jueves, 10 de septiembre de 2015

REFLEXIONES DE UNA CUMPLEAÑERA II

Los años suman, las oportunidades escasean, lo imprescindible termina siendo “ya veremos”,  las preocupaciones adquieren otras connotaciones, todo lo que no sea salud, trabajo y amistad, puede esperar en la bandeja de salida de “en otro momento te reviso”


Un cumpleaños siempre es motivo de felicidad, de celebración y, de paso, un involuntario repaso por trescientos sesenta y cinco días del año que atrás quedan con vericuetos que llenan los márgenes de una vida.

Aunque la edad sea en ocasiones un molesto número en el calendario, soy consciente visto los últimos acontecimientos, de lo afortunada que hoy soy. 

Alguna vez he expresado que no me gusta hacer balance de mi vida; generalmente mirar para detrás no suma, sin embargo, otra cosa bien distinta es recordar los tropiezos donde he aprendido y cuya nota de examen fue lo suficientemente alta como para no repetir curso. Los alumnos aplicados reescribimos páginas en blanco con aportaciones llamadas experiencias de un valor incalculable.

He descubierto que me gusta más que nunca mirarme en el espejo. Se trata de un espejo muy particular, un intercambio generoso de vivencias y consecuencias que hacen retornar la imagen gestada de los propios actos. Todo ello, se refleja en un rostro amigo que me devuelve aquello que soy, una “mujer junco”. Es cierto, se dobla, mas no se parte, no roba la luz ajena, pues conoce bien la suya, que acepta sus limitaciones pero ensalza sus logros, ama con pasión y llora cuando tiene ganas, calla cuando quiere y habla por los codos cuando está frente a alguien que muestra interés por sus palabras. En definitiva, una perfecta imperfección sinfónica que eriza la piel, con la misma facilidad que enerva los ánimos.

He aprendido de la crítica en todas sus acepciones. Y, aunque no siempre se recibe de buen grado, es verdad que me lleva a la reflexión de cómo los años calman el ímpetu, agudiza el ingenio para tildar de importante o no, con su correspondiente grado de urgencia, lo que merece la pena sacarte de tus “casillas”

Mi pacto con los años no va más allá de la predisposición a apreciar los inesperados regalos de la vida, la observación prestada a cuanto y cuántos me rodean son sus historias y enseñanzas llevándome a subrayar las dudas y dejando a éstas en la categoría “no dedicar más tiempo del merecido”, a resaltar en rojo el “arrojo” por vivir y sentir en cada poro de mi piel y de mi ser, las dulces caricias de un de repente tu…

Los años suman, las coyunturas escasean, lo imprescindible termina siendo “ya veremos”,  las preocupaciones adquieren otras connotaciones, todo lo que no sea salud, trabajo y amistad, puede esperar en la bandeja de salida de “en otro momento te reviso”

Y, no…, no me he olvidado del amor…
Cuando logras un equilibrio entre tiempo y realidad, conquistas campos yernos que inesperadamente recobran vida y dan frutos dulces que la semilla de la paciencia premia cuando nada esperas, cuando aceptas quien eres y amas todo aquello que representas… Entonces, aparece cupido con la flecha de la ilusión que traen oportunidades tardías…

Felicito a mis padres por ser un puente entre sueño y realidad, la realidad de escribir mi propia historia…



Esther Mendoza.




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