“Donde habitan los silencios” Un lugar para refugiarse del mundanal ruido, colocando entre renglones, los tan valiosos silencios, necesarios éstos para narrar historias...
sábado, 29 de septiembre de 2012
sábado, 28 de julio de 2012
"EL BREVE TACTO DE UNA PIEL..."
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| " Y ME OBLIGASTE CON LA MIRADA A DESEAR TU PIEL.." |
De forma inesperada…
Cuando había caído en un abismo profundo con promesas que se apagaron y me había convertido en una incrédula romántica, apareciste tú...
Y contigo, el breve tacto de una piel...
Llegaste desplegando tu ternura en el mismo lado que un amor ausente ocupó todo este tiempo, repasando mis heridas forjadas por una devoción que dejo su huella en las esquinas de mi alma.
Eres, esa ilusión que tímidamente se apoya en la arquitectura de mi cuerpo despertando en mí, el deseo de amarte y pegarme a ti; entonces, te abrazo dejando que una brisa fresca se filtre por los poros de mi anatomía ¡recordándome!... la ternura olvidada y abandonada entre las fisuras de mis cicatrices, aquellas, que una vez se alojaron sin pedir permiso para alimentarse del dolor de un recuerdo...
Llegas con la paciencia y sabiduría de un guerrero que ha rescatado sus pasiones entre las dunas y las tormentas de una vida para mostrármelas en cada gesto, en cada mirada, en el tacto de tus manos entrelazadas con las mías, convirtiendo mi desierto de soledad en un oasis de esperanza dejando tu esencia, entre los recovecos de mi cuerpo…
Y todo esto me enseñaste, con el breve tacto de una piel...
Esther Mendoza.
"Fascinación en la piel.."
lunes, 23 de julio de 2012
"UN INSTANTE..."
| Y DE REPENTE TU... |
Quisiera
ser inmortal…
…
En mi pupila quedó grabado aquel atardecer junto al instante en que nadamos
entre las olas de una playa. Otro fotograma asalta y
evoca el momento en que nuestros pies pisaron la arena que hoy, guarda un recuerdo
perpetuo con un nombre; “coincidencia de un instante”
No
habrá un "post data" en mis recuerdos que diga “delirios de un
náufrago"... El último barco fantasma de aquella costa, porta otra nota
que surca por el mar del olvido a un destino que pueda besar cada una de sus letras…, ese velero se llevó mis palabras
en un mensaje sin retorno...
Los
años han desdibujado el contorno de un rostro cansado y abatido por la
tristeza. Mis entrañas se encogen al recordar la oportunidad de un viaje que
nunca hice, quizás, ese que me hubiera llevado a tu lado y tal vez, a reencontrarme
con el mismo segundo que me llevó a ti.
Me he convertido en la crónica gris de los titulares de mi propia historia,
esa que un día protagonice con un sabor agridulce depositado en tus labios con el que fuera nuestro último beso…
Me
pregunto, si las escenas que observo sobre los transeúntes de esta ciudad se
acercan a la realidad de mi imaginación, o tal vez, este sea el fruto del alma
errante en que me he convertido. Un comediante de su propia obra que se
reinventa cada día para no notar tu ausencia… Todo en mi es mecánico, hasta el
hecho de sobrevivir…
Me
siento vagabundo en la extraña relación que tengo con la felicidad. Mi mente
está abarrotada de herramientas literarias de auto ayuda que recapitula
constantemente sobre el poco control que tenemos de nuestra vida al tener que
sujetarnos en bastones estereotipados que otros diseñan para nosotros...
Fantaseo
con el absurdo de un imposible; aquel que el tiempo se encargó de borrar sin
dejar ninguna huella que te trajera nuevamente a mí. Y divago en la locura de
tenerte cerca, escuchar tu voz para luego decirte:
… Mi amor, que un día
te cruzaste un instante en las vías de mi destino reconociéndome y acariciando
cada centímetro de mi ternura, hoy, ya viejo te pregunto; ¿sientes aún el sabor
salado de mis lágrimas cuando en la soledad de tus noches revives los vestigios
de una tristeza?, ¿Sonríes al evocar el chocolate caliente preso en la comisura
de tu boca y celosa la mía la hacía suya?..., ¿Podrías identificar mi silueta
marcada por los años entre los viandantes de una ciudad lejana anclada en el
tiempo y a la vez recordar mi aroma o
tal vez, el sonido de mis tristes pasos alejándome de ti como el día que te
despedí?…
No
quiero seguir imaginándome escenas que yo mismo aniquilé en la guillotina del
miedo, ese miedo que bloquea las oportunidades tardías..
