lunes, 2 de abril de 2012

"EL LAGO..."

"silencios que curan..."



 
En el me perderé para reencontrarme…

A veces, el ser humano se siente muerto, sin expectativas de recuperar sus sueños. Anda caminos que no lo llevan a ninguna parte, se pierde en bosques de dudas, sube montañas de obstáculos y fija sus ojos en un cielo nuboso; desesperado, baja la cordillera, se aleja de la espesura y cierra los ojos al firmamento…

Se sienta en el laberinto de su vida y hundiendo la cabeza entre sus manos, observa abatido las lágrimas de desesperanza que caen por su rostro…

De repente, levanta la mirada y allí esta ese entorno que dará respuesta a su espíritu. Curará su dolor y acariciará su corazón…

El lago es ese rincón donde descansan las pupilas; en el reposan los recuerdos que acaricia la memoria. El cuerpo, se abandona a la sutil invitación de sumergirse entre sus aguas, delegando los sentidos a la sublime fantasía de un coro de elfos y hadas que canturrean desde su hondura

El ruido de la mente, lucha contra la codiciosa presunción del ego que desea ganar batallas, tratando de alejar al ser del remanso de paz que ofrece el lugar.

Por otro lado, el lago te arrastra hasta el fondo para guiarte a la comprensión de aquello que viste en otras miradas; tal vez ,todo eso que no te gusta de ti y no hubieras querido ver. 
Una inquietud movida por la oscuridad de unos demonios tan inmensos como el océano. También, podria ser un bálsamo que  sane las heridas de nuestras propias taras.

Un lago puede ejercer de espejo. Podríamos visualizar en él lo aspectos más recónditos que guardamos; tímidos deseos, la inseguridad de una ilusión, temores inconfesables que por tiempo nos secuestraron. Aquello que albergó nuestra esencia y decidió por nuestra razón, cogiendo las riendas de las emociones que por años,  se apoderaron de nuestro libre albedrio, para colocarnos como marionetas, en el teatro de la arrogancia.

En el lago, depositamos lo dulce y amargo, lo claro y oscuro con la esperanza de encomendar allí, la carga de una pena, la tristeza de un silencio, la ausencia de un amor…

El lago escucha y mudo recoge todo lo consignado en su profundidad, emergiendo nuevamente para entregar en un espejo  a modo de reflexion, nuestros callados anhelos…

“Es inviable dijo el orgullo, es peligroso pensó la experiencia, no merece la pena decidió la razón, arriésgate susurró su corazón…”

Esther Mendoza


domingo, 1 de abril de 2012

"ESO, ESO QUE LLAMAS AMOR..."

La realidad es siempre la misma  y lo que es, es. Cuidado con tus percepciones. Si lo que ves, se ajusta a la medida de la realidad que a ti más te conviene, desconfía de tus ojos…
Jorge Bucay.

Sucede o no sucede…

Para construir una relación intima, no es suficiente con el amor. Es necesaria la atracción, la certidumbre y el atrevimiento de arriesgar. Se necesita ver algo que nos atraiga, nos embelese, nos guste y nos lleve a pensarle; hace falta confiar en el otro… 

La confianza en una relación íntima, implica tal grado de compromiso que jamás se contempla la mentira...

El amor, el encanto, la franqueza, son sensaciones que pudieran ocurrir o no, cuando no sucede, la relación se llama buena pero no intima y si no es íntima, no trascenderá...

Podemos decidir no amar. Hay oportunidades donde la apuesta por ese deseo, pierde fuerza ante aquello que nos toca vivir e implícito va, el hecho de entregarnos al carisma y agradecimiento nacido de la entrega del otro, eso es algo que sucede o no sucede. 

Todas las historias tienen un desenlace y algunas llegan a un cruce de caminos pasando a la siguiente prueba.; a veces juntos y otras por separados. Si ha ocurrido así, de nada sirve permanecer en aquello que tuvo su momento. El sacrificio, no puede ejercer la potestad de que dure más allá de su tiempo.

