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lunes, 9 de febrero de 2015

ANAÏS,

La belleza de un alma noble se asoma en su dulce mirada, en la generosidad de sus actos y en su insustituible presencia...

ANAIS…

Hace veintidós años que  nos miramos por vez primera. Una cita a ciegas entre madre e hija, desvelaría ¡por fin!, las ansiadas emociones que despertarían nuestros roles; desconocíamos tal sentimiento hasta el preciso momento de mirarnos...

He de decir que cuando me la pusieron sobre mi tripa ninguna de las dos reaccionamos. Unos enormes ojos azules escudriñaban con su mirada la mía. Ni una lagrima cayo por mi rostro hasta que la enfermera llegó y la aparto de mí, desde entonces, corroboré que era el regalo más preciado que la vida me podría ofrecer…

Con tan solo tres añitos mientras ambas tomábamos un baño de espuma oyendo de fondo un bolero de los Panchos, tras unos segundos de semblante pensativo, reaccionó y me dijo:

…Mamita, yo aprendí el día el que te conocí…
…. ¿Qué aprendiste hija?-. Pregunté sorprendida por tal razonamiento con tan corta edad
… Todo…, y a quererte también...

Recuerdo que la estreché entre mis brazos llenos de espumas y agridulce felicidad; le dije que la vida nos iba a obligar a entendernos, a enfadarnos, pero nunca, a conocer el abandono de la una para con la otra, pero sobre todo, a conocer el valor que tiene el amor entre madres e hijas.

A veces, me olvido de lo afortunada que soy siendo su madre porque los ruidos externos me llevan  a dedicarle un infructífero tiempo a aquello que me arrebataron bajo el palio de la confianza ciega, la aparente tranquilidad. Entonces, llega ella y coge mis manos al tiempo que acaricia con sus hermosos ojos mi instante atormentado y me repite lo afortunada que somos por tenernos la una a la otra…

… Así es ella, Anaïs, fuerte como un huracán, flexible como un junco que se dobla pero, ¡jamás!, se rompe, sin embargo, al mismo tiempo es frágil como el pétalo de una rosa cuya aterciopelada alma en algunas oportunidades sufre algún rasguño por las durezas de los obstáculos que le ha tocado salvar desde tan temprana edad, ella, aún no es consciente de que esas pruebas la convertirán en la persona que está destinada a ser, mágica y buena.

En otras situaciones, como un ave herida busca refugio entre unos brazos seguros y fieles  que no teman exponer su corazón al recordarle su auténtica belleza. 

Una belleza ubicada en la generosidad de su espíritu me recuerda la gran mujer que es.

Te quiere
Mamá. 


Y, desplegando sus alas alzo el vuelo y el firmamento la acogió con su hermosa luz danzando como a ella le gusta, de puntillas…

SIEMPRE SERÁS MI PRINCESA…







sábado, 9 de febrero de 2013

"ANAÏS..."

"
“Y me das toda la ternura con tu presencia…"



“Aun me quedan fuerzas para abrazarte, para escucharte y acompañarte…”
 
Sé lo importante que soy para ti, cada día me lo recuerdas. Cuando necesitas mi apoyo, buscas mi hombro, y, tras un suspiro largo, compartes tus preocupaciones y alegrías. Me convertí en tu cómplice de sueños. Participo de tu revoloteo cual cometa en dirección a ellos y, aquí abajo, sujeto la cuerda sugiriéndote que por mucho que alces el vuelo, nunca olvides las razones que lo propiciaron…
Hay un lazo que nos unirá siempre; ese invisible que nos ata sin dependencia, desde la libertad que nace del amor incondicional entre madre e hija.
 
“Y me das toda la ternura con tu presencia…”
 
Mi querida hija, hoy ojeaba el álbum de fotos del día de tu nacimiento. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, y, aunque han pasado ya veinte años, no son lejanos los sentimientos que afloran al rememorar ese momento… ¡un tiempo que se me ha pasado en un abrir y cerrar de ojos!, sin embargo, cuanto encierran estos años, pocos en el calendario de tu vida y muchos, y, gratificantes, en el mío como madre.
 
Realizaste en más grande anhelo de mis entrañas; ser mamá, y, crecer a tu lado con las vicisitudes que conlleva ambos roles. He tratado de inculcarte valores que te dignifiquen, ¡no aquellos que los demás esperan de ti, sino tú autenticidad mostrada al mundo, tal cual eres, con coraje, valentía e integridad...
 
Doy gracias por los pasos que continuamos dando juntas, por las risas que compartimos, por el cambio de rol en algunas ocasiones cuando te empeñas en sobreprotegerme como si de una niña se tratara. Tengo que agradecerte tu bella y luminosa sonrisa cuando me falta para mi, sumándole a tus innumerables gestos, el pintarme un arco iris en el rostros con ilusiones cuando llegan esas mañanas difíciles en que cuesta moverse y poner en práctica la fe…
 
Sé que tienes derecho a caer y a levantarte tantas veces apueste por la conquista de un sueño, y, ahí, estaré con los brazos extendidos recordándote que las caídas te hacen más fuerte y más valiosa si eres capaz de remontarlas con nobleza y fortaleza; todo ello te llevará a perfeccionar a la gran mujer que ya eres… …
 
Aun sigo aquí, cerca de ti, pensando en las formulas correctas para aportar vivencias a tu historia y granitos a tu felicidad.
 
Hoy paseábamos por la calle fría y triste. Las noticias venían cargadas con nubarrones de desesperanzas, pero, traté de arrancarte esa carcajada ruidosa y juvenil que siempre tienes para mí.
 
Todos los cambios asustan. Son viajes cuyo equipaje debe ser ligero; hay que tener hueco para llenarla de voluntad, confianza y aprendizaje; Sintiéndola como las pruebas de aquello que nos ocurre en la vida como consecuencia de nuestra participación en ella.

 Esfuérzate por no perder tu esencia, potencia tu dulzura ofreciéndola a borbotones cual don te ha sido asignado; con ella, curarás las almas enfermas de rencor y desamor… y, cuando una espina te lastime, piensa cuanto sufre lo hermoso creyendo que no lo es. En ocasiones algunos seres se comportan como espinas, y no son capaces de ver lo grande que alberga en su corazón por muy recóndito que se halle…
 
Dicen que las almas eligen desde el cielo a sus padres, gracias por elegirme como madre. Eres una gran maestra en mi vida y una bendición.
 
“Se noble, justa y equitativa. No juzgues, solo observa la coherencia humana entre sus palabras y acciones sin que te dañe… ”
 
¡FELIZ CUMPLEAÑOS ANAÏS!
Te quiero.
Esther Mendoza.