domingo, 27 de mayo de 2012

“RETAZOS EN EL DESVÁN DE LA MEMORIA…”

"Los susurros de una vida, quedan atrapados en el baúl de la memoria..."






He subido al altar de mis silencios parte de tu esencia… auné tus hermosas palabras, y, le di forma al sentimiento que en un tiempo pasado formo parte de mi mundo…Gracias por ese breve espacio de tiempo, donde no temiste mostrarme tu alma… Lamento que te hayas perdido en el laberinto del dolor…

La tarde es fría y los grises abundan en las perspectivas del entorno. El azul del cielo parece desvanecerse entre el aleteo de las pocas aves de estos últimos días de septiembre, buscan un hogar temporal donde refugiarse de este desangelado atardecer cargado de ausencias...

La chimenea sigue encendida y, sus llamas, me hipnotiza sugiriéndole a mi fantasía formas y bailes en los que danzarines osados caen y resurgen del magma elevándose con gracia y rapidez...Mi mirada recorre la habitación buscando tu silueta pero, no la encuentro. Todos charlan de forma pausada, sonriendo y disertando. El frio que intuyo fuera, me paraliza los pensamientos, solo quiero permanecer sin participar con mi amigo silencio convirtiéndome así en el más abnegado espectador…


Sigo recorriendo la estancia tocando con mis ojos cada rincón, recreándome en cada uno de esos detalles nimios a los ojos de los contertulios. Una escena enmudece mi garganta e inunda de lágrimas mis ojos; el magnetismo me impide reaccionar y trato de esconder el dolor que asoma en mis pupilas…


Cuanto daría por cambiarme y sentir ese instante, ese fogonazo que atraviesa mis recuerdos lanzándome en el espacio y en el tiempo, vapuleándome y llevándome a apretar mis manos como si en ello, encontrase ese calor perdido…

Aquella figura masculina que mis ojos observaban, alargo su mano buscando el contacto de su pareja, ella, extendió la suyas y entonces sus dedos se acariciaron y en un instante se fundieron en movimientos de ternura, de cariño, de amor, con un simple roce de piel…


Me levanto y voy hacia el pasillo, no quiero que la sombra de un recuerdo delate mi dolor. Escenas familiares que corresponden a un capítulo de mi vida, subyugándome de retazos de felicidad…Quisiera hacerte participe de todos estos instantes…, llamarte, sentirte y oírte tras contarte algo tan bello y natural. Me dirijo hacia el ventanal que muestra ante mis ojos la profundidad del océano y allí, sigo imaginándote...

Yo, y mi desván lleno de cosas que redundan en pensamientos que me siguen llevando a ti. Mi horizonte violáceo, mi envoltorio parco, los vahos de mi aliento estampado sobre el frio vidrio esperando que tu imagen aparezca y por una fracción de segundos, me sonrías…


Ha sido un sueño, mi yo dormido reflexiona y no responde. Me sumo a un suspiro interno sin salida, momentos que me deslumbran bloqueando cualquier pensamiento racional. La distancia siempre nubla las imágenes pero, al cerrar los ojos, la limpidez de tu rostro y los movimientos de tu cuerpo se instalan en mi retina brillando en mi memoria…


El sonido del mar te trae a mis oídos. El silencio del abismo se restriega sobre mis recuerdos, aquellos que abren mis poros con tu aroma llenándome calmosamente y acelerando mi pulso e invadiendo rincones anhelantes de sensaciones y caricias…

De mi interior se desgranan susurros cálidos queriendo chocar contra tu piel humedeciéndote con mis pensamientos...


Todo es fruto de un sueño que quebranta una realidad que no quiere recoger los mensajes que una vez, se perdieron entre las olas después de quemar la esperanza en las brasas de una hoguera…

Esther Mendoza.

“Los recuerdos musitan en el corazón…”


miércoles, 23 de mayo de 2012

"LA COLINA..."

La altura mas dificil de escalar, se encuentra en el corazón...


