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La
belleza de un alma noble se asoma en su dulce mirada, en la generosidad de sus
actos y en su insustituible presencia...
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Hace veintidós años que nos miramos por vez primera. Una cita a
ciegas entre madre e hija, desvelaría ¡por fin!, las ansiadas emociones que
despertarían nuestros roles; desconocíamos tal sentimiento hasta el preciso momento de mirarnos...
He de decir que cuando
me la pusieron sobre mi tripa ninguna de las dos reaccionamos. Unos enormes
ojos azules escudriñaban con su mirada la mía. Ni una lagrima cayo por mi
rostro hasta que la enfermera llegó y la aparto de mí, desde entonces, corroboré
que era el regalo más preciado que la vida me podría ofrecer…
Con tan solo tres
añitos mientras ambas tomábamos un baño de espuma oyendo de fondo un bolero de
los Panchos, tras unos segundos de semblante pensativo, reaccionó y me dijo:
…Mamita, yo aprendí el día
el que te conocí…
…. ¿Qué aprendiste
hija?-. Pregunté sorprendida por tal razonamiento con tan corta edad
… Todo…, y a quererte
también...
Recuerdo que la
estreché entre mis brazos llenos de espumas y agridulce felicidad; le dije que la vida nos iba a
obligar a entendernos, a enfadarnos, pero nunca, a conocer el abandono de la
una para con la otra, pero sobre todo, a conocer el valor que tiene el amor entre
madres e hijas.
A veces, me olvido de
lo afortunada que soy siendo su madre porque los ruidos externos me llevan a dedicarle un infructífero tiempo a aquello
que me arrebataron bajo el palio de la confianza ciega, la aparente tranquilidad. Entonces, llega ella y coge mis manos al
tiempo que acaricia con sus hermosos ojos mi instante atormentado y me repite lo
afortunada que somos por tenernos la una a la otra…
… Así es ella, Anaïs, fuerte
como un huracán, flexible como un junco que se dobla pero, ¡jamás!, se rompe, sin
embargo, al mismo tiempo es frágil como el pétalo de una rosa cuya
aterciopelada alma en algunas oportunidades sufre algún rasguño por las durezas
de los obstáculos que le ha tocado salvar desde tan temprana edad, ella, aún no es consciente de que esas pruebas la convertirán en la persona que está destinada a ser, mágica y buena.
En otras situaciones, como un ave
herida busca refugio entre unos brazos seguros y fieles que no teman exponer su corazón al
recordarle su auténtica belleza.
Una belleza ubicada en
la generosidad de su espíritu me recuerda la gran mujer que es.
Te quiere
Mamá.
Y, desplegando sus alas alzo el vuelo y el firmamento la acogió con su hermosa
luz danzando como a ella le gusta, de puntillas…
Mi querida Luz, Amiga mágica, cuánto me llena leerte sintiéndote y haciendo mía tu misiva. No has podido reflejar mejor mis sentires y doy gracias por tenerte en mi vida.
ResponderEliminarMuchas felicidades Mamá! Y para Anais, qué hoy sea un día especial, sorprendente y feliz!!!!!!
Amiga, mi dulce amiga Beatriz, se me eriza la piel cuando te leo, pues en tus letras va implícito un sentimiento recíproco de cariño y amistad. Gracias a mis letras nos encontramos y ellas nos mantendrá unidas, espero que siempre. Anais y yo somos afortunadas de en esta vida ser madre e hija, como tu bien sabes, el mayor tesoro lo portan los hijos, entre luces y sombras, pero valioso y eterno. Te quiero amiga.
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