sábado, 3 de marzo de 2012

"CARTA A UNA MADRE..."

Las alas de tu amor entre mis palabras...



“Juntemos el perfume de las flores, el arrullo de las alas, la firmeza de una montaña, la quietud del rio, la frescura de los valles, las miradas de las estrellas, la caricia de una brisa, el beso guardado por Dios en un corazón de mujer, eso, es una MADRE…”

Carta a una madre... 
 Después de mucho tiempo, me siento a escribir aquellos párrafos que quedaron a medias ...

Sentada en el borde del abismo de mis pensamientos, evoco instantes custodiados en un rincón de mi memoria. Me cuesta recordar en qué momento de nuestra historia nos perdimos como madre e hija; de esa inevitable distancia que surge como consecuencia de una ausencia y lugar para los afectos; restándole su protagonismo por falta de tiempo o por sobreentender que todo queda dicho… 

Tal vez, los términos no sean estos y tan sólo sea el acomodo de los seres humanos al dar por sentado que el amor, siempre está ahí y no necesita ser sacudido del polvo de la comodidad de las palabras...

Sobre el piano, observo esa fotografía, marco y tarjeta de presentación de una fina estampa familiar. Algunas imágenes pasean por mi mente reviviendo situaciones de enfados y alegrías, que tal vez en otra situación, tendría otro significado para mí; Icono afín que me envuelve en melancolía.

Sentires no expresados que secuestraron la voluntad de acercarme, impidiendo que conocieras aquello que fue causa de alegrías y tristezas, sin embargo, el temor tuvo más fuerza. La soledad y el abandono propio del entorno y mis sentimientos de niña, prevalecieron por encima de mis deseos cerrando mi boca, ahogando mis emociones y asfixiando mis palabras.

Expresar afectos, iba en contraposición a la comprensión y herirte, jamás formó parte de mi necesidad de ser escuchada con un todo vale. No entró nunca en mis planes arrancarte lágrimas nacidas de mi rebeldía, que pataleaba ante una demanda del propio corazón y dificil de entender a veces. La juventud, nos refleja en espejos donde las fronteras y los límites no tienen fin.
Ví, como te dividías para llegar a todas partes al mismo tiempo, olvidándote de ti y disimulando el cansancio dibujado en tu rostro con una amplia y tranquilizadora sonrisa.

La educación de esa época basada en los miedos y tabúes, engendraron hijos sumisos donde la obediencia sin contemplación, era la máxima de una prole bien educada. Nosotros, mis hermanos y yo, nos consideramos unos privilegiados por vuestra mentaliad abierta e igualitaria a la hora de formarnos.

Madre, sé que me amaste. Tal vez, nuestro cometido no fue el de amigas confidentes, aunque en ocasiones tu debilidad de mujer hizo que me vieras de igual a igual, descansando esas confidencias sobre el tapete de la mesa que nos separaba. Guardo como un preciado tesoro todo aquello que me transmitiste, palabras, gestos y acciones tímidas que salían a pasear en los momentos de tu debilidad humana. 

Creía que sabía todo de ti;  no te expusiste a la ambigüedad de los otros. Tu mente pragmática y necesidad de controlar el entorno como consecuencia del rol de madre, me hizo valorar y prestar más atención  a tu condescendencia de “mamá y mujer”. Nadie, te enseño que arriesgar y equivocarse en algunos momentos, son dos caras de la misma moneda. Sin embargo, conocí la identidad de tu alma al ejemplarizar en actitudes, la aceptación de lo que te tocó aprender…
Revivo escenas de mi infancia. Tu voz alegre y cantarina despertándonos  por las mañanas, acompañando las tragedias de los boleros de Machín ó los Panchos con su “reloj no marques las horas…”, también, tu sonora carcajada corriendo por el pasillo tras cuatro niños con zapatilla en mano después, de haberles descubierto en alguna travesura...
Inolvidable la hora de la merienda; mis papilas gustativas al viajar en el  tiempo, se pierden entre las  galletas María  y el chocolate caliente en el tazón personalizado que teníamos (la niña, el pequeñín, el rebelde y el gruñón)…