"Con todo el respeto del mundo, para un corazón coraza…"

…¡Al fin!, este invierno largo se rinde, dando una tregua al frio de mis esperanzas que agota los últimos días del invierno. 

Un ruido en la ventana llama mi atención. Al borde de ella, oigo un ruiseñor que con su canto rompe el tímido despertar de un monótono y nuevo amanecer. Con cierta pereza, me levanto y con lentos movimientos me dirijo hacia el ventanal. Corro las pesadas cortinas que ¡solo Dios!, sabe cuánto tiempo llevan ejerciendo de “teloneros” de los silencios en esta oscuridad que embarga el escenario de mi obra…

Me recibe un día claro y despejado. ¡Una  alegría para mis pupilas!, al poder contemplar después de un mes de incesante lluvia, el verde del prado y un cielo azul que luce sus mejores galas con algunas nubes por puntillas. 

Mis parpados se cierran de golpe al recibir un ¡chorro de luz! sonrió, al contemplar  una hermosa imagen cual boceto de mis anhelos. El prado extiende sus verdes tonos y lavanda, la perfuma cual amante enamorada...

El ruiseñor reivindica su protagonismo; continúa canturreando envolviéndome en la seductora melodía que me disuade de una rutina hasta ahora, nunca vulnerada bajo ningún concepto…
Esta avecilla mensajera persiste en llamar mi atención. Termino sucumbiendo ante tanta insistencia. Las notas que salen de su garganta, me cautivan y casi sin darme cuenta, me veo abriendo el viejo ventanal que durante mucho tiempo contribuyó a ser mi más fiel carcelero…

Le tomo entre mis manos y, durante algunos minutos, le contemplo mientras caigo en la cuenta de la barrera que yo misma he saltado...
Mi introvertida vida y el vértigo de salir de aquel reducto, se esfumaron por aquel ventanal cual fuegos artificiales en la festividad del 4 de julio... 

El viaje más lejano permitido por mi  mente raptora, llegó hasta la colina de los sueños.., imágenes retenidas en la prisión de los deseos imposibles…

La causa de mi exilio, nació del temor cual mosquetero se bate en duelo con codiciosos seres convirtiéndose a la postre, en galantes parlanchines extraños. Ello fue el motivo por lo que durante años, mi mundo se redujo a ésta peculiar estancia; teniendo como cómplices enmudecidos, la curiosa exposición de retratos que me recordaban un clan de honores y reputación familiar. 

Obnubilada, contemplo a la pequeña ave acurrucada en la palma de mi mano y percibo, como se diluye entre mis dedos un patrón dominante dando paso a un sentimiento dormido, desde luego, ya casi olvidado…

Le lanzo al vuelo y con el mismo ímpetu,  le sigo…

Cuando quise darme cuenta, me vi pisando aquel verde prado que durante muchas estaciones, solo fue una acuarela en la exhibición de mis fantasías… mis ojos, se inundan de lágrimas al comprobar cómo se han esfumado las cadenas de un recelo irracional que secuestro durante mucho tiempo, mi  derecho a sentir la vida cual brisa en el rostro, que tiene como aliados  el acierto y el error…

Comprendo ahora,  que hay que aceptar el desafío de ser autodependiente y liberarse del yugo de la opinión juzgadora “del afuera”…
Nuestros espacios, nadie los puede traer ni comprar con el vil sentimiento de la manipulación. Nos pertenecen, por una cuestión de equidad para desarrollarnos en ellos, convirtiéndonos en el arquitecto que grita al mundo la  decisión de habitarlos…

Me pregunto, sobre el autentico significado de rebelarse y que significa realmente  desobedecer, en definitiva, habría que asumir el riesgo de ser corresponsable de las resoluciones tomadas en cada cruce de caminos y coger las riendas de nuestro destino…

Esther Mendoza.

