martes, 27 de octubre de 2015

EL COLOR DE LA TRISTEZA.



Una mariposa se cuela por la ventana, ella hace que se dibuje la única sonrisa del día…


Me pregunto, ¿qué color tiene la tristeza? Se diría que la aflicción  no tiene color, en todo caso, sí una emoción que tiñe de oscuro los pasajes cotidianos, hace más pequeña la sonrisa, y, entre otras cosas, resta brillo a la mirada cuando se pierde en un rincón de la memoria queriendo rescatar imágenes que abracen con la propia evocación aquello perdido. Una ausencia sin retorno, la imposibilidad de acceder a una moviola para repetir más veces cuanto queremos, agradecemos y amamos, todo eso termina generando el pensamiento best seller de cualquier mortal; el extraños y desgarrador sentimiento de que “nunca fue suficiente”…

Ya no quedan mujeres sabias en mi familia, todas han partido. La última gran mujer, se elevó con la satisfacción de por fin haber sido escuchada sus súplicas a un Dios que ella creía sordo y despistado con sus deseos. Le solía decir, que por alguna razón que ella no llegaba a comprender, era importante su presencia, sus palabras, sus afectos y sus besos.

No todos la valoraron, la cuidaron y mimaron como se merecía. Decidieron por ella mirando para los rincones de la indiferencia depositando allí, lo que su mirada gritaba y pedía…Y, como algo olvidado, la dejaron en un desván de silencios…

Casi cincuenta años de viudedad y la pérdida temprana de su hija, la envolvieron en un luto aplastante que jamás la abandonó llevándola a vivir de puntillas los anónimos capítulos subrayados de su propia historia. Renunció a sentir otra piel como mujer, a reir a carcajadas los tropiezos que rompen lo inesperado, a mojarse bajo la tempestad de un nuevo amor, a disfrutar la vida como cualquier otro ser humano. En definitiva, nunca su lealtad fue premiada a la altura de su entrega para con los suyos.

Eran cinco hermanas y un hermano. Ella, era la mayor, la primera en nacer y la ultima en abandonar un navío que jamás pidió navegar. Hacía mucho que deseaba pasar el testigo de dirigir una ruta donde la desidia, la pena y la frustración, se convirtieron en fieles compañeros.

Cuando la visitaba, se iluminaba su rostro, y sus hermosos ojos verdes brillaban de una forma especial, enseguida, sus ancianas manos, hermosas aun, cuidadas y delicadas, apresaban las mías con pequeños actos de renuncia para sacer del bolsillo de su rebeca negra, un pañuelo de tela blanco y secarse la lagrima que bajaba por su rostro, ¡en absoluto era la amargura! solo eran aquellas que los años se colocan en el lagrimal para embellecer la mirada.

A sus ochenta y siete años, poseía una mente prodigiosa. Ninguna laguna en su memoria se apoderó de ella. Era el árbol genealógico que puso nombre a aquellos desconocidos para las generaciones posteriores, matizó con humor los anacrónicos pasajes de una vida simple y humilde marcada por la pobreza y el miedo, sacó su carácter a pasear tantas veces quiso y con él, la fuerza de una generación olvidada…

Me guardo para mí millones de risas, confidencias, pensamientos y atrevimientos compartidos a su lado. Desde algún lugar de cielo, me seguirá aconsejando lo que desde niña me decía. “conviértete en aquello que deseas ser”, ahora, ella sabe que soy aquello que de pequeña le decía bajito que algún día seria…

Un sentimiento de orfandad se ha pegado a mi piel, es melancólico y conocido. Ajena a los ruidos de la vida que oigo fuera, me molestan como usurpadores de mi anhelo de estar en el único refugio en que hoy me siento segura, en el recuerdo.

Una mariposa se cuela por la ventana, ella hace que se dibuje la única sonrisa del día…

El desamparo que nos produce la perdida de alguien a quien amamos, nos viene a recordar el destino que todos tenemos.  No es la muerte la que nos acecha, más bien, nosotros a ella, pues desde que nacemos, no dejamos de pensar o hablar sobre su visita en el ocaso de nuestra vida…

Mi querida tía madre, la ausencia de muchas palabras no escritas en este texto, te las susurré al oído…

Te quiero…






jueves, 10 de septiembre de 2015

REFLEXIONES DE UNA CUMPLEAÑERA II

Los años suman, las oportunidades escasean, lo imprescindible termina siendo “ya veremos”,  las preocupaciones adquieren otras connotaciones, todo lo que no sea salud, trabajo y amistad, puede esperar en la bandeja de salida de “en otro momento te reviso”


Un cumpleaños siempre es motivo de felicidad, de celebración y, de paso, un involuntario repaso por trescientos sesenta y cinco días del año que atrás quedan con vericuetos que llenan los márgenes de una vida.

