“Donde habitan los silencios”
Un lugar para refugiarse del mundanal ruido, colocando entre renglones, los tan valiosos silencios, necesarios éstos para narrar historias...
"Cada
uno de nosotros es una luna, con una cara oculta que nadie ve"
Mark
Twain.
En
estos días escuchaba embelesada en la radio la particular receta sobre La felicidad de un experto entendido en relaciones de pareja. Debo confesar que, con una acertada nota
de humor, supo ponerle tilde a aquellas cuestiones que con facilidad delatan a los fervientes amantes en sus incursiones en las redes sociales. La identidad de estos mortales va en declive entre fogones ajenos y propios, cocinando los viejos y nuevos afectos y reservando mesa en otros corazones y lares
con métodos poco ortodoxos. Algo bastante común a mi parecer. Y es que algunos cual
mosquetero desenfunda la espada en un arrebato de reafirmación del "caballero oxidado que llevan dentro" y arremetiendo
de mano de la insensatez entran en duelo con aquellos que preservan su vida personal para un reducto más selecto que lo virtual. Hay egos que se alimentan de los "me gustan" indiscriminadamente con una puesta en escena cuya dignidad se ve mermada.
Igual
de inverosímil y peligroso resultan las respuestas a dicha osadía. Comentarios
subjetivos sobre aspectos que no se conocen, poniendo paños calientes al
imprudente que necesita el aplauso virtual sin peritar los daños colaterales de
su error. El despropósito no se amortigua con la edad, las acciones chocan contra
pilares construidos a golpe de desagradables sorpresas y fiascos…
Muchos señalan a la crisis como máximo responsable de la decadencia humana y social. Mi
opinión particular no es otra que, existen seres humanos cuya repartición de culpa es muy generosa; asfixian su parte de corresponsabilidad de manera beligerante.
El
arma de doble filo de las redes sociales, para algunos es una plataforma y forma
de colarse en las vidas ajenas con falsas identidades, deslealtades y mentiras,
supone a corto o largo plazo, destapar aquello que realmente se es…
…Y,
es que nadie, puede llevar mucho tiempo la máscara…
Esther
Mendoza.
La
mentira, cuando se convierte en una forma de vida, empobrece a la persona que
la porta…
"Existe
cierto amor estable, que resulta lo más inestable cuando la rutina amenaza con
ocupar el primer lugar".
En
ocasiones, amar es como tirarse en paracaídas. Te lanzas al vacío con la
esperanza de volar, y, si tienes un buen acompañante, te aseguro que vuelas…en
caso contrario, busca bien un buen sitio donde aterrizar porque durante mucho
tiempo recordarás la caída…
El
escenario romántico, algunas veces, tiene ventanas donde los fríos
vientos del norte entran a sus anchas. Cuando estos aires se cuelan por las
rendijas de una relación, el silencio y el orgullo forman la mejor alianza para
la derrota de un sentimiento.
...Algunas
actitudes contribuyen al estrepitoso fracaso de cualquier historia. El
silencio, una árida conducta que se maneja bien en unas tablas más que
dominadas, pacta con la incomprensión, el Oscar al olvido tiene su destierro
seguro. El resultado obtenido no es otro que una desoladora ventisca de soledad
acompañada del desamor...
Existen
periodos de nuestras vidas en la que creemos tenerlo todo controlado. Eruditos
de una sabiduría que nos pasa examen cuando cierta situación hace acto de
presencia, ahí, es cuando un guiño del destino nos empuja a transitar por un
pasillo resbaladizo donde nuestro tan pomposo equilibrio, cae de bruces con una
oxidada teoría.
Y,
es que en cuestiones del amor, no hay racionalidad que valga…
La madurez deja de ser un referente a tener en
cuenta ante el atisbo y desmoronamiento de un romance. Un alto porcentaje
reacciona de la misma forma al margen de la edad que se tenga. Cuando caes en aras del
amor y la intransigencia hace trizas el
corazón, la mejor “tirita” no es otra que pasar el duelo.