Si nos resignamos en lugar de amar, nos mutilamos, cancelamos nuestra vida consiguiendo la lástima, la consideración o tal vez, la gratitud del otro; pero eso no asegura su amor. Eso, eso que llamamos amor, ni siquiera depende de ti…

A menudo, nos cuestionamos afectos que deben estar exentos del recelo, sin embargo, le ponemos la incógnita y tildamos de dudoso aquello que nos seduce y cautiva nuestra atención concluyendo con un “¿vale la pena?”

¿Es posible que el orgullo o tal vez el miedo, nos haga sospechar de la veracidad de esa devoción, rara vez generosa y libre ante nuestros ojos?

¿Se puede reflexionar sobre los hilos que mueven al corazón? Es fácil tomar actitudes inexorables ante lo desconocido, pero ¿por qué con aquellas emociones que alimentan nuestra alma, esas, que hablan de aquellas relaciones íntimas que generan encuentros comprometidos que trascienden en el tiempo?… cuan familiarizados estamos con el abismo de la indecisión 

Eso, eso que llamamos amor, no genera dudas, ni miedos, ni punto de encuentro ni desencuentros que nos coloca en el trono del “yo soy” provocando lágrimas y desconsuelo en el otro…

Eso, eso que llamamos amor, habla del tamaño de las personas, nos brinda alegrías, regala sonrisas, sujeta manos y como un péndulo se mantiene estático en el lugar y momento correcto; sin preguntas, sin modificar quien eres, solo valorando y respetando la experiencia de conocerte. 

Tu existencia no admite representantes, mas bien compañeros de viaje. El amor es el orden mágico de las piezas de una vida…

Eso, eso que llamamos amor, a veces sucede o no sucede…

Esther Mendoza.



martes, 20 de marzo de 2012

"ESPEJOS ROTOS..."



Nunca dejes que un espejo roto refleje el rostro de quien no eres, ni permitas que el juicio de los demás estropee tu juventud…

Mi espejo roto…

Me costó abrir los parpados y seguidamente aceptar que aún seguía aquí, entre los mortales. Me pregunté ¿por qué? si este no era mi sitio, no lo sentía, no lo quería. Cualquier signo de esperanza era un golpe bajo a mi deseo de eclipsarme. Note correr la sangre por mis venas y el latido de mi corazón parecía una burla del destino…

Ningún estímulo logró motivar que la ilusión entrara en mi torrente de vida. Por momentos, mi mente buscó alternativas que pudiera disuadir a la imposición del universo a obligarme a seguir respirando…

Las lágrimas, corrían por mi rostro y no hice nada por secarlas... Todo mi ser era un torbellino de emociones contradictorias  cargado de incógnitas; no pudiendo ser respondidas por nadie más que por mí mísmo.

A mí alrededor, visualice los vestigios de una errónea decisión. Huellas que marcaron ese instante que  separa la delgada línea que rompe el cordón umbilical con nuestra existencia; estar o no estar, cualquiera de las dos opciones, me convertía en un ser desdichado.

Autómata; así me comporté y pronto aprendí a moverme entre los demás como uno de ellos. Fingí felicidad y dominé  el sarcasmo de un destino que me imponía una vida que no deseaba. Bloquee mi mente a la racionalidad de un rol que me encasillaba en un cuerpo que rechazaba.

Mis pocos años pesaban como los de un aciano. Cerré los ojos ante aquellos espejos rotos que cuarteaban el proyecto de una vida que trace en mi niñez. Mi confianza, se parecía  a los pájaros de verano que con facilidad se van. 
Nuevamente, deje de creer en el paradigma de la felicidad para abandonarme a la amarga sensación de sentir que estaba en el momento y lugar equivocado, resultando inevitable la rendición.

Y aunque alguien cogió de mi mano aquellos espejos rotos, yo cerre su puño dañando así una generosidad que no veía...

Me olvidé del poder del amor. Sentimiento de comprensión que en ocasiones, fue la fuente de escasas plegarias en mis noches de soledad tormentosas deseando que ellas fueran escuchadas.

“Mi fe es poca. En mi corazón no se alberga pero a veces, suceden los milagros…”

Esther Mendoza.

sábado, 3 de marzo de 2012

"CARTA A UNA MADRE..."

Las alas de tu amor entre mis palabras...