Aunque la edad sea en ocasiones un molesto número en el calendario, soy consciente visto los últimos acontecimientos, de lo afortunada que hoy soy. 

Alguna vez he expresado que no me gusta hacer balance de mi vida; generalmente mirar para detrás no suma, sin embargo, otra cosa bien distinta es recordar los tropiezos donde he aprendido y cuya nota de examen fue lo suficientemente alta como para no repetir curso. Los alumnos aplicados reescribimos páginas en blanco con aportaciones llamadas experiencias de un valor incalculable.

He descubierto que me gusta más que nunca mirarme en el espejo. Se trata de un espejo muy particular, un intercambio generoso de vivencias y consecuencias que hacen retornar la imagen gestada de los propios actos. Todo ello, se refleja en un rostro amigo que me devuelve aquello que soy, una “mujer junco”. Es cierto, se dobla, mas no se parte, no roba la luz ajena, pues conoce bien la suya, que acepta sus limitaciones pero ensalza sus logros, ama con pasión y llora cuando tiene ganas, calla cuando quiere y habla por los codos cuando está frente a alguien que muestra interés por sus palabras. En definitiva, una perfecta imperfección sinfónica que eriza la piel, con la misma facilidad que enerva los ánimos.

He aprendido de la crítica en todas sus acepciones. Y, aunque no siempre se recibe de buen grado, es verdad que me lleva a la reflexión de cómo los años calman el ímpetu, agudiza el ingenio para tildar de importante o no, con su correspondiente grado de urgencia, lo que merece la pena sacarte de tus “casillas”

Mi pacto con los años no va más allá de la predisposición a apreciar los inesperados regalos de la vida, la observación prestada a cuanto y cuántos me rodean son sus historias y enseñanzas llevándome a subrayar las dudas y dejando a éstas en la categoría “no dedicar más tiempo del merecido”, a resaltar en rojo el “arrojo” por vivir y sentir en cada poro de mi piel y de mi ser, las dulces caricias de un de repente tu…

Los años suman, las coyunturas escasean, lo imprescindible termina siendo “ya veremos”,  las preocupaciones adquieren otras connotaciones, todo lo que no sea salud, trabajo y amistad, puede esperar en la bandeja de salida de “en otro momento te reviso”

Y, no…, no me he olvidado del amor…
Cuando logras un equilibrio entre tiempo y realidad, conquistas campos yernos que inesperadamente recobran vida y dan frutos dulces que la semilla de la paciencia premia cuando nada esperas, cuando aceptas quien eres y amas todo aquello que representas… Entonces, aparece cupido con la flecha de la ilusión que traen oportunidades tardías…

Felicito a mis padres por ser un puente entre sueño y realidad, la realidad de escribir mi propia historia…



Esther Mendoza.




martes, 25 de agosto de 2015

UN CORAZÓN MAGALLANES


El tiempo moldea lo efímero y lo despide, tan breve como la vida de una mariposa. Sin embargo, los pilares del amor permanecen incólume en la memoria de los amantes...
E.M

Existen caminos donde no hay un principio o un final, tan solo, bifurcaciones que te llevan a tomar senderos inesperados.  Y, como una autómata que ha dejado atrás la memoria del corazón, descubres en cada paso como van cayendo las viejas armaduras oxidadas, la piel sedienta  de otra piel, los viejos silencios amigos de un trayecto que acompañaban un diálogo que desvela secretos inconfesados, los mal llamados ocupas de un árido desierto de soledad convertido en refugio, o  lo que es lo mismo, morada de la desidia que se alcanza cuando a tu puerta con frecuencia solo toca lo grotesco, la falsa presencia o burda copia del amor...

…De repente, de puntillas y sin hacer ruido, llegas acariciando la causalidad de un encuentro. Algunas oportunidades tardías, sorprenden con una alineación de corazones. 

En contadas ocasiones, el corazón mas fuerte muestra su generosidad y ternura construyendo puentes de coherencia que gane la credulidad del más herido, atrapado en un destronado sentimiento entre las cortinas venecianas de una habitación sin vistas a nuevas coyunturas. 
La firmeza de un afecto, gana la batalla a la duda precediendo a la entrega del otro. 

Los márgenes del tiempo, se ratifican en un corazón Magallanes. La conquista se hace palpable en millones de gestos que ganan posiciones a las obsoletas creencias...