Ante
tan aplastante disertación y acompañadas de un gin tonic, un grupo de féminas
pasada la barrera de los cuarenta, se preguntaban cómo mujeres como ellas,
maduras, profesionales, centradas y equilibradas cuya máxima no es otra que
aquella que dice “tengo la vida que quiero, el mando, lo llevo yo”,
terminaban descubriendo que se
seguía sufriendo de amor igual que a los
quince años cuando el chico más atractivo de la pandilla, te cambiaba por la
chica guapa, inteligente y osada.
Y
queridas amigas, ¿quién dijo que la fortaleza que mejor preserva el corazón es
un buen argumento de ataque?, quien lo dijo, se había tomado dos gin tonic ¡dobles
para ser exactos! y ¡nunca!, nunca, se enamoró...
Aunque
una de las caras del amor sea el desamor, no hay mejor medicina contra la
rutina, que enamorarse cada día…
Lo ideal, es re-enamorarse de la pareja
siempre que ambos apuesten por ello, renovar momentos poniendo limites a
aquello que roba esos instantes, y, si no puede ser, ahí fuera hay alguien que
espera descubrirte y de paso, descubrirse…
Dejemos
que las cosas sucedan…
Esther
Mendoza.
La
pasión es como un delicado pétalo, es efímera pero su tacto perdura en la
memoria de la piel.
Intuyo que fue parte de
mi historia, así me lo muestra las escasas visitas de mi lucidez
Al mirarse al espejo no
se reconoció. Atrás quedaba la hermosa mujer que obligaba a cuantos se cruzaban con su mirada impenetrable, a
bajar la suya con cierto reparo. Hoy, era la burda copia de un retrato en los que
muchos se deleitaron. De fondo, la sintonía de Glen Miller en su “Moonlight
Serenade”, aliviaba la nostalgia que arañaba a su corazón al recordar lo efímero de la belleza, lo breve del tiempo, lo antojadizo que el amor
resulta cuando los años ganan a la esperanza, y, con jirones de desencanto diseña su mejor vestido para la gala de la decepción…
Se dio cuenta que secaba
sus lágrimas con su pañuelo, …aquel pañuelo…, una reliquia que guardo en su
pecho por más de sesenta años y cuyas iniciales, desdibujadas por la pasión
guardada entre sus senos, se convirtió en el hilo conductor entre la cordura y
la capitulación de una historia que no pudo ser. Su ahogado llanto quedo mudo en
la estación de los aciertos, ese que nunca llegó; quedo presa de una
ausencia, de una espera gélida que cubría con su manto cualquier resquicio o
expectativa.
Cuando sus tormentas se
lo permitieron dándole una tregua al dolor encasquillado en los recovecos de su
alma, se levantó lentamente apoyada en su bastón, fiel compañero qué, junto a
su sombra, no la abandonaba salvo en la soledad compartida con Morfeo. Con
pasos cortos, titubeantes y temerosos ante la falta de equilibrio, abrió
aquel cajón relegado al olvido, al desalojo de una ilusión que
durante años, peregrinó en generaciones amarillentas destinadas al exilio de una memoria asignada ésta, al contenido de aquella gaveta. Un castigo tal vez injustamente
infringido.
Su temblorosa mano
derecha tomó de su cuello una diminuta llave que llevaba colgada por más de medio siglo,
tiempo de encarcelación de sus fragmentos de tiempo, retazos de una
historia, la suya… señales del mapa de una vida vivida en el anonimato donde los
anhelos fueron abortados por la omisión de una promesa… Como si de una reliquia
se tratara, tomo entre sus arrugadas manos las hojas sepias custodiadas por un
lazo rojo, y, con exquisita delicadeza, deshizo la cinta de seda para perderse
entre los renglones de aquellas cartas. Capítulos sin reposición de una vida…
….Querida alma perdida,
mi memoria es traicionera y no me deja recordar la última vez que tú y yo nos encontramos.- se dijo así misma antes de perderse entre aquellos renglones.
Era verano, la luz del
sol bailaban frente a las hiedras y, el sonido de las abejas me inquietaba.