El broche de oro al recapitular la película de mi vida, se lo lleva las anheladas noches, calificadas éstas, como “lo mejor de aquellos días” Todos juntos como polluelos nos refugiábamos buscando el calor en tu cama y embelesados, escuchábamos aquellas “historias de viejos” que nos desvelaban, en vez de adormecernos debido a su alto contenido en suspense.., pero siempre, terminabas con ese cuento donde ¡todos eran buenos!... y los finales no se comían a las perdices…

Madre, evoco de mi padre, sus notas manuscritas en un papel cuidadosamente elegido, con una carga sentimental que fomentó en mí, el amor romántico...  Cada día en los rincones de la casa,  había algunas misivas recordándote lo que te amaba. Mensajes en una bandeja que vestían junto a la flor, el café que despertaba tus mañanas. Te cuidó como a la niña de sus ojos, amándote como se amaba a sí mismo sin diferenciar las almas, pues los dos, formasteis una…
Sería fácil buscar en un nicho esa parte de ti que yace de la materia; pero no te reconozco ahí, te siento cerca, presente, en mi...
Enviar al cielo esta carta seria una utopía; hay huelga de mensajeros; parece que están todos aquí abajo tratando de arreglar algunos principios de piedra de muchos, donde la tolerancia y el respeto brillan por su ausencia. Mucho trabajo para los ángeles...
En ocasiones, junto a la semilla del amor crece la del desprecio, desencadenando que hombres y mujeres empuñen la espada de Damocles. 

Me perdí en el tiempo al confiar que era inmune al sentimiento de  tu perdida, no me preparé para ello. 
Mi timidez de niña, me convirtió con los años en la mujer introvertida que se privó de los actos únicos que sólo, pueden existir entre madres e hijas. 

Hoy, te busco en algunos rincones de mi existencia. Te recuerdo en mis momentos de soledad elegida pidiéndote en una humilde plegaria, que no te alejes mucho y cual ángel protector, me sigas cuidando como en mi niñez, librándome de toda fuente de peligro. Cuando el sufrimiento nos sorprendía, nos enseñaste a ser buenos alumn@s, aceptando la adversidad para comprender rápidamente la lección y avanzar en este viaje llamado vida… 

Esther Mendoza.






domingo, 26 de febrero de 2012

"EL CHICO DE LA CHAQUETA VERDE..."

UNA PROMESA CUMPLIDA...
 

    
 
Su humildad de corazón le  hacía restarse valor frente a esas otras cualidades y carisma que adornaban a su persona, entendía que aceptar esas cualidades le definiría como un ser prepotente y vanidoso…
Inseparable de su chaqueta verde, compañera fiel de las estaciones donde no siempre cumplía con el cometido de darle calor a su cuerpo o a su espíritu, la prenda guardaba en sus bolsillos historias cargadas de pasión y lágrimas que fueron enjugadas en pañuelos de papel, copartícipe de aquellos silencios vividos en rincones de la ciudad, escenario cómplice que le ofrecía fotogramas cargados de hechizos para él.
Era un hombre vetado a la suerte, nunca la supo ver. Quizás, las circunstancias que le rodearon no le ayudaron a hacer una buena gestión en el mapa de su vida; deambulaba solo por ella, guardando su tristeza en la comisura de sus labios y embelleciendo con palabras hermosas lo que otros afearon.
Le robaron el espejo en que se reflejaba la inocencia del artista que construye maravillosas obras nacidas de la pasión del don concedido, además, del atril donde se exponían sus ilusiones de niño y la oportunidad de ser él mismo…
Su conciencia infante pedía a gritos que lo abrazaran, que sujetaran sus manos y le recordaran lo especial que era; una criatura fuerte y generosa encorsetada en un cuerpo adulto que cansado y lastimado bloqueaba su afán de libertad. La culpa y el resentimiento brotaban en la soledad de su hogar, convirtiéndose en oraciones paganas. Su tímida bondad, acariciaba las cicatrices de un abandono que venía más allá del camino recorrido, quizás mil años atrás…  Era como un Peter Pan en una polis donde la fantasía era encarcelada en las mentes pragmáticas.
Tenía sueños..
…Recorrer el mundo en un velero y guardar en su memoria aquellos lugares fabulosos en compañía de su amada; una mujer sin rostro cuyo nombre era Rebeca, una utopía sobre su manera de entender el amor donde entrega y generosidad era incondicional renunciando a los sueños que pudiera tener aquella mujer que aparecía en sus sueños cada noche para repetirle su propósito de seguirle siempre… algo que solo quedó en un rincón de sus mas íntimos deseos, ella nunca llego.
Sin embargo…
La vida le colocó en un escenario que difícilmente supo manejar, le faltaba las tablas de los osados, esos que no tienen dudas y apuestan por vivir en el laberinto de la espera. Construyó un castillo de naipes donde cualquier estocada a su fe derrumbaría sus frágiles sueños. Su mundo resulto quebradizo, vacío y frio… pasó la vida lamiendo las heridas del pasado… Y el pasado siempre vuelve sobre todo, cuando uno no se ha perdonado…
… Se bajó el telón para él, entre las luces y las sombras el único aplauso y reconocimiento que podía obtener, era el amor así mismo y la lealtad que nunca se prodigo.
 “El amor, es como una pieza de teatro donde los actos son muy cortos y los entreactos muy largos, los intermedios, hay que llenarlos con nuestro propio ingenio…” (Tal como decía, una escritora inglesa)
Esther Mendoza.
 