“… y si llegas a la cima de tu colina, entonces, habrás encontrado una manera de hacerlo real y visible. ¿El precio?, merecerá la pena, si te atreves a hacer el viaje al descubrimiento de  saber quién eres rompiendo tu corazón coraza…”



miércoles, 9 de mayo de 2012

"SILENCIOS..."

"EL SILECIO, ES EL VIAJE MAS APASIONANTENTE AL ENCUENTRO CON NOSOTROS MISMOS..."

Silencio...

Creo que las cosas verdaderas e importantes suceden en silencio. Sueñas, rezas, piensas; los actos más delicados son meditados en ese estado de reserva, pero también amas y mueres en el…

Hoy que Morfeo se niega a abrazarme,  me rindo al embriagador mutismo nocturno que me pide protagonismo. Me levanto y observo a esa endiablada y coqueta luna, que se muestra impune del delito de seducirme y obligarme a compartir con ella mi estado…

Mi silencio, es ese diamante que pulo cuando alejo a los ruidos que tratan de gobernar a mi mente, impidiéndome darte y recibirte.

 En ocasiones, pienso que es el mejor estado; sin alborotos en el alma que te confundan enseñándote direcciones que no llevan a ninguna parte.

Cada uno de mis silencios, llevan un significado distinto, una razón no siempre comprendida. Podría tener un mensaje confuso para aquellos que no me conocen o sólo buscan la superficialidad de mi ser…

Me abandono al sosiego que esta noche clara secuestra mi deseo y dejo que los sentimientos presidan  mis pensamientos ,donde todo parece real, pero nada lo es, excepto, aquello que a modo de palabra escrita nace del sigilo…

El silencio incomprendido, pone trampas para caer en él; si caigo, aprendo y desaprendo a culparle a él de aquello que debí reaprender en la caída…

Tal vez no esté sola, tal vez tú estés conmigo; quizás, en un cruce de tiempos  que habla del valor de los silencios y las palabras que mueren en las sombras de aquellos olvidos…

Cuando me siento frente a ti, busco ese silencio que haga honor a nuestro momento, donde los sentidos recobran protagonismo y recorren el pasillo de la espera, en un anhelo de escucharte...

Mi silencio, entonces se convierte en una explosión sublime que te busca con la mirada y te escucho, porque quiero aprenderte  y si hablo, profano la devoción que te tengo.  Y ese instante, ese momento, ya no tendría ningún sentido si rompo el silencio…

Esther Mendoza.














martes, 17 de abril de 2012

" HISTORIA DE UNA DESPEDIDA..."

"Para algunos, los sueños quedan atrapados en la niebla de una ilusion"





"Los fantasmas son los únicos que se alegran  de vernos en un escenario donde aún,  no se ha bajado el telón. Son esas fieles presencias que nos reciben frente a un pasado inconcluso..." 

... Después de algunos años y desvinculado de aquel pueblo que le vio crecer, se bajo en la vieja estación de tren donde de niño solía ir a jugar con su pandilla de amigos. 

Por un momento, soñó con la dulce e irracional esperanza que ella le estuviera esperando. Aún  sus labios conservaban el amargor de  aquella despedida en un domingo triste.

Mientras iba calle abajo, recordaba las últimas escenas a su lado. Acostumbraba a llegar tarde; siempre le incomodó su impuntualidad, pero para ella era algo usual y normal. Nunca supo donde encasillar ese pequeño matiz, si en el apartado de los defectos o muy por el contrario en su gran conjunto de cualidades desordenadas que lo enamoraron. La única vez que llegó puntual, fue en una ocasión que él le cogió el reloj y se lo adelantó algo mas de unos minutos, justo esos que la retrasaban siempre.

Evocó sus últimas imágenes juntos. Hoy tan lejanas y a la vez tan cercanas…
Sucedió un otoño... 

Allí estaba ella; su larga melena oscura de rizos rebeldes cubría parte de su rostro. Enfundada en un abrigo de paño, parecía una niña grande que apenas asomaba la nariz entre la solapa del chaquetón dos tallas más grande que la suya. Con pasos lentos pero seguros, se acercó a él y con aquella endiablada y maravillosa sonrisa desmoronó el enfado que su impuntualidad provocó.  
Se tiró a su cuello uniendo sus  labios, con ese beso largo que se echa de menos...
 