Decidí traspasar aquella verja. Mis piernas temblorosas no disuadieron a mi
voluntad de acercarme a él. Sin darme cuenta, había sorteado los sarmientos de
una antigua viña. Mi obsesión por los detalle me llevo a fijarme en la danza
acompasada de dos amantes, dos pequeños invertebrados regocijados del momento
vivido. Sonreí y secretamente envidie a aquellos caracoles.
Alce mis ojos al
horizonte y allí le encontré…
La sangre fluía a compasadamente y bajaba de forma imparable llenando los rincones más íntimos y pudorosos. De mi interior, se desgranan susurros cálidos deseando chocar contra
su piel…
Es difícil relatar como
empezó, como sucedió aquel encuentro inesperado, cuando quise darme cuenta,
estábamos hablando. Su mano se deslizo buscando el contacto de la mía, nos
fundimos en instantes de ternura que la brevedad del tiempo, consagró en
pasión…
Intuyo que fue parte de
mi historia, así me lo muestra las escasas visitas de mi lucidez.- pensó para sí, esbozando una triste sonrisa.
Se paró en seco, dejando de recordar que la llevó a recorrer aquel tramo. Y, contra su pecho, el fruto de un sueño
quebrantó la realidad que nunca quiso recoger y cuyos mensajes se empotraban con
angustia, dolor y sinsabores en su quebradiza memoria. El tiempo la vapuleó. Apretó
sus manos en espera de encontrar un calor perdido…
No tuvo valor para
seguir ahondando entre las líneas veleidosas de su historia, qué, fugazmente,
le llegaba con claridad para luego dejarla caer en el abismo del olvido.
Nuevamente, ató el lazo rojo devolviendo al destierro fragmentos de su vida…
Apenas hay claridad…
Otro día más, sus
recuerdos se pierden entre dos corrientes…
Otra noche cae sin
apenas sentir…
A sus casi noventa
años, seguía preguntándose cuando podía, dónde estaba aquel amor que nadie
jamás sustituyó…
Las borrascas
inesperadas nos sorprenden obligándonos a observar nuestro interior en los
lugares más insospechados…
El
corazón siempre ha tenido un papel relevante como el gran protagonista de
cualquier historia. Los adjetivos se empeñan en cuantificar la importancia que
tiene calificando esos anales de memorables, entrañables, apasionantes, desoladores,
en definitiva, un órgano diminuto tiene la potestad de controlar los tiempos
afectivos y físicos de cualquier mortal.
Él
mueve los hilos en lo romántico y en lo pragmático. Además de estar encargado
de bombear la sangre a todo el cuerpo, marca el compás de nuestras emociones
sin ruborizarse ni pedir permiso. Suele tener un tamaño similar al de la mano
en forma de puño y su importancia es tal, que si deja de latir el oxígeno no
llega al resto del organismo provocando la muerte.
Y,
de vez en cuando, hasta los corazones más fríos se derriten para hablar de
sentimientos
Para
muchos realistas es tan solo un músculo, para los trovadores es algo más, un
osado que se mueve como pez en el agua ocupando la primera fila de cualquier narración,
incluso, un sabio que espera su turno entre los márgenes de una posibilidad...
Cuando
el amor nos invade pareciera que el corazón está más vigoroso que nunca, tolera
todo y cada latido suena más fuerte que
el anterior. El amor no solo nos fortalece, nos hace más valientes arrastrando,
dependiendo en qué circunstancias, los afectos por la senda de nuestra vida.
Sentimientos que confunden, en otras, fascinan, aturden, pero siempre sin
dudar, el corazón despierta la esperanza…
Las
borrascas inesperadas nos sorprenden obligándonos a observar nuestro interior
en los lugares más insospechados…
En
una pausa no hay música, pero por momentos se produce desbancando la tan temida
“Ley de Murphy” prolongando nuestro tiempo a modo de hermosa melodía…
La
exactitud de las coordenadas del mapa de cada uno, en ocasiones trae consigo alarmas
con etiquetas de ¡stop! provocando
paradas. Interrupciones que desconciertan sentándonos en el banquillo del
observador para analizar los instantes obviados, aquellos relegados al último
peldaño de las prioridades, es por lo que a partir de ahí, el latido del
corazón retoma otro ritmo con imágenes congeladas...