“Juntemos el perfume de las flores, el arrullo de las alas, la firmeza de una montaña, la quietud del rio, la frescura de los valles, las miradas de las estrellas, la caricia de una brisa, el beso guardado por Dios en un corazón de mujer, eso, es una MADRE…”

Carta a una madre... 
 Después de mucho tiempo, me siento a escribir aquellos párrafos que quedaron a medias ...

Sentada en el borde del abismo de mis pensamientos, evoco instantes custodiados en un rincón de mi memoria. Me cuesta recordar en qué momento de nuestra historia nos perdimos como madre e hija; de esa inevitable distancia que surge como consecuencia de una ausencia y lugar para los afectos; restándole su protagonismo por falta de tiempo o por sobreentender que todo queda dicho… 

Tal vez, los términos no sean estos y tan sólo sea el acomodo de los seres humanos al dar por sentado que el amor, siempre está ahí y no necesita ser sacudido del polvo de la comodidad de las palabras...

Sobre el piano, observo esa fotografía, marco y tarjeta de presentación de una fina estampa familiar. Algunas imágenes pasean por mi mente reviviendo situaciones de enfados y alegrías, que tal vez en otra situación, tendría otro significado para mí; Icono afín que me envuelve en melancolía.

Sentires no expresados que secuestraron la voluntad de acercarme, impidiendo que conocieras aquello que fue causa de alegrías y tristezas, sin embargo, el temor tuvo más fuerza. La soledad y el abandono propio del entorno y mis sentimientos de niña, prevalecieron por encima de mis deseos cerrando mi boca, ahogando mis emociones y asfixiando mis palabras.

Expresar afectos, iba en contraposición a la comprensión y herirte, jamás formó parte de mi necesidad de ser escuchada con un todo vale. No entró nunca en mis planes arrancarte lágrimas nacidas de mi rebeldía, que pataleaba ante una demanda del propio corazón y dificil de entender a veces. La juventud, nos refleja en espejos donde las fronteras y los límites no tienen fin.
Ví, como te dividías para llegar a todas partes al mismo tiempo, olvidándote de ti y disimulando el cansancio dibujado en tu rostro con una amplia y tranquilizadora sonrisa.

La educación de esa época basada en los miedos y tabúes, engendraron hijos sumisos donde la obediencia sin contemplación, era la máxima de una prole bien educada. Nosotros, mis hermanos y yo, nos consideramos unos privilegiados por vuestra mentaliad abierta e igualitaria a la hora de formarnos.

Madre, sé que me amaste. Tal vez, nuestro cometido no fue el de amigas confidentes, aunque en ocasiones tu debilidad de mujer hizo que me vieras de igual a igual, descansando esas confidencias sobre el tapete de la mesa que nos separaba. Guardo como un preciado tesoro todo aquello que me transmitiste, palabras, gestos y acciones tímidas que salían a pasear en los momentos de tu debilidad humana. 

Creía que sabía todo de ti;  no te expusiste a la ambigüedad de los otros. Tu mente pragmática y necesidad de controlar el entorno como consecuencia del rol de madre, me hizo valorar y prestar más atención  a tu condescendencia de “mamá y mujer”. Nadie, te enseño que arriesgar y equivocarse en algunos momentos, son dos caras de la misma moneda. Sin embargo, conocí la identidad de tu alma al ejemplarizar en actitudes, la aceptación de lo que te tocó aprender…
Revivo escenas de mi infancia. Tu voz alegre y cantarina despertándonos  por las mañanas, acompañando las tragedias de los boleros de Machín ó los Panchos con su “reloj no marques las horas…”, también, tu sonora carcajada corriendo por el pasillo tras cuatro niños con zapatilla en mano después, de haberles descubierto en alguna travesura...
Inolvidable la hora de la merienda; mis papilas gustativas al viajar en el  tiempo, se pierden entre las  galletas María  y el chocolate caliente en el tazón personalizado que teníamos (la niña, el pequeñín, el rebelde y el gruñón)…