Me
siento extranjero en mí ya anciana piel. Mis pensamientos viajan a orillas de
una playa, a una emoción, a un rostro, a un impulso y a la brevedad de un instante, el mismo que me permitió tomarla
entre mis brazos y beber de su esencia de mujer…
Quisiera que el cálido sol un aquel atardecer, acariciara hoy mi recuerdo llevándome a la concisión de un reencuentro, el mío con el suyo. Por alguna extraña razón, hoy esas imágenes toman formas evidenciando el vacío que nadie lleno mientras ella ha vagado en mi evocación cada día, cada hora, donde los años han querido burlar mi realidad confundiéndola con una utopía desde mi entonces corazón dormido…
Quisiera que el cálido sol un aquel atardecer, acariciara hoy mi recuerdo llevándome a la concisión de un reencuentro, el mío con el suyo. Por alguna extraña razón, hoy esas imágenes toman formas evidenciando el vacío que nadie lleno mientras ella ha vagado en mi evocación cada día, cada hora, donde los años han querido burlar mi realidad confundiéndola con una utopía desde mi entonces corazón dormido…
Perdí
la noción del tiempo, me quedé anclado en aquel día donde a orillas de un mar
la conocí... Me cuesta abrir los párpados, pero por momentos lo consigo y es
cuando en mi delirio veo su rostro cerca del mío y las sabias arrugas de su
rostro, me cuentan que ella también me ha querido…
Esther
Mendoza.
"Hay instantes que marcan tu destino..."
domingo, 27 de mayo de 2012
“RETAZOS EN EL DESVÁN DE LA MEMORIA…”
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| "Los susurros de una vida, quedan atrapados en el baúl de la memoria..." |
He subido al altar de mis silencios parte de tu esencia… auné tus hermosas palabras, y, le di forma al sentimiento que en un tiempo pasado formo parte de mi mundo…Gracias por ese breve espacio de tiempo, donde no temiste mostrarme tu alma… Lamento que te hayas perdido en el laberinto del dolor…
La
tarde es fría y los grises abundan en las perspectivas del entorno. El azul del
cielo parece desvanecerse entre el aleteo de las pocas aves de estos últimos
días de septiembre, buscan un hogar temporal donde refugiarse de este
desangelado atardecer cargado de ausencias...
La
chimenea sigue encendida y, sus llamas, me hipnotiza sugiriéndole a mi fantasía
formas y bailes en los que danzarines osados caen y resurgen del magma
elevándose con gracia y rapidez...Mi mirada recorre la habitación buscando tu silueta
pero, no la encuentro. Todos charlan de forma pausada, sonriendo y disertando.
El frio que intuyo fuera, me paraliza los pensamientos, solo quiero permanecer
sin participar con mi amigo silencio convirtiéndome así en el más abnegado
espectador…
Sigo
recorriendo la estancia tocando con mis ojos cada rincón, recreándome en cada
uno de esos detalles nimios a los ojos de los contertulios. Una escena enmudece
mi garganta e inunda de lágrimas mis ojos; el magnetismo me impide reaccionar y
trato de esconder el dolor que asoma en mis pupilas…
Cuanto
daría por cambiarme y sentir ese instante, ese fogonazo que atraviesa mis
recuerdos lanzándome en el espacio y en el tiempo, vapuleándome y llevándome a
apretar mis manos como si en ello, encontrase ese calor perdido…
Aquella
figura masculina que mis ojos observaban, alargo su mano buscando el contacto
de su pareja, ella, extendió la suyas y entonces sus dedos se acariciaron y en
un instante se fundieron en movimientos de ternura, de cariño, de amor, con un
simple roce de piel…
Me
levanto y voy hacia el pasillo, no quiero que la sombra de un recuerdo delate
mi dolor. Escenas familiares que corresponden a un capítulo de mi vida,
subyugándome de retazos de felicidad…Quisiera hacerte participe de todos estos
instantes…, llamarte, sentirte y oírte tras contarte algo tan bello y natural. Me
dirijo hacia el ventanal que muestra ante mis ojos la profundidad del océano y
allí, sigo imaginándote...