Se dirigieron a casa. Ya en el sofá y sin ningún vestigio de enfado, compartieron una película de terror; ella las odiaba, a él le fascinaban. Ese recuerdo, dibujó una melancólica mueca en sus labios permaneciendo por largo tiempo, mientras una serie de fotogramas paseaban por su mente.
Aquellas películas de miedo, la invitaba a perderse entre su pecho buscando la protección de su algo más de metro ochenta. Escondida bajo la manta del sofá, le pedia con voz ténue que le narrase aquellas escenas que no tenía valor para mirar.



... Siguió sonriendo al perderse entre esos retazos evocados, reviviendo asi, sensaciones que el mismo había aniquilado de un plumazo. 
Una nube gris, como las de esos inviernos que amenazan con arrasar las flores de tu jardín, se poso en sus recuerdos, induciendole a seguir aquel catálogo de imagenes que habian secuestrado su voluntad; mientras calle abajo, sus pies le llevaban a un escenario alguna vez compartido al lado de aquella mujer.

Su corazón se encongió al rememorar aquel instante en el  sofá; el descanso de aquella película le dió paso para acabar con lo mas hermoso que tenía; bajó su rostro y clavó sus ojos en los de ella. Ambas miradas se encontraron; la joven intuía que algo no iba bien. A veces, los malos presagios son como volutas grises que se contonean con sigilo, mezclándose con el aire hasta formar parte de el.

“Tenemos que hablar” esa fue la primera  de las dos únicas frases que salieron de sus labios. Un enunciado demoledor con el que comienzan todas las conversaciones que llevan a un final. 
Él le acarició el rostro, no habían lágrimas; parecía triste y aturdida, pero permanecíó en silencio.

Apenas con un hilo de voz, argumento sentirse perdido, necesitaba volar, sentirla en el silencio y la distancia. Sin dar más cuartel ni mirar para detrás, se levantó abandonando la pequeña y desolada estancia…

... Habían pasado quince años. Las canas pintaban su ya olvidado cabello oscuro. Su rostro más curtido por los años, marcó cada arruga delatando las emociones y el sufrimiento de una ausencia...

Nunca le dijo el motivo de su despedida. Ya era tarde, el tiempo se encargó de desdibujar las razones que años después perdía validez alguna. Cómo explicar que a pesar de esa decisión, siguió amándola…

A menudo, se preguntaba de que forma su amada habría vivido su  abandono. Posiblemente borrándolo  de su memoria y  poco a poco, enterrando su recuerdo ya sentenciando a la indiferencia.

Caía la tarde cuando llegó al viejo caserón heredado por sus padres; nido de amor de una pasión de juventud que pronto se vio truncada por los infortunios de una elección.

… Como en los viejos tiempos, se levantó al alba para pasear por el prado.  Unos segundos antes de retomar el regreso, su sangre se heló, quizás su mente urdía una broma de mal gusto al creer ver esa figura que tanto ansiaba...
Divisó dos jinetes en la niebla; no daba crédito a sus ojos; esa silueta sobre aquel caballo... ¡no podía ser ella!. Su corazón parecía querer salir del pecho cual caballo desbocado. Apretó los puños enfundados en los bolsillos de su chaqueta a cuadros, compañera fiel de aquellos garbeos de juventud….

Sus miradas algo confusas se cruzaron y en sus gargantas, quedó atrapado todo lo no dicho, lo nunca confesado.  La sombra de un sueño roto, bajó el telón de una frágil esperanza. 

Aquel encuentro, no inmortalizó un final feliz, donde chico corre a buscar a chica y se funden en un apasionado abrazo. Esta vez, la chica iba acompañada y cual dos extraños siguieron sus caminos.

El tiempo ganó la batalla al silencio de su partida.