El broche de oro al recapitular la película de mi vida, se lo lleva las anheladas noches, calificadas éstas, como “lo mejor de aquellos días” Todos juntos como polluelos nos refugiábamos buscando el calor en tu cama y embelesados, escuchábamos aquellas “historias de viejos” que nos desvelaban, en vez de adormecernos debido a su alto contenido en suspense.., pero siempre, terminabas con ese cuento donde ¡todos eran buenos!... y los finales no se comían a las perdices…

Madre, evoco de mi padre, sus notas manuscritas en un papel cuidadosamente elegido, con una carga sentimental que fomentó en mí, el amor romántico...  Cada día en los rincones de la casa,  había algunas misivas recordándote lo que te amaba. Mensajes en una bandeja que vestían junto a la flor, el café que despertaba tus mañanas. Te cuidó como a la niña de sus ojos, amándote como se amaba a sí mismo sin diferenciar las almas, pues los dos, formasteis una…
Sería fácil buscar en un nicho esa parte de ti que yace de la materia; pero no te reconozco ahí, te siento cerca, presente, en mi...
Enviar al cielo esta carta seria una utopía; hay huelga de mensajeros; parece que están todos aquí abajo tratando de arreglar algunos principios de piedra de muchos, donde la tolerancia y el respeto brillan por su ausencia. Mucho trabajo para los ángeles...
En ocasiones, junto a la semilla del amor crece la del desprecio, desencadenando que hombres y mujeres empuñen la espada de Damocles. 

Me perdí en el tiempo al confiar que era inmune al sentimiento de  tu perdida, no me preparé para ello. 
Mi timidez de niña, me convirtió con los años en la mujer introvertida que se privó de los actos únicos que sólo, pueden existir entre madres e hijas. 

Hoy, te busco en algunos rincones de mi existencia. Te recuerdo en mis momentos de soledad elegida pidiéndote en una humilde plegaria, que no te alejes mucho y cual ángel protector, me sigas cuidando como en mi niñez, librándome de toda fuente de peligro. Cuando el sufrimiento nos sorprendía, nos enseñaste a ser buenos alumn@s, aceptando la adversidad para comprender rápidamente la lección y avanzar en este viaje llamado vida… 

Esther Mendoza.






domingo, 26 de febrero de 2012

"EL CHICO DE LA CHAQUETA VERDE..."

UNA PROMESA CUMPLIDA...
 

    
 
Su humildad de corazón le  hacía restarse valor frente a esas otras cualidades y carisma que adornaban a su persona, entendía que aceptar esas cualidades le definiría como un ser prepotente y vanidoso…
Inseparable de su chaqueta verde, compañera fiel de las estaciones donde no siempre cumplía con el cometido de darle calor a su cuerpo o a su espíritu, la prenda guardaba en sus bolsillos historias cargadas de pasión y lágrimas que fueron enjugadas en pañuelos de papel, copartícipe de aquellos silencios vividos en rincones de la ciudad, escenario cómplice que le ofrecía fotogramas cargados de hechizos para él.
Era un hombre vetado a la suerte, nunca la supo ver. Quizás, las circunstancias que le rodearon no le ayudaron a hacer una buena gestión en el mapa de su vida; deambulaba solo por ella, guardando su tristeza en la comisura de sus labios y embelleciendo con palabras hermosas lo que otros afearon.
Le robaron el espejo en que se reflejaba la inocencia del artista que construye maravillosas obras nacidas de la pasión del don concedido, además, del atril donde se exponían sus ilusiones de niño y la oportunidad de ser él mismo…
Su conciencia infante pedía a gritos que lo abrazaran, que sujetaran sus manos y le recordaran lo especial que era; una criatura fuerte y generosa encorsetada en un cuerpo adulto que cansado y lastimado bloqueaba su afán de libertad. La culpa y el resentimiento brotaban en la soledad de su hogar, convirtiéndose en oraciones paganas. Su tímida bondad, acariciaba las cicatrices de un abandono que venía más allá del camino recorrido, quizás mil años atrás…  Era como un Peter Pan en una polis donde la fantasía era encarcelada en las mentes pragmáticas.
Tenía sueños..
…Recorrer el mundo en un velero y guardar en su memoria aquellos lugares fabulosos en compañía de su amada; una mujer sin rostro cuyo nombre era Rebeca, una utopía sobre su manera de entender el amor donde entrega y generosidad era incondicional renunciando a los sueños que pudiera tener aquella mujer que aparecía en sus sueños cada noche para repetirle su propósito de seguirle siempre… algo que solo quedó en un rincón de sus mas íntimos deseos, ella nunca llego.
Sin embargo…
La vida le colocó en un escenario que difícilmente supo manejar, le faltaba las tablas de los osados, esos que no tienen dudas y apuestan por vivir en el laberinto de la espera. Construyó un castillo de naipes donde cualquier estocada a su fe derrumbaría sus frágiles sueños. Su mundo resulto quebradizo, vacío y frio… pasó la vida lamiendo las heridas del pasado… Y el pasado siempre vuelve sobre todo, cuando uno no se ha perdonado…
… Se bajó el telón para él, entre las luces y las sombras el único aplauso y reconocimiento que podía obtener, era el amor así mismo y la lealtad que nunca se prodigo.
 “El amor, es como una pieza de teatro donde los actos son muy cortos y los entreactos muy largos, los intermedios, hay que llenarlos con nuestro propio ingenio…” (Tal como decía, una escritora inglesa)
Esther Mendoza.
 

