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viernes, 18 de febrero de 2011

"Adagio y magia..."

"la magia nos puede acompañar en aquellas cosas y situaciones aparentemente insignificante..."


Adagio...
En el silencio del recinto, como si de un bosque de elfos se tratara, me adentro expectante agudizando los sentidos y misterios que pueda hallar, abandonándome al movimiento de las notas de los violines, que con todo descaro, me seduce cual duende travieso...
Las teclas del órgano me despiertan del sueño sublime y como luciérnagas en la oscuridad me abandono a la magia de la noche, impulsada por el momento que atrapa mi voluntad…

Extasiada, por millones de sensaciones que invaden mi cuerpo y mi mente, me entrego al movimiento rítmico de las hadas, que en forma de cuerdas se cimbrean y contonea ante la exaltación que produce la melodía que allí se escucha...

De puntillas, me presento y participo en la danza que acuna mi alma… sintiendo como mis pies se deslizan suavemente sobre una alfombra de bienvenida en un bosque otoñal, donde las hojas doradas, muestran el pasar de las estaciones donde el tiempo siempre es protagonista…

Me siento bailarina principal del ballet de los sentidos; que a modo de  ritual cautiva y embriaga, dejando a mi memoria ser selectiva, protagonizando los episodios de impavidez que etiquetan los recuerdos de una vida…

¡¡¡ De repente, mi cuerpo se para bruscamente!!!..., un acorde alto del chelo paraliza mi danza, transportándome de nuevo sobre la legión orquestal, origen que incentivó mi entrega al adagio…

“si nos mantenemos en silencio consciente…, olvidaremos patrones repetitivos, convirtiéndonos en seres más reales…”


Esther Mendoza.

lunes, 29 de noviembre de 2010

" NOVIEMBRE DULCE ... "

…Donde la magia y el tiempo, se pierde en el bosque de la dulzura..."
 
Este otoño amenaza con ser largo, donde la amiga primavera pareciera un sueño lejano en el tiempo. Se acaba noviembre, el mes más mágico del año.  Las hojas se tornan de colores dorados y ocres, el verde da paso al sueño dormido de los bosques y los caminos están custodiados por árboles que majestuosamente nos saludan al pasar, haciendo una reverencia al amigo viento que los cimbrea.
Una alfombra invernal de hojas secas, nos invita a pisarlas sintiendo la protección bajo nuestros pies de esos pasos que te llevan a no se sabes dónde…
Me abandono a la fantasía y al silencio del lugar. Oigo el susurro de una música que interpreta los elfos y danzarinas hadas,  que bailan al compás de mis pensamientos, donde la ilusión es una protagonista que se filtra en mis sentidos sin dar tregua a cualquier pensamiento racional...
Mi cuerpo se arrastra de un cansancio no visible. Mi espíritu tira de ese carro de desilusiones que te llevan a buscar un rincón donde llorar y descansar después de caminar caminos que no llevaron a ningún lugar…
Esther Mendoza.
 

martes, 23 de noviembre de 2010

" La Habitación Amarilla ... "





"Los sueños nunca se desestiman, a veces esperan en la bandeja de salida, quizas en esta vida, tal vez en la proxima; pero nunca se aparcan en el rincon de lo imposible..."



En la habitación amarilla hay un gran ventanal. Por ella, se ve en los días claros el prado y en las noches silenciosas de verano, un manto de estrellas en un acto de conciliación le guiña a Morfeo…

Los duendes traviesos han invitado a un ángel, que en las noches de insomnio nos canta nanas y acunándonos entre sus brazos, nos pasean por el puente largo, ese, que desde el ventanal se vislumbra y, hasta el cielo llega su morada…

En la habitación amarilla hay magia. Cuando la tristeza asoma en nuestras caritas, ¡las paredes se iluminan!. Mariposas pintadas en ellas bailan para nosotros y, acercándose a  nuestras camitas, nos rozan con sus alas, susurrándonos al oído, ¡la llegada de un hada!…

En la habitación amarilla hay risas y una dulce niña por las noches nos canta. Con manos suaves nos cubre con la manta para verificar en ello, que no nos enfriaremos al alba…

En la habitación amarilla, hay dos querubines de sedosa piel con rizos rebeldes que cubren sus caritas. Rebeca tiene tu rostro; ojos grandes y hermosos donde se han depositado la ternura e inocencia. Ella sonríe con sólo verte y extendiendo sus manitas te invita  a un abrazo largo. En ese fugaz encuentro, sus pequitas besan las tuyas, proponiéndole aventuras al niño que llevas dentro, amigo y cómplice de travesuras...

Rodrigo es copia mía. Semblante sereno y tranquilo, siempre a la expectativa de una señal para lanzarse al vacio del cariño. Nuestras miradas se cruzan y en ellas se siente coautor, en la silenciosa añoranza de un reencuentro deseado…

En la habitación amarilla se esconde un secreto… una oportunidad tardía que engendra la delicadeza de una ilusión; rincón melancólico, dónde habita nuestro ensueño…

La quimera de un nuevo reencuentro no se desarrolla en otro escenario, más bien, en una habitación amarilla cerca del cielo, donde dos fantasías duermen entre violines y querubines y acunados en la vigilia, cada noche me espera…

Esther Mendoza.