... Entre caricias..., las yemas de unos dedos con la delicadeza que se roza lo más preciado, besan cuantas cicatrices con etiquetas de desengaños haya en el camino, en definitiva, la conquista de un alma se hace presente cuando hay abrazos que derrumban muros llamados desconfianza…

El perímetro de un deseo, alcanza posiciones con el simple roce de unos labios y en la intimidad, dos cuerpos se reconocen en una sublime pasión que espera su momento…
E.M







sábado, 8 de agosto de 2015

OTOÑO EN AGOSTO

En una pausa no hay música, en un pensamiento millones de notas en movimiento…


Me gusta el otoño, tal vez, porque se acerca a mi esencia de mujer madura que busca la serenidad en los contrastes de lo cotidiano. 
Es una estación que se identifica con la etapa de la vida, que invita a mezclarte con el olor a tierra mojada, a la humedad que se respira en el aire y se cuela por las fosas nasales hasta llegar a un rincón de tu remembranzas arrancando alguna imagen que despierte la memoria de tu piel, o simplemente, obliga a cerrar los párpados para evocar más íntimamente el escenario de un momento...

El otoño es una manera de mudar la vida, se cuela bajo el tejido que cubre tu cuerpo y te lleva a los márgenes de un pensamiento y entonces, te sientas y le observas…

Sirve para extrañar… para pasar las tardes entre las páginas de un libro que pide ser tomado entre el calor de tus manos, o simplemente, para escribir cartas, amarillenta tradición olvidada entre las aristas del tiempo que evoca pasión y ensoñación.

En todo caso, el otoño aunque asome en agosto, conlleva una emoción que convida a escribir renglones con historias que conmuevan y se hagan nuestras. 
Un otoño fuera de estación que nos regala la dulzura de una rememoración,  que te instruye a saber moverte en lo inesperado, en lo ansiado.

En definitiva, cualquier otoño, aún a destiempo, es una forma de mudar la vida…


-        Pídeme lo que quieras…
-        Toca el piano, hazlo para mí…
-        Después de un beso…

Al caer la noche, sabía que los dulces barrotes de su cárcel estaban en las partituras. Andreas, solía perderse entre sus teclas buscando la manera de olvidarla. Aquella mujer fue su droga, cautivó cada centímetro de su mundo ordenado y como a un calcetín, le dio la vuelta para llevarlo a las puertas del infierno y otras tantas veces, al mismísimo cielo cuando se perdía a través de los recovecos de su anatomía, un hechizo que jamás quiso declinar.

Allí, entre las teclas de un viejo piano, era donde único conseguía la paz,  donde sus remordimientos no eran escuchados hasta la llegada de Morfeo. Cuando éste en contadas ocasiones de él se compadecía, daba descanso a sus largas noches de insomnio.

Ese fragmento de tiempo, era donde único reposaba su infelicidad sin hacer girones sus recuerdos. En las teclas de aquel piano, abandonaba a sus recuerdos encarnizados junto a la llama de una pasión asfixiada por el olvido.

No podía responsabilizarla por haberse ido. Tal vez, necesitó creer que la paciencia seria su fuerte y, de paso, su aliado en el amor, pero no resultó así. Un día, le sorprendió la casa enmudecida, el silencio de los rincones compartidos parecían jueces. El peso de la soledad, tomó las riendas de su vida dejándole como única compañía, las teclas de un longevo piano.

Aquella melodía de extraños en la noche, le enfureció. Notó como la sal de sus lágrimas bajaban por su rostro sin reparo, la furia de sus dedos daban forma a las notas de aquel bolero que tanto le recordaba a ella…

La primera vez que la vio, tocaba en uno de los salones más chic de la ciudad. Su cigarrillo apoyado entre la comisura de sus labios, hizo que levantase la mirada para cambiar la dirección del humo del tabaco. Fue entonces, cuando sus ojos verdes se toparon con los  negros de ella. Cautivadores buscaron los suyos provocando en él, un desafío; la seducción en blanco y negro de los titulares de una pasión prometía corresponderles...

Sintió como su sangre se heló y el corazón comenzó a bombear con la prisa de un caballo desbocado buscando una meta, en este caso, la de su piel…

Con ella, agosto siempre era otoño…


Esther Mendoza.


Dejamos de ser extraños cuando nos dedicamos a mirarnos...


jueves, 23 de julio de 2015

PODRIAMOS Y MITAD...