 
 
 



martes, 14 de febrero de 2012

"EL SUEÑO DEL VIOLINISTA..."











Siento frío en cada rincón de mi anciano cuerpo, los años arrugaron el optimismo que acompaña la sombra de una juventud anquilosada en un calendario. Parte de mis extremidades, se dejan caer sobre un viejo escritorio evocando entre fantasía y realidad, su silueta desdibujada en mi memoria...


Me debato entre dos mundos. Imposible no comulgar con ellos a estas horas de una noche que pronto anunciará el alba, inevitablemente, me rindo a las órdenes del cansancio físico.


Morfeo llega sigilosamente y, de puntillas, se adueña de mi estado alfa. Me arrastra con sutileza al abandono de unos deseos no confesados, ¡esos!..., que afloran cuando pierdo el ritmo de mi cuerpo y de mi mente.


Mis manos de músico reposan sobre las amarillentas partituras y la complicidad de un pensamiento recurrente durante décadas, duerme en una esquina de mi corazón cansado, él, la sigue esperado…
Dejo caer mi cabeza en la dureza de una mesa y noto como los rizos de mis cabellos se dejan acariciar por las cuerdas suaves del violín que custodian la fragilidad de un letargo. El arco, se faculta para preservar el hechizo que envuelve mi sueño…


Entre fábula y verdad, una legión de sensaciones asaltan mi nuca y, danzando al valor de los sonidos de una pieza de Beethoven, aparece ella… a un centímetro de mi..., con la misma dulzura que guardé en un cajón cargado de recuerdos tiempo atrás…

¡Preso del embrujo!, ¡me escondo entre el puente y la escotadura! cayendo irremediablemente en la seducción de los tonos dorados  de una secreta utopía que ha conquistado ya mi espíritu... Su figura se contonea en el borde del adormecimiento del que soy cautivo, no estoy seguro si en mi aletargamiento sonrío o esbozo una mueca de dolor y desesperación; acaricio la sutil esperanza de verla en la nebulosa de un deseo; una agridulce emoción secuestra mi desvarío... Mientras tanto,  las curvas del instrumento se deslizan entre mis manos rescatando del aire la reminiscencia de su silueta atrapada en las bucólicas y mágicas cosas aparentemente insignificantes, aquellas que hacen tantas estaciones aprendí a su lado.


Y, en el ocaso de mi evocación, me despido interpretando la mejor de mis partituras que entre notas me susurra, donde vertí mis últimas lágrimas...
Tal vez ellas cayeron en el pozo de la decepción donde, el velo de la admiración se desvaneció cual cortina de humo curando la ceguera que yo mismo provoqué…


Existen cruces de miradas que ponen al descubierto la duda y la incertidumbre de seguir o quedarse en una intercesión de caminos. Los dos elegimos la bajada de un telón para un amor que ya no tenía caso.