Las
horas y los segundos se han convertido en días, la vida ahora se mide por las
páginas escritas con fotogramas atrapados en su portada…
Cada
alma que calienta tu pequeño mundo es muy importante. Es lo único que cuenta y realmente necesitamos…
La
belleza de un alma noble se asoma en su dulce mirada, en la generosidad de sus
actos y en su insustituible presencia...
ANAIS…
Hace veintidós años que nos miramos por vez primera. Una cita a
ciegas entre madre e hija, desvelaría ¡por fin!, las ansiadas emociones que
despertarían nuestros roles; desconocíamos tal sentimiento hasta el preciso momento de mirarnos...
He de decir que cuando
me la pusieron sobre mi tripa ninguna de las dos reaccionamos. Unos enormes
ojos azules escudriñaban con su mirada la mía. Ni una lagrima cayo por mi
rostro hasta que la enfermera llegó y la aparto de mí, desde entonces, corroboré
que era el regalo más preciado que la vida me podría ofrecer…
Con tan solo tres
añitos mientras ambas tomábamos un baño de espuma oyendo de fondo un bolero de
los Panchos, tras unos segundos de semblante pensativo, reaccionó y me dijo:
…Mamita, yo aprendí el día
el que te conocí…
…. ¿Qué aprendiste
hija?-. Pregunté sorprendida por tal razonamiento con tan corta edad
… Todo…, y a quererte
también...
Recuerdo que la
estreché entre mis brazos llenos de espumas y agridulce felicidad; le dije que la vida nos iba a
obligar a entendernos, a enfadarnos, pero nunca, a conocer el abandono de la
una para con la otra, pero sobre todo, a conocer el valor que tiene el amor entre
madres e hijas.
A veces, me olvido de
lo afortunada que soy siendo su madre porque los ruidos externos me llevan a dedicarle un infructífero tiempo a aquello
que me arrebataron bajo el palio de la confianza ciega, la aparente tranquilidad. Entonces, llega ella y coge mis manos al
tiempo que acaricia con sus hermosos ojos mi instante atormentado y me repite lo
afortunada que somos por tenernos la una a la otra…
… Así es ella, Anaïs, fuerte
como un huracán, flexible como un junco que se dobla pero, ¡jamás!, se rompe, sin
embargo, al mismo tiempo es frágil como el pétalo de una rosa cuya
aterciopelada alma en algunas oportunidades sufre algún rasguño por las durezas
de los obstáculos que le ha tocado salvar desde tan temprana edad, ella, aún no es consciente de que esas pruebas la convertirán en la persona que está destinada a ser, mágica y buena.
En otras situaciones, como un ave
herida busca refugio entre unos brazos seguros y fieles que no teman exponer su corazón al
recordarle su auténtica belleza.
Una belleza ubicada en
la generosidad de su espíritu me recuerda la gran mujer que es.
Te quiere
Mamá.
Y, desplegando sus alas alzo el vuelo y el firmamento la acogió con su hermosa
luz danzando como a ella le gusta, de puntillas…
Eternos niños sujetos
al azar de los que tienen potestad para decidir el futuro de otros…
La poca luz de la habitación, trae a mi memoria un vagón de recuerdos que me arrancan sonrisas, termino con un rictus de tristeza que amenaza con permanecer más tiempo del
deseado...
Oigo villancicos en la
casa del vecino y, casi, me animo a ir al cuarto de estudio a poner los míos; una
colección de las mejores recopilaciones de voces americanas de los 40’ y
50’me esperan. Sin embargo, mi cansancio gana dejándome inmóvil para viajar a ese rincón rememorando
escenas que algunas navidades atrás, viví con mi familia.
De ésto hace ya algunas décadas.