Podríamos mostrar solo medio rostro, la mitad de lo que somos, el cincuenta por ciento de un afecto y aún, ser creíbles para aquellos que no saben lo que valen y ponen su identidad en la mitad del otro…

Esther Mendoza.

Podríamos pasarnos la vida buscando el porqué de algo que no entendimos a su debido momento y por desidia, ese algo permanece aún en nuestra particular bandeja de salida con una interrogación que nos ata a una historia cuya puerta, debió cerrarse de golpe cuando los fríos vientos del norte entraron por la ventana.

Podríamos repartir culpas, convertirnos en el mejor maestro perfeccionando excusas y pretexto que nos llevan a la triste definición de que, en ocasiones, como Hámster, hacemos kilómetros en una rueda de probabilidades para no llegar a ningún lugar.

Podríamos sentarnos en un andén y como Penélope, esperar al trovad@r que nos hizo creer que no sólo éramos su mitad, sino además, la mus@ de sus cantos de sirena. 
Continuaríamos viendo pasar el tiempo entre las telas de araña de una quimera, pues lo que se va, y quienes se van, ¡hay que ponerles puente de plata!, levantar la barbilla y recordar que cada experiencia está para ser exprimida en positivo y recordar que algunos aspectos de nuestra persona o principios, no se negocian, ni tan siquiera, “en nombre del amor”…

El amor sólo tiene una traducción: No se contempla condiciones, ni se admite talones en blanco con una rúbrica de chantaje emocional, mucho menos, manifiesta deslealtad e irrespetuosidad, en todo caso, ofrece una mano, múltiples gestos de generosidad y confianza para que vueles y vuelvas…

Si le damos la vuelta a ese “podríamos” y abolimos el conformismo por "la mitad de todo", a buen seguro que ese ¿por qué? se desvanecería como el humo de un cigarrillo dejando hueco para “momentos y sensaciones” que nos embelesan y nos recuerdan que aún, podemos amar y sentir…

Cambia tus podríamos por instantes que atrapen cada centímetro de tu piel, todos los recovecos de tu alma y reescribe y tacha cuantas veces sean necesarias, aquellos renglones que sumen a tu vida…

Nunca te conformes con la mitad de nada, ¡apuesta por un todo!…

Esther Mendoza.


Nunca te conformes con la mitad de nada...



domingo, 19 de julio de 2015

NO EXISTEN PÓCIMAS PARA EL CORAZÓN...

Ella me decía que mirase a la vida con picardía, eso, a muchos, molestaría…

Siempre escuché a las mujeres de mi familia decir que no existía una pócima que nos librara del dolor proveniente del corazón, sin embargo, si aprendíamos a amarnos y respetarnos, entonces y sólo entonces, poseeríamos la capacidad de colocar el sentimiento en el lugar apropiado sin que hiciera grandes estragos en nuestra existencia.

Al fin y al cabo, empujados por la vida, ésta nos regala trocitos agridulces de momentos en forma de piezas de puzzle que conforman nuestro mapa individual, ¿no creéis? Y, no por ello, dejamos de adjudicar las tan ansiadas etiquetas bajo la necesidad imperiosa de darle protagonismo a los rincones de nuestra particular parcela romántico-afectiva.

Y, ¿Cómo reaccionamos cuando aquello que creíamos nuestro por derecho divino, resulta no ser así? Lo razonable, aunque no siempre es así, agradecer el “cruce de vidas” y seguir confiando en que en algún lugar del tiempo y espacio, alguien te reconocerá sin necesidad de presentar un currículum personal de ensayo y error.

Recuerdo como de pequeña mi abuela Águeda me sentaba en sus rodillas frente a una estufa de gas y me contaba “historias de mujeres”, que no eran otras, que las féminas de su mundo. Avanzada para su generación, argumentaba que al árbol había que ponerle de chico un testigo para que no creciera para los lados bajo la influencia de luces poco saludables y recomendables. A mis siete años, no entendía muy bien aquello de “influencia de luces poco saludables y recomendables…” casi daba miedo buscarle un significado al tono de voz y mirada de la sabia anciana. Algunos años más tarde, conocí el significado que trataba de explicarme mi abuela. 

Aquél dicho, llevaba nombres y apellidos junto a una casilla que decía: "definición de categorías varias" las cuales, ¡se multiplicaban como esporas!: 
amig@s, novi@s, amantes, cónyuges, conocidos y ¡hasta admirador@s de tu buen hacer!(opositores a pareja o intento de..,cuyo fin no era otro que poner un poco de sal y pimienta a sus vidas). ¡Por supuesto! acepté que no quedaba otra que comulgar con rueda de molino con algo que parecía tan necesario para colocarnos con el tiempo, en el lugar que nos correspondía. Y, sólo en el caso de ser hábiles y aplicados, ¡no repetiríamos materia!  