“Sus entonces grandes corazones, que pequeños quedaron. Sus muchos propósitos que pocos fueron.  Cada uno con su nombre, cada uno con su pasado sin cruzar las aceras para saludarse…”

"Las guerras se libran en el corazón y sólo cuando se derrota a los fantasmas que habitan en el alma, el enemigo se convierte en cortina de humo..."

Esther Mendoza.


sábado, 14 de abril de 2012

"LA JAULA DE LAS MARIPOSAS..."

Los límites nacen en la razón y mueren en el corazón...



Su desconfianza le impedía salir de aquella jaula…
Tras un largo viaje de continuas decepciones, llegó a la conclusión de que el mundo debía ser mirado a través de aquellos barrotes. Los daños colaterales de sus experiencias, albergaron en contra de su voluntad a un ocupa permanente en su vida, el “temor”...


Observar el exterior resultaba más seguro desde el escaparate en que ella se hallaba, y, aunque la puerta siempre estuvo abierta, se protegió cerrándola en su mente.


A la caída del sol y en las noches claras, contemplaba obnubilada un cielo estrellado que la cautivaba; momento en que era abordada por la señora nostalgia rememorando cuando de niña, su abuela le decía que los límites nacían en la razón y morían en el corazón... ¡Cuánto echaba de menos a su sabia "tata"!


Su recelo a volar, bloqueaba cualquier iniciativa por acercarse a aquellas estrellas; sabía que algún día, ¡algún día lo lograría…!” sin embargo, el tiempo y la duda la convirtió en una soñadora de sueños…
 
Una noche en un acto impulsivo, se armó de valor y asfixió a un ego tirano que le recordaba sus falsas limitaciones; entonces,… ¡¡echó a volar!! abandonando así, el reducto que durante mucho tiempo le dio falso cobijo y protección…
 

¡Por fin!, se dijo. Quiso conquistar el firmamento y enamorar a cada una de sus estrellas. Nunca vio  resplandor tan hermoso de la tierra. Desde esa altura, toda tristeza y todo dolor, se esfumaba cual cortina de humo. Alzo el vuelo sintiendo como sus alas frágiles temblaban sin pavor y animosa siguió elevándose para alcanzar un sueño.
 

En ese viaje exhausto y milagroso, descubrió que sólo ella construyó sus barreras con la etiqueta de "imposible". Asumió que las lindes las ponemos nosotros convirtiéndonos en presa de la inseguridad.
 
 Agitaba sus delicadas alas en dirección a una meta posiblemente inaccesible para muchos qué, como ella en el pasado, abortaron su vuelo ante la conquista de un ideal. La emoción que sentía la convenció de que estaba en el camino correcto y entonces, supo que no miraría para detrás…


Durante unos segundos evocó cuando en su prisión compartía sus inquietudes con otras mariposas qué, al escucharla, la tacharon de loca por perseguir una quimera.

Le dieron consejos diseñados por mentes acomodadas en la rutina y cuyas metas, quedaron atrapadas en una bandeja de salida candidata a realidad. Roles junto a deseos, dormían en el sofá confortable donde veían pasar sus días... A eso, ella lo llamaba  "espejismo de relativa felicidad…. “
 
En sus días pasados, con impaciencia ansiaba la llegada de la noche; ese era el momento más anhelado para dejar volar su imaginación a lo desconocido.

Bajó nuevamente sus ojos a la tierra, en ese trayecto osado e intrépido, descubrió que aquellos que se conformaron  con amores hechos a medida y al alcance de la mano, morían temprano en la rutina y la frustración.  

Apostó por conquistar un inviable y, en el camino de la conquista, descubrió cosas hermosas, se trataba de aquellas que le ofreció la vida mientras libraba sus propias batallas. Comprendió que los amores imposibles muestran luces y sombras con caminos alternativos; ellos nos conducen a conocer otra de las múltiples caras del amor…



La mariposa comprendió y evitó caer en el cataclismo que caen la mayoría de los mortales. Apreció detalles que dormían en un rincón del alma humana, posiblemente un castigo injustamente infringido por la ceguera voluntaria de algunos. El valor de las cosas simples, resultó ser un hermoso tesoro en frágil caja de cartón… 


Esther Mendoza.

miércoles, 4 de abril de 2012

"LAS HOJAS DE LA AMISTAD.."


