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miércoles, 18 de septiembre de 2013

"HASTA QUE VUELVAS..."

"En la espera, las horas se adueñan  de la impaciencia, dando riendas suelta a mi imaginación al sentir tus labios, rozando  mi nuca..."

Hay corazones heridos que no quieren sentir las horas cuando observan  la soledad que les acecha. Esos corazones dan crédito a una angustia mezquina que toma posesión de su razón disuadiendo con destreza, una felicidad más que merecida…  

Los recuerdos estancados ¡hay que exterminarlo como a las plagas!. Estos llevan por veredas escabrosas dejando en el camino, la piel de las oportunidades…

Eternidad…

Eso es lo que sucede cuando sus manos se separan después de un beso que acompaña un “hasta mañana mi vida…
Los escalofríos silenciosos, pierden puestos frente a la ilusión y el deseo. Una coyuntura qué, algunas veces, surge de la nada; De esa nada  fruto de una rendición…

…. Y en los momentos…

…. cuando tu coche para frente a su verja, ¡¡ ella corre hacia ti!!  Colándose por la ventanilla del copiloto, ¡acortando los miedos!..., cambiando el significado de la distancia qué,  ya…,  no sientes cuando la miras y le dices:  “ Te amo...” o la despides con un “ ¿¿Te he dicho hoy, que te quiero…??”a lo que responde; "...no, imperdonable..." guardando la mentira piadosa debajo de una espera que endulzará su boca...

…. Con los días…

…. Es temprano. La luz de la mañana se cuela por las rendijas de la persiana. El estor coquetea  con las primeras luces que hacen carantoñas en el rostro… y, ella, se hace la remolona cubriendo con las sábanas su cabeza tratando de huir de los primeros rayos del día…

…. Es cuando abres los ojos, caes en la cuenta de qué el tiempo ha destruido el puente de la espera, ¡ahí!… al otro lado de la cama, te recibe su sonrisa con dos adormilados “ buenos días..”. El del ahora, y aquel que no tuvísteis  mientras ambos, con otras vidas, en lechos distintos dormíais…

Esa mujer cuida de tus flores. Esas que llegaron tarde y nunca antes conociste…  Te llama “su jardinero fiel…” porque has esparcido en su alma la semilla  intima que reconoce el amor maduro, sereno y firme…el que nunca se va de puntillas sin despedirse…

Esbozas una sonrisa y aún somnoliento,  acaricias el instante de sentirla cerca…,
Notas su respiración relajada.Se ha vuelto a dormir. Detienes la mirada en su espalda bien definida al tiempo qué, la yema de tus dedos, dibujan un te quiero en la geofrafía de su piel; blanca y suave como la seda…
Te acercas mientras duerme para abrazarla tatuando tu aliento en los recovecos de una pasión...

…. Tus flores…

Ellas representan el placer de la vida simple. Algo así como…; Preparar una mesa para dos…, una lectura conjunta; relatos que la embelesa atrapándola entre la entonación y la sorpresa que lleva la aventura de tú narración. Consciente de la intriga que despierta la historia, levantas la mirada y sonríes para adentro. Su pequeña silueta está hecha un ovillo en el sofá, ¡expectante!  de saber qué ocurre  en “el puente de los asesinos…”de Arturo Pérez Reverte.

Hoy tus flores se visten de gala para lucirse en, una mirada esquiva que recorre su figura, también, para ese beso sonoro que los labios femeninos depositarán en tú nuca cuando enfrascado en tu opera preferida te sorprenda la tibieza de su boca…, y, como no, en el deleite y frenesí que produce deshacer una cama, la vuestra…,y por último, en la locura excelsa que encierra una suplica que esconde un “¡escápate conmigo…!”

….Te levantas y despacio, al compás de "la forza del destino" de Verdi, te acercas a ella sentándote en el poco espacio que dejan sus piernas en el sofá.Con ternura, apartas el cabello que cubre el lado derecho del rostro y clavando tus pupilas en las suyas le repites por enésima vez…,”lo hermosa que te parece…”

Esther Mendoza.



jueves, 22 de agosto de 2013

"CARÁCTER CONFESIONAL..."

"...y, tú…, piensas en acercarte…"
Ve despacio…


…. Todo en ella irradiaba sensualidad, una sensualidad de la que no fue plenamente consciente hasta ese instante. Tal vez, por esa razón quedó atrapada en quien fue capaz de detenerse a observarla…


Un impulso irrefrenable hizo que él, la llevara hacia la pared que custodiaba aquel camino en penumbras. De fondo, se oía el bullicio de la gente qué, no muy lejos, chocaban sus copas celebrando quien sabe qué motivos con el contenido de un buen vino...


Su hombro izquierdo quedó desnudo, dejando al descubierto uno de sus pechos. Aquel hombre la llevaba a la exploración de un mundo privado, oculto, secreto…


Las manos masculinas se deslizaron por su espalda hasta poseer sus glúteos con fuerza al tiempo que hundía su rostro entre el mentón y su cuello. Embriagado por el perfume impregnado en su piel, hizo que perdiera la noción del tiempo y enloqueciera entre su aliento y deseo… 
  

... Elevó su mirada; ambas se encontraron, y, fue ella quien recorrió con la suya el perímetro  de faz masculino con una pícara sonrisa. Sus dedos desabrochaban los botones de la camisa de él. La pasión aterrizó en la humedad de sus labios, signo delatador de un frenesí que durante años, durmió en los bocetos amarillentos que escondía entre las páginas de literatura inglesa que custodiaba en su mesilla de noche…


Sus cuerpos latían al unísono.  Poseedora de una belleza endiablada que lo trastornaba, acortó la distancia existente entre ambos. El desenfreno hizo que se pegara más al torso del hombre sintiendo su excitación… sus manos anquilosadas por el tiempo de una moral hipócrita, obedecían a la voz grave que suplicaba en su oído, que ejecutase las órdenes que le dictaminaba su desbordada imaginación. Sus extremidades ardían rompiendo aquellas barreras qué, su ya lejana y obsoleta educación, había construido para ella…


Escuchar su respiración entrecortada encendió el fuego del delirio en sus pupilas de mujer, y, cada centímetro de aquellos cuerpos se estremecieron de pasión rompiendo cualquier signo de cordura…

 … Y, entonces, hizo algo que sabía que  le volvería más loco… mordisqueó su labio inferior…, con suavidad…, dejando nuevamente que sus  diminutas y suaves manos, se perdieran entre la geografía del cuerpo varonil…



Esther Mendoza.

 Parte de un texto sacado de “Instantes… mi libro. ("Rompiendo corazas).” 
 

Nunca esperes más de lo que puedas ofrecer…”