Mi abu afirmaba que era imposible no poner corazón y alma en otra piel, sobre todo, cuando nos tocaban la nuestra. ahí, nacía ese preciso instante en el que perdíamos nuestra capacidad para razonar y ver las cosas con claridad, también añadía, que el amor era así y cuando algo por dentro te movía las entrañas, había que tirarse al vacío con la esperanza de volar. En el caso de un estrepitoso aterrizaje por no llevar el paracaídas de la prudencia, era conveniente tener cerca un lugar blandito para amortiguar el golpe de una historia abortada, paciencia para darle tiempo al corazón a curarse, buenos pañuelos de algodón para secar nuestras lágrimas a borbotones e imprescindible, el refugio de unos sinceros brazos que te sostuvieran mientras recuperabas tu esencia. Pero... (para ella siempre había un pero o condición), ¡nunca, nunca, nunca!, regalar al sufrimiento un minuto,´este estado nada tenía que ver con el dolor, según ella, era una elección venida del lado oscuro de la mente tratando de convencernos de cosas inexistentes…


Lo que se le olvidó a mi abuela decirme, ¡vaya usted a saber por qué!  fue aquello de que tuvieses la edad que tuvieras, el amor y el desamor padecían el mismo síntoma, la zozobra y la duda jamás tomaban vacaciones y desencadenaban en el mismo diagnóstico. En un caso, veleidoso y sublime y en el otro, demoledor y decepcionante; y por descontado, ¡inevitables eran los daños colaterales cuando no distinguíamos realidad con ciencia ficción!; dígase de aquellos hombres y mujeres de apariencia fieles amantes con un excelso registro de trovador@ dotados de buena letra y palabra. 

Por no hablar de las reacciones alérgicas de repetición, estas se vuelven ocupas cuando no distingues entre lo auténtico y la buena copia

Y, aunque mi abuela Águeda murió hace ya muchos años, la recuerdo como si aún estuviera detrás de mí recordándome mi obligación de ser feliz, al menos de forma consciente, me tocasen las cartas que me tocasen, ya que por alguna razón ellas eran las que convenían.

Está claro que cuando nos negamos a amarnos a nosotros mismos, llega “esa persona” para ponernos una prueba de examen. Eso sí, cuando la prueba es superada, te enfocas en no aceptar ser jamás “una Cenicienta complaciente”o un consorte abnegado que olvida sus prioridades

De ser así, es posible que el universo te premie con experiencias reales, a la altura de una guerrer@ valiente que no tema volver a amar y a caer, agradeciendo el reto como recordatorio de la persona maravillosa que estás destinada a ser….

¿Caminar por pasillos oscuros?, ¡siempre lo hacemos! Ellos son los llamados comienzos de historias, sueños y re intentos de conquistar nuestro lugar en el mundo, generalmente, desconocidos. A medida que transitas por ellos, la claridad de lo original te mostrará el objetivo siguiente…

Hay que seguir haciendo maletas, recorriendo nuevos caminos, posar nuestra mirada en la invitación de otras afines, en definitiva, continuar amando como si fuera la primera vez sin mirar para detrás evitando así, la duda, ante la oportunidad de volver a sentir...

Esther Mendoza.


No te preocupe cuantas veces tengas que hacer las maletas para seguir añadiendo a tu vida, mas sentimientos...




domingo, 28 de junio de 2015

QUERÍAN SER TANTO, QUE SE LES OLVIDÓ SER ALGO...



Las oportunidades son boletos con fecha de caducidad. Hasta el amor, tiene un tiempo para ser vivido.


Aquellos pensamientos representaban para ella el placer de lo cotidiano, de lo inadvertido mezclado con las prisas del día, por eso, cuando llegaba la noche, se acurrucaba en el mejor asiento de espectador, el sofá burdeos con dibujos dorados que su tía abuela le dejó en herencia antes de venderlo todo y marcharse a cumplir su último deseos, hacer un viaje en globo sobre las montañas del Colorado. Y, todo esto, antes de que “la llamada del señor le metiera prisa”

Siempre creyó que esa extraordinaria mujer debió nacer en el siglo XXI.  Las probabilidades de volver el mundo al revés, eso sí, para mejor, eran altísimas. Así era Victoria…  

Su tía abuela creía firmemente que la gente feliz leía y tomaba mucho café. Primordial para evocar fotogramas guardados en la memoria de cualquier mortal, como para sumergirse entre las palabras de una crónica bajo el influjo de un buen aroma; seductor y duradero como los granos del café.