“Para ti amiga Mónica,  por sonreír cuando yo no podía, por permitirme ser yo misma y por estar sin hacer ruidos….”

A lo largo de la vida, la amistad la sentimos de diferentes formas.  Varía su apreciación en función del momento y las circunstancias que nos rodean. 
Es poco valorada en las relaciones cotidianas y, mal empleada en el  vocabulario común, dònde se le atribuye un sinfín de veces a personas ¡no siempre!, merecedoras de ella. Para algunos, es considerada una medalla de tómbola asignada a amigos de segunda categoría o bien, una carrera de fondo para ganar adeptos que engorden un círculo social.
El auténtico significado que engloba un compromiso entre personas que comparten un sentimiento que va más allá del tiempo y del espacio, se ve solapado por un error de concepto.
La amistad, es dar sin esperar nada a cambio, es callar para escuchar al otro cuando te lo pide con la mirada, es estar sin ser llamado y, ausentarnos cuando el amigo necesita crecer en su soledad..
Ya desde la infancia nos cogemos de la mano de aquellos que llamamos "amigos", y, aunque nos llegan vagones cargados de ellos a lo largo de muchas estaciones, ¡sólo unos pocos! se quedan, a los cuales, galardonamos con la medalla al valor por permanacer a nuestro lado en las verdes y en las maduras, con nubarrones y tempestades que arrasan con nuestro tejado…
El destino se encarga de la asignación de etiquetas en su rol. En ocasiones, se convierten en guías protectores, y en otras, semáforos que nos alertan de los peligros que nos asaltan en los cruces difíciles. 
Los verdaderos amigos cuando procede, nos muestran sus emociones guardadas en el cajón de la paciencia, nos esperan sentados en el trono del “no juicio” y, ¡jamás!, obséquian con dardos envenenados ante aquellas impredecibles reacciones poco afortunadas por nuestra parte; además, tienen la potestad de custodiar nuestras íntimas confesiones con votos de silencio…
En el árbol de la amistad, las hojas toman la condición de amigos. Algunas son efímeras, llegan y se van sin pena ni gloria.
Las hojas más cerca del tronco son los que yo llamo amigos del alma; sinceros y auténticos, a los que no le tiembla la voz cuando sus criterios, difieren de los nuestros, sin gratificaciones verbales a modo de armas arrojadizas movidas por el ego…
Por el contrario, ¡esas mísmas palabras!, ¡se convierten en reflexiones magistrales! dándo brillo a nuestra mirada cuando se cruza con la del maestro - amigo..., poseedor, en muchos casos,  de esas manos qué, en más de una ocasión, han secado nuestras lágrimas cuando una nube gris se posó sobre nuestra cabeza..
Luego están los amigos que vienen por una estación, unos días, unas horas, y , aún así, dejan una huella imborrable en nuestro corazón...
En las puntas de las ramas, residen aquellas distantes que sólo aparecen cuando el viento sopla a su favor; obviamente, no podemos evitar perder algunas de ellas por el camino…Sin embargo, algunas de esas hojas caídas, permanecen a nuestro lado alimentando la raíz con su amor y lealtad.
Los recuerdos y vivencias compartidos, quedan prendados en la nervadura de las hojas, ¡las alegrías se deslizan por el peciolo hasta arrancarnos sonrisas al recordarlas!..., y, en los bordes, quedan nuestro afecto y gratitud para toda una vida…
Cada ser que pasa por las estaciones de nuestra existencia, ¡es especial, siempre deja algo!, y..., se lleva un poco de nosotros…
La prueba de que dos almas están destinadas a encontrarse,sin lugar a dudas, se fundamenta en la amistad…
Gracias Mónica por haberte cruzado en mi historia, permanecer en ella más de una estación. Y ubicarte en unas raices con la fuerza del cariño y el respeto que alimentan las ramas del árbol de la amistad...