Yo,
y mi desván lleno de cosas que redundan en pensamientos que me siguen llevando
a ti. Mi horizonte violáceo, mi envoltorio parco, los vahos de mi aliento
estampado sobre el frio vidrio esperando que tu imagen aparezca y por una
fracción de segundos, me sonrías…
Ha
sido un sueño, mi yo dormido reflexiona y no responde. Me sumo a un suspiro
interno sin salida, momentos que me deslumbran bloqueando cualquier pensamiento
racional. La distancia siempre nubla las imágenes pero, al cerrar los ojos, la
limpidez de tu rostro y los movimientos de tu cuerpo se instalan en mi retina
brillando en mi memoria…
El
sonido del mar te trae a mis oídos. El silencio del abismo se restriega sobre
mis recuerdos, aquellos que abren mis poros con tu aroma llenándome
calmosamente y acelerando mi pulso e invadiendo rincones anhelantes de
sensaciones y caricias…
De
mi interior se desgranan susurros cálidos queriendo chocar contra tu piel
humedeciéndote con mis pensamientos...
Todo
es fruto de un sueño que quebranta una realidad que no quiere recoger los
mensajes que una vez, se perdieron entre las olas después de quemar la esperanza
en las brasas de una hoguera…
Esther Mendoza.
“Los recuerdos musitan en el corazón…”
miércoles, 23 de mayo de 2012
"LA COLINA..."
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| La altura mas dificil de escalar, se encuentra en el corazón... |
"Con todo el respeto
del mundo, para un corazón coraza…"
…¡Al fin!, este
invierno largo se rinde, dando una tregua al frio de mis esperanzas que agota
los últimos días del invierno.
Un ruido en la ventana
llama mi atención. Al borde de ella, oigo un ruiseñor que con su canto rompe el
tímido despertar de un monótono y nuevo amanecer. Con cierta pereza, me levanto
y con lentos movimientos me dirijo hacia el ventanal. Corro las pesadas
cortinas que ¡solo Dios!, sabe cuánto tiempo llevan ejerciendo de “teloneros”
de los silencios en esta oscuridad que embarga el escenario de mi obra…
Me recibe un día claro
y despejado. ¡Una alegría para mis
pupilas!, al poder contemplar después de un mes de incesante lluvia, el verde
del prado y un cielo azul que luce sus mejores galas con algunas nubes por
puntillas.
Mis parpados se
cierran de golpe al recibir un ¡chorro de luz! sonrió, al contemplar una hermosa imagen cual boceto de mis anhelos. El prado extiende sus verdes tonos y lavanda, la perfuma cual amante
enamorada...
El ruiseñor reivindica
su protagonismo; continúa canturreando envolviéndome en la seductora melodía
que me disuade de una rutina hasta ahora, nunca vulnerada bajo ningún concepto…
Esta avecilla
mensajera persiste en llamar mi atención. Termino sucumbiendo ante tanta
insistencia. Las notas que salen de su garganta, me cautivan y casi sin darme
cuenta, me veo abriendo el viejo ventanal que durante mucho tiempo contribuyó
a ser mi más fiel carcelero…
Le tomo entre mis
manos y, durante algunos minutos, le contemplo mientras caigo en la cuenta de
la barrera que yo misma he saltado...
Mi introvertida vida y
el vértigo de salir de aquel reducto, se esfumaron por aquel ventanal cual
fuegos artificiales en la festividad del 4 de julio...
El viaje más lejano
permitido por mi mente raptora, llegó hasta
la colina de los sueños.., imágenes retenidas en la prisión de los deseos
imposibles…
La causa de mi exilio,
nació del temor cual mosquetero se bate en duelo con codiciosos seres
convirtiéndose a la postre, en galantes parlanchines extraños. Ello fue el
motivo por lo que durante años, mi mundo se redujo a ésta peculiar estancia; teniendo
como cómplices enmudecidos, la curiosa exposición de retratos que me recordaban
un clan de honores y reputación familiar.