Cogía entre sus dedos un cigarrillo Pall Mall, exhalando el humo lentamente antes de comenzar la repetición de aquellos capítulos de su vida que tan feliz la hicieron. Y con la mirada perdida en algún amarillento escenario entre los recovecos de su memoria, hechizaba y aleccionaba a su sobrina nieta entre las artes y los placeres del romance.

[…]Él estaba ahí, con el semblante inexpresivo cuyas facciones endurecidas dominaban a la perfección su rictus. Perdido entre los renglones de aquella historia, la noción del tiempo parecía no tener valor para Andreas. Siempre que una novela negra caía en su rincón de lectura, el resto del mundo parecía dejar de importarle, excepto, cuando sigilosamente ella llegaba para recostarse a su lado.

Victoria siguió gestando recuerdos, millones de momentos vividos al lado de aquel hombre en un proyecto corto de vida. Era inviable interrumpirla entre las aristas de su rememoración...

[…] La pequeña figura fémina se colaba entre los sobrios muebles que custodiaban el espacio del salón. Su pícara sonrisa asomaba entre los labios en el ritual de preparar una mesa para dos, el postre, se lo tomaba abrazada a él en el sillón mientras éste conquistaba su interés haciéndola viajar entre las páginas de aquella novela; las caricias masculinas despertaban su particular imperio de los sentidos. Entonces, levantaba la mirada y sonreías para adentro esperando el siguiente párrafo aún por descubrir. Convertida en un ovillo deseosa  de saber qué ocurriría  en “el puente de los asesinos”, no perdía oportunidad para colarse entre los pliegues de un frenesí…

Andreas con ternura apartó un mechón de su cabello que cubría parte de rostro al tiempo que posaba sus pupilas en las de ellas. Y, en un tono casi inaudible, le repitió por enésima vez esa noche, lo bella que le parecía… […]

La tía abuela repetía cuando la ocasión lo requería, que las flores se traducían en una mirada esquiva que recorre la geografía de tu cuerpo, en el roce de unos labios en tu nuca erizando cada centímetro de tu piel o, tal vez, en el juego de unos descarados dedos desabrochando los botones de una camisa que espera ansiosa caer sobre la alfombra; cuando la pasión toma las riendas entre las sábanas de una cama deshecha, cabalga una propuesta entre susurros con un… “¡escápate conmigo!”

Y poniéndome los pies en el suelo, finalizaba con aquello que adopté durante toda mi vida como un recordatorio de lo etéreo de una ilusión.


"Hay parejas que quieren ser tanto, que se les olvida ser algo…”

Esther Mendoza.




miércoles, 10 de junio de 2015





Le gustaba madrugar y dar largos paseos antes de llegar a la oficina. Desde hacía algún tiempo, cortaba camino perdiéndose entre el parque que preside la pequeña ciudad. El airecillo era fresco y coincidía con la actividad matutina de  transeúntes y deportistas que despertaban sus huesos con carreras matinales. 

Algunos mayores presiden su banco de hierro forjado con charlas que  llevaban posiblemente, a un pasado para ellos no tan remoto. Tropieza con rostros extraños que, con los días, terminan siendo familiares por el simple hecho de cruzar sus miradas cada mañana con amigables sonrisas que llenan su agenda de agradecimientos diarios. Se sube el cuello del abrigo, el aire gélido de las primeras horas, se empeña en estamparle su sello en el rostro poniendo colorada su nariz.

Y, cuando por fin retomó su camino, apareció en silencio sin hacer ruido, una suave brisa resultando un bálsamo para sus heridas…

Esther Mendoza.





jueves, 28 de mayo de 2015

LA CARA OCULTA DE LA VERDAD...

"Cada uno de nosotros es una luna, con una cara oculta que nadie ve"
Mark Twain.


En estos días escuchaba embelesada la receta sobre La felicidad que mi querida amiga Mònica Darias elaboraba. Debo confesar que con una acertada nota de humor, supo ponerle tilde a aquellas cuestiones que con facilidad delatan en las redes sociales la identidad del mortal que entre fogones ajenos y propios, cocina los viejos y nuevos afectos reservando mesa en otros corazones y lares con métodos poco ortodoxos, rectifico, bastante comunes. Y es que algunos cual mosquetero, desenfunda la espada en un arrebato de reafirmación y arremetiendo de mano de la insensatez contra otros cuya vida personal la reserva para eso, para lo personal, alimenta a su ego con una puesta en escena cuya dignidad propia se ve mermada.