 
 
 



martes, 14 de febrero de 2012

"EL SUEÑO DEL VIOLINISTA..."











Siento frío en cada rincón de mi anciano cuerpo, los años arrugaron el optimismo que acompaña la sombra de una juventud anquilosada en un calendario. Parte de mis extremidades, se dejan caer sobre un viejo escritorio evocando entre fantasía y realidad, su silueta desdibujada en mi memoria...


Me debato entre dos mundos. Imposible no comulgar con ellos a estas horas de una noche que pronto anunciará el alba, inevitablemente, me rindo a las órdenes del cansancio físico.


Morfeo llega sigilosamente y, de puntillas, se adueña de mi estado alfa. Me arrastra con sutileza al abandono de unos deseos no confesados, ¡esos!..., que afloran cuando pierdo el ritmo de mi cuerpo y de mi mente.


Mis manos de músico reposan sobre las amarillentas partituras y la complicidad de un pensamiento recurrente durante décadas, duerme en una esquina de mi corazón cansado, él, la sigue esperado…
Dejo caer mi cabeza en la dureza de una mesa y noto como los rizos de mis cabellos se dejan acariciar por las cuerdas suaves del violín que custodian la fragilidad de un letargo. El arco, se faculta para preservar el hechizo que envuelve mi sueño…


Entre fábula y verdad, una legión de sensaciones asaltan mi nuca y, danzando al valor de los sonidos de una pieza de Beethoven, aparece ella… a un centímetro de mi..., con la misma dulzura que guardé en un cajón cargado de recuerdos tiempo atrás…

¡Preso del embrujo!, ¡me escondo entre el puente y la escotadura! cayendo irremediablemente en la seducción de los tonos dorados  de una secreta utopía que ha conquistado ya mi espíritu... Su figura se contonea en el borde del adormecimiento del que soy cautivo, no estoy seguro si en mi aletargamiento sonrío o esbozo una mueca de dolor y desesperación; acaricio la sutil esperanza de verla en la nebulosa de un deseo; una agridulce emoción secuestra mi desvarío... Mientras tanto,  las curvas del instrumento se deslizan entre mis manos rescatando del aire la reminiscencia de su silueta atrapada en las bucólicas y mágicas cosas aparentemente insignificantes, aquellas que hacen tantas estaciones aprendí a su lado.


Y, en el ocaso de mi evocación, me despido interpretando la mejor de mis partituras que entre notas me susurra, donde vertí mis últimas lágrimas...
Tal vez ellas cayeron en el pozo de la decepción donde, el velo de la admiración se desvaneció cual cortina de humo curando la ceguera que yo mismo provoqué…


Existen cruces de miradas que ponen al descubierto la duda y la incertidumbre de seguir o quedarse en una intercesión de caminos. Los dos elegimos la bajada de un telón para un amor que ya no tenía caso.