Obnubilada, contemplo a
la pequeña ave acurrucada en la palma de mi mano y percibo, como se diluye
entre mis dedos un patrón dominante dando paso a un sentimiento dormido, desde
luego, ya casi olvidado…
Le lanzo al vuelo y
con el mismo ímpetu, le sigo…
Cuando quise darme
cuenta, me vi pisando aquel verde prado que durante muchas estaciones, solo fue
una acuarela en la exhibición de mis fantasías… mis ojos, se inundan de lágrimas
al comprobar cómo se han esfumado las cadenas de un recelo irracional que
secuestro durante mucho tiempo, mi derecho a sentir
la vida cual brisa en el rostro, que tiene como aliados el acierto y el error…
Comprendo ahora, que hay que aceptar el desafío de ser
autodependiente y liberarse del yugo de la opinión juzgadora “del afuera”…
Nuestros espacios,
nadie los puede traer ni comprar con el vil sentimiento de la manipulación. Nos
pertenecen, por una cuestión de equidad para desarrollarnos en ellos, convirtiéndonos
en el arquitecto que grita al mundo la decisión de habitarlos…
Me pregunto, sobre el autentico
significado de rebelarse y que significa realmente desobedecer, en definitiva, habría que
asumir el riesgo de ser corresponsable de las resoluciones tomadas en cada cruce de caminos y coger las riendas de nuestro destino…
Esther Mendoza.
“… y si llegas a la
cima de tu colina, entonces, habrás encontrado una manera de hacerlo real y
visible. ¿El precio?, merecerá la pena, si te atreves a hacer el viaje al
descubrimiento de saber quién eres
rompiendo tu corazón coraza…”
miércoles, 9 de mayo de 2012
"SILENCIOS..."
martes, 17 de abril de 2012
" HISTORIA DE UNA DESPEDIDA..."
| "Para algunos, los sueños quedan atrapados en la niebla de una ilusion" |
"Los fantasmas son los únicos que se alegran de vernos en un escenario donde aún, no se ha bajado el telón. Son esas fieles presencias que nos reciben frente a un pasado inconcluso..."
... Después de algunos años y desvinculado de aquel pueblo que le vio crecer, se bajo en la vieja estación de tren donde de niño solía ir a jugar con su pandilla de amigos.
Por un momento, soñó con la dulce e irracional esperanza que ella le estuviera esperando. Aún sus labios conservaban el amargor de aquella despedida en un domingo triste.
Mientras iba calle abajo, recordaba las últimas escenas a su lado. Acostumbraba a llegar tarde; siempre le incomodó su impuntualidad, pero para ella era algo usual y normal. Nunca supo donde encasillar ese pequeño matiz, si en el apartado de los defectos o muy por el contrario en su gran conjunto de cualidades desordenadas que lo enamoraron. La única vez que llegó puntual, fue en una ocasión que él le cogió el reloj y se lo adelantó algo mas de unos minutos, justo esos que la retrasaban siempre.
Evocó sus últimas imágenes juntos. Hoy tan lejanas y a la vez tan cercanas…
Sucedió un otoño...
Allí estaba ella; su larga melena oscura de rizos rebeldes cubría parte de su rostro. Enfundada en un abrigo de paño, parecía una niña grande que apenas asomaba la nariz entre la solapa del chaquetón dos tallas más grande que la suya. Con pasos lentos pero seguros, se acercó a él y con aquella endiablada y maravillosa sonrisa desmoronó el enfado que su impuntualidad provocó.
Se tiró a su cuello uniendo sus labios, con ese beso largo que se echa de menos...
Allí estaba ella; su larga melena oscura de rizos rebeldes cubría parte de su rostro. Enfundada en un abrigo de paño, parecía una niña grande que apenas asomaba la nariz entre la solapa del chaquetón dos tallas más grande que la suya. Con pasos lentos pero seguros, se acercó a él y con aquella endiablada y maravillosa sonrisa desmoronó el enfado que su impuntualidad provocó.
Se tiró a su cuello uniendo sus labios, con ese beso largo que se echa de menos...
Se dirigieron a casa. Ya en el sofá y sin ningún vestigio de enfado, compartieron una película de terror; ella las odiaba, a él le fascinaban. Ese recuerdo, dibujó una melancólica mueca en sus labios permaneciendo por largo tiempo, mientras una serie de fotogramas paseaban por su mente.