Igual de inverosímil y peligroso resultan las respuestas a dicha osadia. Comentarios subjetivos sobre aspectos que no se conocen, poniendo paños calientes al imprudente que necesita el aplauso virtual sin peritar los daños colaterales de su error. El despropósito, no se amortigua con la edad, las acciones chocan contra pilares construidos a golpe de desagradables sorpresas y fiascos…

Muchos acusan a la crisis de la degradación social de un colectivo, sin embargo, mi opinión particular no es otra que aquella de que, existen personas que justifican sus fallos repartiendo culpas y de una manera beligerante, descalifican y ponen en tela de juicio la imagen y seriedad de otr@s.

El arma de doble filo de las redes sociales, para algunos una plataforma y forma de colarse en las vidas ajenas con falsas identidades, deslealtades y mentiras, supone a corto o largo plazo, destapar aquello que realmente se es…

…Y, es que nadie, puede llevar mucho tiempo la máscara…


Esther Mendoza.



La mentira, cuando se convierte en una forma de vida, empobrece a la persona que la porta…


miércoles, 22 de abril de 2015

EXISTE CIERTO AMOR ESTABLE...



"Existe cierto amor estable, que resulta lo más inestable cuando la rutina amenaza con ocupar el primer lugar".


En ocasiones, amar es como tirarse en paracaídas.
Te lanzas al vacío con la esperanza de volar, y, si tienes un buen acompañante, te aseguro que vuelas…en caso contrario, busca bien un buen sitio donde aterrizar porque durante mucho tiempo recordarás la caída…

El escenario romántico, algunas veces, tiene ventanas donde los fríos vientos del norte entran a sus anchas. Cuando estos aires se cuelan por las rendijas de una relación, el silencio y el orgullo forman la mejor alianza para la derrota de un sentimiento.
...Algunas actitudes contribuyen al estrepitoso fracaso de cualquier historia. El silencio, una árida conducta que se maneja bien en unas tablas más que dominadas, pacta con la incomprensión, el Oscar al olvido tiene su destierro seguro. El resultado obtenido no es otro que una desoladora ventisca de soledad acompañada del desamor...

Existen periodos de nuestras vidas en la que creemos tenerlo todo controlado. Eruditos de una sabiduría que nos pasa examen cuando cierta situación hace acto de presencia, ahí, es cuando un guiño del destino nos empuja a transitar por un pasillo resbaladizo donde nuestro tan pomposo equilibrio, cae de bruces con una oxidada teoría.

Y, es que en cuestiones del amor, no hay racionalidad que valga…

 La madurez deja de ser un referente a tener en cuenta ante el atisbo y desmoronamiento de un romance. Un alto porcentaje reacciona de la misma forma al margen de la edad que se tenga. Cuando caes en aras del amor  y la intransigencia hace trizas el corazón, la mejor “tirita” no es otra que pasar el duelo.

Ante tan aplastante disertación y acompañadas de un gin tonic, un grupo de féminas pasada la barrera de los cuarenta, se preguntaban cómo mujeres como ellas, maduras, profesionales, centradas y equilibradas cuya máxima no es otra que aquella que dice “tengo la vida que quiero, el mando, lo llevo yo”, terminaban  descubriendo que se seguía  sufriendo de amor igual que a los quince años cuando el chico más atractivo de la pandilla, te cambiaba por la chica guapa, inteligente y osada.

Y queridas amigas, ¿quién dijo que la fortaleza que mejor preserva el corazón es un buen argumento de ataque?, quien lo dijo, se había tomado dos gin tonic ¡dobles para ser exactos! y ¡nunca!, nunca, se enamoró...

Aunque una de las caras del amor sea el desamor, no hay mejor medicina contra la rutina, que enamorarse cada día…

 Lo ideal, es re-enamorarse de la pareja siempre que ambos apuesten por ello, renovar momentos poniendo limites a aquello que roba esos instantes, y, si no puede ser, ahí fuera hay alguien que espera descubrirte y de paso, descubrirse…

Dejemos que las cosas sucedan…

Esther Mendoza.


La pasión es como un delicado pétalo, es efímera pero su tacto perdura en la memoria de la piel.


lunes, 9 de marzo de 2015

EL ARCHIVO DEL CORAZÓN...