Si pudiera dividir la soledad en orillas, en una estaría el tiempo vivido a su lado, y, en el otro extremo, tú, mi violín receptor de algunos castigos injustamente infringidos. Silencié el sonido de tus cuerdas que tanto me recordaba a ella. Sin embargo, moldeaste los movimientos de mis dedos de tal forma que cada cuerda recibió el mimo merecido, en definitiva, creaste la banda sonora de cada uno de los capítulos de mi vida…  


Mi mente se rebela. Ella me obliga a viajar por lugares prohibidos llevándome a un destino conocido… pero, ¡qué fácil sería amor si estuvieras conmigo!… Esta vigilia ¡me hace creer que duermo!, parece eterna y no quiero despertar…
La brisa de la madrugada acaricia mi rostro y me lleva por recovecos que me alejan de una quimera. Sé, o al menos deseo creer, que tarareas cerca de mí enredándote en una súplica que confesé a mi viejo violín. 


Esta aventura onírica me enseña que nada es eterno en el mundo de los mortales. Lo efímero tiene un símil tan hermoso y breve como un cielo estrellado que llora a una luna ausente que se prodiga descaradamente en las noches claras.

....Dulces motivos surgen entre los astros incitándome a permanecer con los ojos cerrados rememorando nuevamente, la ilusión de un instante...


A modo de plegaria a la divinidad  del durmiente y abrazado a mi violín, sólo puedo preguntarle al despertar, ¿Cuáles son aquellas cosas que realmente importan…?.


Esther Mendoza.




"Siempre habrán tantas frases inacabadas, como historias en el olvido…"




jueves, 9 de febrero de 2012

"¡ ¿19 ya?! "


"CUANDO LA DULZURA TIENE UN NOMBRE..."

¡¡¡Feliz Cumpleaños Princesa!!!

Para Anaïs, mi hija…

¡Un año más!. Mi pequeña gran mujer cumple 19!! La vida hoy te hace el mejor regalo, reescribir tu historia, no sólo en el día de tu cumpleaños sino todos los días de tu vida. 

Han sido 365 días cargado de pruebas, de obstáculos que parecían insalvables, que cómo gigantes amenazaban en ocasiones con aplastar todo aquello que tuviese delante y cuan pequeña te sentías frente a ellos, sin embargo, el amor por ti misma y la fe, ese sentimiento que nace de la soledad, te ha hecho más fuerte, generosa y valerosa. Los arrepentimientos y  los errores son producto de la memoria, ¿quien abría sabido cuan agridulce sabría el aprendizaje?…

Hace 19 años nos presentaron y aún conservo en mi memoria ese caudal de emociones y temor de no ser lo suficientemente buena madre para ti, pero has sido una gran maestra y en ocasiones, me lo has puesto muy difícil; convirtiendo en hermosas mariposas aquellas orugas feas e incordiosas.

 Me encanta cuando pones esa cara al sonreir porque enciendes mi corazón de madre. A veces, veo en ti a una abuelita que me recuerda aquellas cosas que me cuesta creer sobre mí, y tu,cómo un pepito grillo enumeras cada una de ellas con el mismo entusiasmo que el mago de OZ, cuando consolaba a  Dorothy en los momentos que se sentía afligida y perdida.

En tu papel de hija, has aprendido a desarrollar el de amiga, hermana y si te dejara (que no es tu cometido), el de esa madre que hace mucho perdí...

¡Sigue haciendo ruido por la casa!, Enfadándote por las pequeñeces que te rodea!, creyendo que hay un mañana mejor, ello, me hace sentirte ¡¡¡viva!!!  porque el arco iris de tu mundo lo pintas tú… cada año será especial para ti por la infinidad de cosas que sucederán en tu vida. Obsérvalas. Trata de aprender  de todo cuanto te ocurre pues ahí, esta la respuesta de tu papel en esta experiencia terrenal y plan divino creado sólo para ti.

Enumerar nuestras virtudes no nos convierte en mejores personas, sin embargo, corregir lo menos agradable nos hace mas valioso para los otros, y por supuesto para uno mismo. Los actos nos ennoblece y nos ayuda a dormir mejor... ello, no debes olvidarlo nunca princesa.

Te quiero.
Mamá.


miércoles, 23 de noviembre de 2011

"... Entre palabras..."




Entre palabras...
Respiro profundamente para dejar salir una hilera de dolorosos pensamientos que se pelean por ordenar aquello que no quiero pronunciar...

Dejo descansar a mi espíritu en la magia de la música cerrando los ojos. Bloqueo mis cinco sentidos, me ha decepcionado el mundo de los mortales. Solo se plasmar una palabra hoy, que quizás mañana borre… 

Ahora, me vuelvo al mundo de los silencios donde espero hallar allí, un refugio para mi alma herida. Dame una señal y dime, dónde se encuentra la tuya..  
Esther Mendoza.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

"Quizás..."