Cerca de la casa donde pasé mi infancia, hoy convertido en un espacio de múltiples edificios,
existía un escampado donde pastores, burros, caballos, camellos y perros, eran
los dueños del lugar, un reducto privilegiado para cuantos quisieron hacer suyo
aquel enclave natural. Solía salir a pasear con mis padres y hermanos por aquellos
parajes al caer el sol, aquel día, se dieron cuenta
mientras mis hermanos y yo jugábamos al escondite, que teníamos nuevos vecinos;
un carromato de gitanos había acampado debajo de un enorme pino.Trataban de hacer fuego, en ese tiempo la normativa forestal no era tal
estricta y los campistas tenían cierta libertad de movimiento.
Sucedió un veinticuatro de diciembre, como era costumbre, todo quedaba preparado con antelación, y, antes de la cena familiar, dábamos un largo paseo por el campo. Mi madre preparó algo de comida para los nuevos visitantes, me sentía expectante
ante tal acontecimiento que, con los años, se convertiría en acciones habituales de mi familia. Unas
papas guisadas con ajo salteado y habichuelas, carne frita del menú festivo, algunas
naranjas y el postre favorito de mi padre elaborado por él mismo, (frangollo),
componía el festín para aquellos extraños. Entonces, mamá me miro y me dijo, “hija, vamos a llevarle a esa familia algo de
cenar, es nochebuena”.
Me temblaban las
piernas, mi madre era tan osada, nunca vi ningún atisbo de duda o miedo en sus
ojos y, cuando me percibía aterrada por algo, me sonreía y me decía: mi querida
niña, no olvides que el miedo es un fantasma al que le das
forma y los fantasma no existe, por lo tanto, el miedo solo es una posibilidad con demasiado valor.
De camino al carromato
pensaba que todos los niños teníamos una ¡súper mama!, pues ellas
nunca tenían temor y sabían lo que hacían. Yo debía ser muy valiente pues me
permitió que la acompañase en lugar de mi hermano mayor.
Una señora con grandes
caderas y numerosas pulseras ruidosas, nos recibió con una gran sonrisa. Pude
apreciar que sus paletas brillaban de una forma distinta a la de los demás,
entonces, tiré de la falda de mi madre y le dije; “¡mamá!..., éstas personas no necesitan comida, ¡son ricas!, - y, susurré.- sus dientes son
de oro” De pronto, aquellas dos mujeres soltaron una sonora carcajada y me
miraron como si hubiera dicho la cosas más graciosa del mundo. Debió ser así,
pues mi mamá, se limpió una lagrima con la punta de la rebeca. En aquel momento no
entendí nada. Aún años después, me sonrío al recordar el valor que tiene la
inocencia.
Cuando nos disponíamos a
regresar, la corpulenta mujer nos gritó para ofrecernos a uno de sus numerosos hijos, empecé
a dar saltos de alegría pidiéndole a mi progenitora que lo permitiera, pues así, aquella
niña elegida entre el resto de sus hermanos, podría convertirse en esa hermana
que no tenía. La cara de mamá cambio de color y trató, tras darle las gracias a
la buena señora, de explicarme las razones por la que no, podía acceder a dicha petición; francamente, me costaba entender porque un señor juez tenía que decidir o que
un policía, pudiera arrestar a mamá por secuestro, si solo se trataba de
agrandar la familia y darle a aquella niña un hogar sin ruedas. ¡Pues no señor!,
no comprendía nada...
De camino a casa y tras
unos minutos de silencio, pregunte si aquella familia era pobre, el por qué no tenían
una casa como nosotros y si eran felices y además, si sabía cuántas personas vivían
en la calle.
-Te contestaré por parte. Ésta
familia no se considera pobre, son personas que tienen una forma de vida y su casa es un
carromato, son nómadas y para ellos la pobreza es una actitud, no una elección.
-Y, ¿por qué querían darnos a uno de sus hijos si no son
pobres?
-…. Quizás, por darle una oportunidad distinta a la que ellos
han elegido. Y, sí, siempre habrá alguien que por alguna razón no tiene un
hogar, pero gracias a Dios, son pocas las personas que tienen esa
circunstancias.
Recuerdo que no articulé una sola palabra el resto del trayecto. Al llegar me senté al lado de una vieja estufa y me sentí feliz
de estar en casa con mis dos hermanos y mi padre, al que como entonces, cada
navidad ayudo a cortar el turrón.