Intuyo que fue parte de mi historia, así me lo muestra las escasas visitas de mi lucidez

Al mirarse al espejo no se reconoció. Atrás quedaba la hermosa mujer que obligaba a cuantos se cruzaban con su mirada impenetrable, a bajar la suya con cierto reparo. Hoy, era la burda copia de un retrato en los que muchos se deleitaron. De fondo, la sintonía de Glen Miller en su “Moonlight Serenade”, aliviaba la nostalgia que arañaba a su corazón al recordar lo efímero de la belleza, lo breve del tiempo, lo antojadizo que el amor resulta cuando los años ganan a la esperanza, y, con jirones de desencanto diseña su mejor vestido para la gala de la decepción…

Se dio cuenta que secaba sus lágrimas con su pañuelo, …aquel pañuelo…, una reliquia que guardo en su pecho por más de sesenta años y cuyas iniciales, desdibujadas por la pasión guardada entre sus senos, se convirtió en el hilo conductor entre la cordura y la capitulación de una historia que no pudo ser. Su ahogado llanto quedo mudo en la estación de los aciertos, ese que nunca llegó; quedo presa de una ausencia, de una espera gélida que cubría con su manto cualquier resquicio o expectativa.

Cuando sus tormentas se lo permitieron dándole una tregua al dolor encasquillado en los recovecos de su alma, se levantó lentamente apoyada en su bastón, fiel compañero qué, junto a su sombra, no la abandonaba salvo en la soledad compartida con Morfeo. Con pasos cortos, titubeantes y temerosos ante la falta de equilibrio, abrió aquel cajón relegado al olvido, al desalojo de una ilusión que durante años, peregrinó en generaciones amarillentas destinadas al exilio de una memoria asignada ésta, al contenido de aquella gaveta. Un castigo tal vez injustamente infringido.

Su temblorosa mano derecha tomó de su cuello una diminuta llave que llevaba colgada por más de medio siglo, tiempo de encarcelación de sus fragmentos de tiempo, retazos de una historia, la suya… señales del mapa de una vida vivida en el anonimato donde los anhelos fueron abortados por la omisión de una promesa… 
Como si de una reliquia se tratara, tomo entre sus arrugadas manos las hojas sepias custodiadas por un lazo rojo, y, con exquisita delicadeza, deshizo la cinta de seda para perderse entre los renglones de aquellas cartas. Capítulos sin reposición de una vida…

….Querida alma perdida, mi memoria es traicionera y no me deja recordar la última vez que tú y yo nos encontramos.- se dijo así misma antes de perderse entre aquellos renglones.

Era verano, la luz del sol bailaban frente a las hiedras y, el sonido de las abejas me inquietaba. Decidí traspasar aquella verja. Mis piernas temblorosas no disuadieron a mi voluntad de acercarme a él. Sin darme cuenta, había sorteado los sarmientos de una antigua viña. Mi obsesión por los detalle me llevo a fijarme en la danza acompasada de dos amantes, dos pequeños invertebrados regocijados del momento vivido. Sonreí y secretamente envidie a aquellos caracoles.

Alce mis ojos al horizonte y allí le encontré…
La sangre fluía a compasadamente y bajaba de forma imparable llenando los rincones más íntimos y pudorosos. De mi interior, se desgranan susurros cálidos deseando chocar contra su piel… 

Es difícil relatar como empezó, como sucedió aquel encuentro inesperado, cuando quise darme cuenta, estábamos hablando. Su mano se deslizo buscando el contacto de la mía, nos fundimos en instantes de ternura que la brevedad del tiempo, consagró en pasión…

Intuyo que fue parte de mi historia, así me lo muestra las escasas visitas de mi lucidez.- pensó para sí, esbozando una triste sonrisa.

Se paró en seco, dejando de recordar que la llevó a recorrer aquel tramo. Y, contra su pecho, el fruto de un sueño quebrantó la realidad que nunca quiso recoger y cuyos mensajes se empotraban con angustia, dolor y sinsabores en su quebradiza memoria. 
El tiempo la vapuleó. Apretó sus manos en espera de encontrar un calor perdido…

No tuvo valor para seguir ahondando entre las líneas veleidosas de su historia, qué, fugazmente, le llegaba con claridad para luego dejarla caer en el abismo del olvido. Nuevamente, ató el lazo rojo devolviendo al destierro fragmentos de su vida…

Apenas hay claridad…
Otro día más, sus recuerdos se pierden entre dos corrientes…
Otra noche cae sin apenas sentir…
A sus casi noventa años, seguía preguntándose cuando podía, dónde estaba aquel amor que nadie jamás sustituyó…


Esther Mendoza.