"QUIZÁS..."
 


Quizás, a solas…
La vida, te obliga en ocasiones a enfrentarte a ti mismo. A reconocerte como un ser que tiene flaquezas, miedos, frustraciones. Sentimientos en ocasiones autodestructivos que morirán, cuando aceptas que el único punto de apoyo eres tú, que todo parte de aquello que proyectamos y como un boomerang, nos es devuelto en igual medida y magnitud…

Al principio, eres un barco a la deriva timoneado por emociones turbulentas, cuyo destino es el exilio de nuestra alma a la isla de la decepción…En la confusión de un viaje no deseado y abandonándonos en el silencio, siempre encontraremos aquellas respuestas que otros no podían darnos… 
La niebla traducida en incertidumbre, te conducirá a un pantalán donde tu alma pueda por fin descansar, reconociéndote quizás en esa otra, que esperaba mil años atrás…

 Un siempre, es un código sagrado entre dos personas. El significado de la palabra mengua, cuando se ha vulnerado con frases hirientes, desconfianzas y abandono del sentimiento que lo movía todo, dejando a la deriva una hermosa historia de amor... y como si de una fina porcelana rota se tratara, en dicha restauración, se pierde parte de su hermoso valor...

Esther Mendoza

“El atardecer es nuestro aliado. Se pone de puntillas para darnos la bienvenida cuando llega el ocaso con el más cálido de los últimos rayos de sol.
Dicen los viejos, que en las tardes como éstas al caer el sol, burlonas hadas sirenas ,aparecen ocultas entre la espuma de las olas, acercándose sigilosamente bajo un cántico seductor que embelesa a cuantos allí se encuentran. Le llaman el pantalán de la ilusión, allí ,otras almas, esperan a sus gemelas…”



martes, 1 de noviembre de 2011

"Mi primer añito.."



"las palabras le dan o quitan sentido a los sueños..."

.. Hoy, hace un año que vi cumplida mi pequeño y gran proyecto de crear un blog. Y un uno de noviembre, con un escrito de “donde habitan los silencios y una hermosa fotografía,” plasmé el primer texto que hacía alusión a su nombre; estrenándome así, como candidata a narradora, aunque de momento me defino como un alma entre palabras.
Ese día lo recuerdo con mucha expectación y temor, pues ponía al descubierto emociones y sentires convertidos en frases hechas de un gran valor para mí. Agradezco a quien me impulsó y en su momento confió en mi ilusión ya hoy materializada. 

 Los meses siguientes, me motivaron lo suficiente como para tímidamente hablar de  sentimientos y reflexiones que hablaban del valor de lo cotidiano. Este medio me facilitaba el poder compartir  la importancia de las cosas simples …
Mis palabras llegaron más allá de donde imaginé, y ello me ha dado fuerza y confianza como para seguir escribiendo. Hoy, sigo teniendo motivaciones para continuar comunicándome a través de mis escritos de forma más activa, donde la actitud tímida de andar de puntillas sobre mis textos, ha sido relegada a la reafirmación de expresar y acercarme a todos ustedes de una manera más real y cercana.

 Debo ser agradecida con el Universo. Cada cosa o situación que ha llegado a mi vida, ha sido para mejor; formándome y enseñándome a comprender lo que desde la desesperación resulta difícil. Pero no olvidemos que todo lo que nos ocurre, forma parte de un plan divino para luego convertirnos, dependiendo de nosotros, en mejores personas. Yo a eso, le llamo oportunidad…

No olvido todas y  cada una de esas palabras de ánimo que acariciaron mi sueño de “escribir para otros”, actividad que me hace sentir como pez en el agua, al margen de que pueda hacerlo  mejor o regular. La confianza y la crítica constructiva sin lugar a dudas, sacará lo mejor de mí.

 Donde Habitan los silencios, seguirá siendo ese rincón íntimo y compartido donde Esther Mendoza, expresará lo que siente, deseando poder llegar a esos corazones que como yo, en algún momento se han sentido abatidos, pero también felices y agradecidos.

 Gracias por dedicarme “un tiempo de vuestro tiempo”…

Esther Mendoza.