Hoy, nuestra
sociedad está habitada por nómadas olvidados, ciudadanos sin oportunidades a los que se les han arrebatado algo más que un plato de comida y un techo, se les ha secuestrado la opción de sentirse en cuenta, escuchados, personas con
derechos, los mismos que duermen en el fondo del cajón de la prioridad donde la
esperanza ha sido sustituida por el olvido…
La duda ante la desaparición de una larga lista de exilio
involuntario de hombres y mujeres atrapados por un sistema obsoleto me llevará un poco mas de tiempo. Para esos donde una vieja estufa no resulte un premio aniquilado
por la mala gestión de unos pocos…, o muchos... Me pregunto, cuánto vale limpiar una mala conciencia…en
el caso de que haya muestra de remordimiento por parte de quien corresponda…
En casa me enseñaron
que la navidad es una actitud que se debe tener todo el año, que lo que la
diferencia de los festivos días de diciembre, no es más que el valor material
que se les da a unos presentes, algunos gestos altruistas y elocuentes promesas
de aquellos que buscan votos…
Me sigo cuestionando si
seremos capaces de entender el verdadero significado de éstos días, que no es
otra cosa qué, alargar en el tiempo nuestra generosidad, multiplicar con hechos,
sinceras propuestas a la que le preocupen
menos el número de adeptos a las urnas, realzando así, el sentido que tiene sujetar con fuerza a los más desprotegido
todos los días del año…
Y continuaré preguntándome por qué, este deseo no deja de ser una quimera… Tal vez, la respuesta
la tengan aquellos que hablan más y hacen menos…
Las alambradas particulares de cada uno, delimitan la
realidad o utopía de una posibilidad.
Muchos pasan parte de
su vida mirando por la ventana de las oportunidades y, en el quicio de la
ventana, los deseos negocian con las posibilidades. Las alambradas particulares
delimitan la realidad o utopía de una posibilidad.
Un día, el azar o los
planetas alineados deciden premiar al candidat@ que tras mucho tiempo de espera
y relativa constancia, recibe su recompensa.
Conscientes de que los
años conllevan una mochila que se agranda con los obstáculos que vamos salvando,
en el camino y junto a las reminiscencias de las decepciones, donde fracasos y
frustraciones aúnan fuerzas, se adjunta el tan temido seguro de desconfianza. En ocasiones, es bien entendido de
acuerdo a la vida que cada uno ha llevado, sin embargo, en otras, choca con la
tan anhelada tregua de dicha y felicidad.
A veces, el objetivo no
consigue su fin, por más intentos realizados por materializar el deseo con
tintes románticos, los recién nacidos comportamientos de cambio aún no están vacunados
contra la habilidad desarrollada durante años para destruir hermosas crónicas,
empañando así, capítulo de una inesperada historia…, Entonces, se rememora aquellos
bocetos amarillentos de plegarias nacidas del aislamiento afectivo, de la
necesidad de compartir, de sentir, de amar… repetidas imploraciones para una oportunidad
tardía; las arrugas del alma bien las mereces, pero, un delirio hizo creerle valiente
y merecedor de tal honor, se olvidó de
que su armadura estaba oxidada y anquilosada con medallas que otros ganaron. Condecoraciones
ajenas se colaron entre los renglones de su historia y robaron su voluntad.
Nuevamente, la alambrada estrechaba el cerco de su fugaz confianza.
Y, así, un día abrió
los ojos secos de observar en el espejo el rostro inventado que dio forma al
hombre, moldeo una usurpada personalidad e invento la mejor biografía que
condecorase aquella que nunca vivió… Relegó a un cajón de la memoria la única que
tenía realmente valor, la suya…
Los abismos de la mente
convierten en titánicas guerras los enfrentamientos con el corazón desplazando
a la retaguardia la cordura. La sinrazón napoleónica, cree llevar el mando
conquistando el único campo de batalla que nadie quiere librar, la imprudencia
que abandera los impulsos del desatino…