“Donde habitan los silencios”
Un lugar para refugiarse del mundanal ruido, colocando entre renglones, los tan valiosos silencios, necesarios éstos para narrar historias...
Reescribiré sobre tu piel nuestra historia cada amanecer...
Si me buscas, escribiré sobre tu cuerpo la lista de mis pasiones... rozaré tu piel cada
amanecer, conquistaré tus labios sedientos de pasión que, una vez, descubriste a mi
lado
En la clandestinidad, los
códigos de barra de una frágil aventura, borrarán las sombras de una desventura
para ser parte y gloria de una hermosa historia de amor…
Si te quedas conmigo, la
seda de mis manos rozarán las tuyas provocando un encuentro en los rincones
de una ciudad que duerme ajeno a lo
nuestro…
Sí te acercas, la pasión llevará tu nombre cada vez que te cueles entre las fisuras de mi corazón…
Enciéndeme
la luz para no ver mi propia oscuridad le dijo a la luna…
Nuestra
vida podría llevar la condición de “cuaderno de bitácora”, en él, anotamos las
rutas inesperadas que asaltan nuestro mapa particular sin tener en cuenta cuan
nos puede importar los cambios innegociables... Esas mismas rutas, a veces, nos
hacen mirar al cielo implorando aquellas cosas que nos acunen el alma como la
calma de un mar, la esperanza del encuentro con un horizonte que acerque
orillas, todo esto junto al deseo de una navegación placentera digna, eso sí, de ser plasmada entre los renglones de una historia.
Tal vez, con una odisea repentina, es difícil escaparse a esta posibilidad, las
sacudidas intermitentes terminan siendo
familiares en nuestro rol humano. Es probable que nuestra historia termine
convertida en el armario donde guardamos las vicisitudes de nuestras vivencias…
Hace
ya un tiempo que contemplo los espacios en blanco alojados en mi mente,
estos martillean con pensamientos fosforescentes
tratando de llamar mi interés sin éxito. Ellos imprimen cierta dosis de
nostalgia aderezada con una extrema rebeldía, propia de una vida que se empeñan
en mover los trazos de un mapa que el libre albedrio otorga sin recelo. Sin embargo,
quisiera almacenar en esos espacios todo aquello que dicen que enseña, dar
cobijo, como ocupas sedientos de afectos que quedan atrapados en otra piel, a las
rememoraciones que alivian mi espíritu y endulzan con olvidadas sensaciones la
creencia de aquello que dice; lo
mejor, aún queda por llegar…
Cuando
era niña, el cielo era el lienzo en blanco donde dibujaba las escenas de una
vida. Cada momento reservado a la experiencia futura, llevaba consigo aromas a jazmín
que me traían las olas de una experiencia y dejaba de manifiesto la ilusión y
el deseo de lanzarme al vacío extendiendo las alas de la imaginación con el
ímpetu que te dan los primeros año sin abandonar la creencia, aunque solo sea por una fracción de segundos, que nada es
estático y por oscuros pasillos que recorramos, la luz nos atrapa si creemos
poseerla…
Hoy,
en ocasiones, cuando abro los ojos mis manos instintivamente me llevan a levantar
unas sábanas para esconderme bajo ellas; existen nubarrones que asechan la
vulnerabilidad de un instante, dictadores emocionales que asaltan tu
tranquilidad con la falsa convicción de ser dueños y testigo de tu derrumbe.
Pero siempre, tu esencia vence con la guerrera que impone la bandera de “aun no
me has ganado”
…Y,
he aprendido además, que para andar por los caminos de una vida, es
imprescindible llevar un equipaje ligero a prueba de golpes que te hagan doblar
las rodillas, con complementos que desarrollen la habilidad de secar de un
manotazo lágrimas de impotencia cuando eres invisible a los que dictan leyes,
imponen criterios, abanderan causas injustificadas, es decir, cuando la palabra
“derechos” se sustituye por un “usted solo es un número, una letra y un ser
anónimo a los ojos del poder…”
En definitiva,
mí aprobado como mortal depende de dos cosas, una: si aceptas ciertas normas, mueres… y la otra, aunque vive en el exilio
lejos de las contemplaciones por ser la estrella, si te rebelas, ganas tu propia batalla.
Así
que, mi querida Juana de Arcos, tú que habitas en todas las mujeres… ya sabes,
aunque te quieran quemar en la hoguera, recuerda que, renunciar y claudicar, aniquila
cualquier oportunidad de visibilidad y recompensa…
La acrobacia
de la vida, no siempre se domina a la primera, ni a la segunda, pero con la
práctica, lo logras…
Una mariposa se cuela por
la ventana, ella hace que se dibuje la única sonrisa del día…
Me pregunto, ¿qué color
tiene la tristeza? Se diría que la aflicción no tiene color, en todo caso, sí una emoción
que tiñe de oscuro los pasajes cotidianos, hace más pequeña la sonrisa, y,
entre otras cosas, resta brillo a la mirada cuando se pierde en un rincón de la
memoria queriendo rescatar imágenes que abracen con la propia evocación aquello
perdido. Una ausencia sin retorno, la imposibilidad de acceder a una moviola
para repetir más veces cuanto queremos, agradecemos y amamos, todo eso termina generando
el pensamiento best seller de cualquier mortal; el extraños y desgarrador
sentimiento de que “nunca fue suficiente”…
Ya no quedan mujeres
sabias en mi familia, todas han partido. La última gran mujer, se elevó con la satisfacción de por fin haber sido escuchada sus súplicas a un Dios que ella creía sordo y
despistado con sus deseos. Le solía decir, que por alguna razón que ella no
llegaba a comprender, era importante su presencia, sus palabras, sus afectos y
sus besos.