Si pudiera dividir la soledad en orillas, en una estaría el tiempo vivido a su lado, y, en el otro extremo, tú, mi violín receptor de algunos castigos injustamente infringidos. Silencié el sonido de tus cuerdas que tanto me recordaba a ella. Sin embargo, moldeaste los movimientos de mis dedos de tal forma que cada cuerda recibió el mimo merecido, en definitiva, creaste la banda sonora de cada uno de los capítulos de mi vida…  


Mi mente se rebela. Ella me obliga a viajar por lugares prohibidos llevándome a un destino conocido… pero, ¡qué fácil sería amor si estuvieras conmigo!… Esta vigilia ¡me hace creer que duermo!, parece eterna y no quiero despertar…
La brisa de la madrugada acaricia mi rostro y me lleva por recovecos que me alejan de una quimera. Sé, o al menos deseo creer, que tarareas cerca de mí enredándote en una súplica que confesé a mi viejo violín. 


Esta aventura onírica me enseña que nada es eterno en el mundo de los mortales. Lo efímero tiene un símil tan hermoso y breve como un cielo estrellado que llora a una luna ausente que se prodiga descaradamente en las noches claras.

....Dulces motivos surgen entre los astros incitándome a permanecer con los ojos cerrados rememorando nuevamente, la ilusión de un instante...


A modo de plegaria a la divinidad  del durmiente y abrazado a mi violín, sólo puedo preguntarle al despertar, ¿Cuáles son aquellas cosas que realmente importan…?.


Esther Mendoza.




"Siempre habrán tantas frases inacabadas, como historias en el olvido…"




jueves, 9 de febrero de 2012

"¡ ¿19 ya?! "


"CUANDO LA DULZURA TIENE UN NOMBRE..."

¡¡¡Feliz Cumpleaños Princesa!!!

Para Anaïs, mi hija…

¡Un año más!. Mi pequeña gran mujer cumple 19!! La vida hoy te hace el mejor regalo, reescribir tu historia, no sólo en el día de tu cumpleaños sino todos los días de tu vida. 

Han sido 365 días cargado de pruebas, de obstáculos que parecían insalvables, que cómo gigantes amenazaban en ocasiones con aplastar todo aquello que tuviese delante y cuan pequeña te sentías frente a ellos, sin embargo, el amor por ti misma y la fe, ese sentimiento que nace de la soledad, te ha hecho más fuerte, generosa y valerosa. Los arrepentimientos y  los errores son producto de la memoria, ¿quien abría sabido cuan agridulce sabría el aprendizaje?…

Hace 19 años nos presentaron y aún conservo en mi memoria ese caudal de emociones y temor de no ser lo suficientemente buena madre para ti, pero has sido una gran maestra y en ocasiones, me lo has puesto muy difícil; convirtiendo en hermosas mariposas aquellas orugas feas e incordiosas.

 Me encanta cuando pones esa cara al sonreir porque enciendes mi corazón de madre. A veces, veo en ti a una abuelita que me recuerda aquellas cosas que me cuesta creer sobre mí, y tu,cómo un pepito grillo enumeras cada una de ellas con el mismo entusiasmo que el mago de OZ, cuando consolaba a  Dorothy en los momentos que se sentía afligida y perdida.

En tu papel de hija, has aprendido a desarrollar el de amiga, hermana y si te dejara (que no es tu cometido), el de esa madre que hace mucho perdí...

¡Sigue haciendo ruido por la casa!, Enfadándote por las pequeñeces que te rodea!, creyendo que hay un mañana mejor, ello, me hace sentirte ¡¡¡viva!!!  porque el arco iris de tu mundo lo pintas tú… cada año será especial para ti por la infinidad de cosas que sucederán en tu vida. Obsérvalas. Trata de aprender  de todo cuanto te ocurre pues ahí, esta la respuesta de tu papel en esta experiencia terrenal y plan divino creado sólo para ti.

Enumerar nuestras virtudes no nos convierte en mejores personas, sin embargo, corregir lo menos agradable nos hace mas valioso para los otros, y por supuesto para uno mismo. Los actos nos ennoblece y nos ayuda a dormir mejor... ello, no debes olvidarlo nunca princesa.

Te quiero.
Mamá.