Aquellas películas de miedo, la invitaba a perderse entre su pecho buscando la protección de su algo más de metro ochenta. Escondida bajo la manta del sofá, le pedia con voz ténue que le narrase aquellas escenas que no tenía valor para mirar.
... Siguió sonriendo al perderse entre esos retazos evocados, reviviendo asi, sensaciones que el mismo había aniquilado de un plumazo.
Una nube gris, como las de esos inviernos que amenazan con arrasar las flores de tu jardín, se poso en sus recuerdos, induciendole a seguir aquel catálogo de imagenes que habian secuestrado su voluntad; mientras calle abajo, sus pies le llevaban a un escenario alguna vez compartido al lado de aquella mujer.
Su corazón se encongió al rememorar aquel instante en el sofá; el descanso de aquella película le dió paso para acabar con lo mas hermoso que tenía; bajó su rostro y clavó sus ojos en los de ella. Ambas miradas se encontraron; la joven intuía que algo no iba bien. A veces, los malos presagios son como volutas grises que se contonean con sigilo, mezclándose con el aire hasta formar parte de el.
“Tenemos que hablar” esa fue la primera de las dos únicas frases que salieron de sus labios. Un enunciado demoledor con el que comienzan todas las conversaciones que llevan a un final.
Él le acarició el rostro, no habían lágrimas; parecía triste y aturdida, pero permanecíó en silencio.
Él le acarició el rostro, no habían lágrimas; parecía triste y aturdida, pero permanecíó en silencio.
Apenas con un hilo de voz, argumento sentirse perdido, necesitaba volar, sentirla en el silencio y la distancia. Sin dar más cuartel ni mirar para detrás, se levantó abandonando la pequeña y desolada estancia…
... Habían pasado quince años. Las canas pintaban su ya olvidado cabello oscuro. Su rostro más curtido por los años, marcó cada arruga delatando las emociones y el sufrimiento de una ausencia...
Nunca le dijo el motivo de su despedida. Ya era tarde, el tiempo se encargó de desdibujar las razones que años después perdía validez alguna. Cómo explicar que a pesar de esa decisión, siguió amándola…
A menudo, se preguntaba de que forma su amada habría vivido su abandono. Posiblemente borrándolo de su memoria y poco a poco, enterrando su recuerdo ya sentenciando a la indiferencia.
Caía la tarde cuando llegó al viejo caserón heredado por sus padres; nido de amor de una pasión de juventud que pronto se vio truncada por los infortunios de una elección.
… Como en los viejos tiempos, se levantó al alba para pasear por el prado. Unos segundos antes de retomar el regreso, su sangre se heló, quizás su mente urdía una broma de mal gusto al creer ver esa figura que tanto ansiaba...
Divisó dos jinetes en la niebla; no daba crédito a sus ojos; esa silueta sobre aquel caballo... ¡no podía ser ella!. Su corazón parecía querer salir del pecho cual caballo desbocado. Apretó los puños enfundados en los bolsillos de su chaqueta a cuadros, compañera fiel de aquellos garbeos de juventud….
Divisó dos jinetes en la niebla; no daba crédito a sus ojos; esa silueta sobre aquel caballo... ¡no podía ser ella!. Su corazón parecía querer salir del pecho cual caballo desbocado. Apretó los puños enfundados en los bolsillos de su chaqueta a cuadros, compañera fiel de aquellos garbeos de juventud….
Sus miradas algo confusas se cruzaron y en sus gargantas, quedó atrapado todo lo no dicho, lo nunca confesado. La sombra de un sueño roto, bajó el telón de una frágil esperanza.
Aquel encuentro, no inmortalizó un final feliz, donde chico corre a buscar a chica y se funden en un apasionado abrazo. Esta vez, la chica iba acompañada y cual dos extraños siguieron sus caminos.
El tiempo ganó la batalla al silencio de su partida.
“Sus entonces grandes corazones, que pequeños quedaron. Sus muchos propósitos que pocos fueron. Cada uno con su nombre, cada uno con su pasado sin cruzar las aceras para saludarse…”
"Las guerras se libran en el corazón y sólo cuando se derrota a los fantasmas que habitan en el alma, el enemigo se convierte en cortina de humo..."
Esther Mendoza.
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