Esther Mendoza.

"La amistad es para muchos cómo el oro de los tontos, creen poseerla porque la confunden con el brillo del  halago fácil. Sólo aquellos que no se han quedado en la superficie y muestra su rostro al desafío, la conquista..."
(Esther Mendoza)
"CADA ESTACIÓN NOS PREMIA CON SU PRESENCIA REGALÁNDONOS NUEVOS AMIGOS..."





martes, 3 de abril de 2012

"EL VALOR DE LAS PALABRAS..."

 
Ellas construyen  tu futuro...




“Los griegos pensaban que la palabra era divina y los filósofos, optaban por elogiar el silencio...”



EL VALOR DE LAS PALABRAS…


Las palabras ejercen una influencia importante, tanto para quien las dice como para quien las recibe. Su efecto no desaparece por arte de magia, queda cristalizado en la memoria, deja hermosas huellas en el alma o terribles cicatrices fosilizadas en ella.

El valor que les imprimimos lleva implícito un destino, tienen la potestad de convertirse en la brújula de nuestro camino; el éxito o fracaso de una vida, lo tiñen las propias palabras.

De no ser capaces de expresar de forma inteligente nuestros sentimientos, correremos el peligro de no retirarlas a tiempo causando daños irreparables en su destinatario. Las palabras pueden curarte o herirte profundamente de no darles el mimo que se merecen; en un instante, destruyen lo que con amor un día construimos y herir a quien no debemos.


Si fuéramos capaces de controlar nuestras dañinas emociones a través de la comunicación, no se convertirían en dardos envenenados cuyo objetivo, es contentar a un ego tirano que empequeñece al ser y cuantas cosas buenas pudo tener, reduciendo así, su valía ante los ojos del otro.


El lenguaje que utilizamos habla de nuestro mundo interior. Muchas de las cosas que nos suceden son el producto del desequilibrio que hay en nuestra vida, del poco amor que nos damos y la manera en que acogemos al resentimiento. Las palabras, tienen el poder de reescribir capítulos de nuestra historia colocando titulares que nos delatan. Darle una mala salida a los conflictos internos  que dejan al descubierto nuestra fragilidad, lleva a la  vulnerabilidad a conciliarse con el mal uso de los afectos.


¿Por qué utilizar la palabra como arma arrojadiza que nos coloca en el trono que martiriza y domina?, ellas pueden encender discordias, arruinar vidas, romper relaciones, crear resquemos, herir y matar la confianza del otro...
Por el contrario, si cambiamos su connotación y la tildamos de amabilidad, el eco que escucharemos también lo será. Aliviarán cargas, darán sosiego y generaran amor. Una palabra, podría ayudar a levantarse a quien la reciba hallando consuelo en ellas y dar respuestas desconocidas a quien no creía tenerlas.


Una frase amable, tienen el poder de hacernos sentir especiales, como la oración que clausura lo mejor del día. Si de forma cotidiana nos propusiéramos una pequeña declaración de intenciones, los resultados serían milagrosos. Hallaríamos una manera de propiciar y multiplicar el valor que le damos a cuantas cosas y personas nos rodean.


¡Apostemo por la acción que nos diferencie, y, a la vez, nos hagan especiales Construyamos modelos de comportamientos que sirvan de ejemplo a una sociedad diferenciada en la cortesía y en el respeto. Sembremos empatía para recoger agradecimiento y admiración de generaciones que empujan para presentarnos un mundo mejor…En definitiva, comulguemos con el ejemplo y asfixiemos la crítica fácil.


Esther Mendoza



“Tus palabras describen tu futuro. Eres el arquitecto de tu vida, `por lo tanto, único responsable de la forma que premias tu paso por ella...”