!! porque el arco iris de tu mundo lo pintas tú… cada año será especial para ti por la infinidad de cosas que sucederán en tu vida. Obsérvalas. Trata de aprender de todo cuanto te ocurre pues ahí, esta la respuesta de tu papel en esta experiencia terrenal y plan divino creado sólo para ti.
Enumerar nuestras virtudes no nos convierte en mejores personas, sin embargo, corregir lo menos agradable nos hace mas valioso para los otros, y por supuesto para uno mismo. Los actos nos ennoblece y nos ayuda a dormir mejor... ello, no debes olvidarlo nunca princesa.
Las cosas que nunca te dije, se ahogaron en mi garganta…
Aquellas frases llenas de sentimiento que conducía a la duda y al miedo gritando con mil gestos lo que te necesitaba....
En las cosas que nunca te dije, con miradas inocente te imploraba lo nunca expresado con palabras: manifestaciones en abrazos tímidos que buscaban los tuyos, bajo el manto silencioso que embargaba la melancolía de lo anhelado…
Aquellas cosas nunca dichas, viajan hoy en el pasado, cubriendo con lágrimas que redundan en la pena de mi corazón de hija, el día que te fuiste sin la oportunidad de una despedida…
Entendí que Dios sonríe cuando le contamos nuestros planes, pues los suyos, no siempre coinciden con los nuestros…
….En esta rosa símbolo de la pureza de tu alma. De la inocencia oculta en tu mirada, de la fuerza y seguridad de esas manos que una vez cuidaron y amaron con la pasión de sentir la vida bajo tus alas…
… Es una rosa la expresión de todo lo que no te dije… lo que a modo de rezo cada noche te cuento. Éste amor no demostrado en palabras que quedaron atrapadas en mi garganta… esa complicidad entre madre e hija relegado a la espera de lo que nunca volverá…
Mantengo la ilusión que algún día me vendrás a buscar del sueño que asusta…y del que nadie desea abandonar después…
Siempre…. Te amaré viviendo en la ausencia y en el recuerdo…