No
todos la valoraron, la cuidaron y mimaron como se merecía. Decidieron por ella
mirando para los rincones de la indiferencia depositando allí, lo que su mirada
gritaba y pedía…Y, como algo olvidado, la dejaron en un desván de silencios…
Casi
cincuenta años de viudedad y la pérdida temprana de su hija, la envolvieron en
un luto aplastante que jamás la abandonó llevándola a vivir de puntillas los anónimos
capítulos subrayados de su propia historia. Renunció a sentir otra piel como
mujer, a reir a carcajadas los tropiezos que rompen lo inesperado, a mojarse
bajo la tempestad de un nuevo amor, a disfrutar la vida como cualquier otro ser
humano. En definitiva, nunca su lealtad fue premiada a la altura de su entrega
para con los suyos.
Eran cinco hermanas y un
hermano. Ella, era la mayor, la primera en nacer y la ultima en abandonar un navío
que jamás pidió navegar. Hacía mucho que deseaba pasar el testigo de dirigir
una ruta donde la desidia, la pena y la frustración, se convirtieron en fieles
compañeros.
Cuando la visitaba, se
iluminaba su rostro, y sus hermosos ojos verdes brillaban de una forma especial,
enseguida, sus ancianas manos, hermosas aun, cuidadas y delicadas, apresaban
las mías con pequeños actos de renuncia para sacer del bolsillo de su rebeca
negra, un pañuelo de tela blanco y secarse la lagrima que bajaba por su rostro,
¡en absoluto era la amargura! solo eran aquellas que los años se colocan en el
lagrimal para embellecer la mirada.
A sus ochenta y siete años,
poseía una mente prodigiosa. Ninguna laguna en su memoria se apoderó de ella. Era
el árbol genealógico que puso nombre a aquellos desconocidos para las
generaciones posteriores, matizó con humor los anacrónicos pasajes de una vida
simple y humilde marcada por la pobreza y el miedo, sacó su carácter a pasear
tantas veces quiso y con él, la fuerza de una generación olvidada…
Me guardo para mí
millones de risas, confidencias, pensamientos y atrevimientos compartidos a su
lado. Desde algún lugar de cielo, me seguirá aconsejando lo que desde niña me
decía. “conviértete en aquello que deseas ser”, ahora, ella sabe que soy aquello
que de pequeña le decía bajito que algún día seria…
Un sentimiento de orfandad
se ha pegado a mi piel, es melancólico y conocido. Ajena a los ruidos de la
vida que oigo fuera, me molestan como usurpadores de mi anhelo de estar en el único
refugio en que hoy me siento segura, en el recuerdo.
Una mariposa se cuela por
la ventana, ella hace que se dibuje la única sonrisa del día…
El desamparo que nos
produce la perdida de alguien a quien amamos, nos viene a recordar el destino
que todos tenemos. No es la muerte la
que nos acecha, más bien, nosotros a ella, pues desde que nacemos, no dejamos
de pensar o hablar sobre su visita en el ocaso de nuestra vida…
Mi querida tía madre, la
ausencia de muchas palabras no escritas en este texto, te las susurré al oído…
Los años suman, las oportunidades escasean, lo imprescindible termina siendo “ya veremos”, las preocupaciones adquieren otras connotaciones, todo lo que no sea salud, trabajo y amistad, puede esperar en la bandeja de salida de “en otro momento te reviso”
Un cumpleaños siempre es
motivo de felicidad, de celebración y, de paso, un involuntario repaso por
trescientos sesenta y cinco días del año que atrás quedan con vericuetos que
llenan los márgenes de una vida.
Aunque la edad sea en
ocasiones un molesto número en el calendario, soy consciente visto los últimos
acontecimientos, de lo afortunada que hoy soy.
Alguna vez he expresado
que no me gusta hacer balance de mi vida; generalmente mirar para detrás no
suma, sin embargo, otra cosa bien distinta es recordar los tropiezos donde he
aprendido y cuya nota de examen fue lo suficientemente alta como para no
repetir curso. Los alumnos aplicados reescribimos páginas en blanco con
aportaciones llamadas experiencias de un valor incalculable.
He descubierto que me
gusta más que nunca mirarme en el espejo. Se trata de un espejo muy particular,
un intercambio generoso de vivencias y consecuencias que hacen retornar la
imagen gestada de los propios actos. Todo ello, se refleja en un rostro amigo
que me devuelve aquello que soy, una “mujer junco”.
Es cierto, se dobla, mas no se parte, no roba la luz ajena, pues conoce bien la
suya, que acepta sus limitaciones pero ensalza sus logros, ama con pasión y
llora cuando tiene ganas, calla cuando quiere y habla por los codos cuando está
frente a alguien que muestra interés por sus palabras. En definitiva, una
perfecta imperfección sinfónica que eriza la piel, con la misma facilidad que
enerva los ánimos.
He aprendido de la
crítica en todas sus acepciones. Y, aunque no siempre se recibe de buen grado,
es verdad que me lleva a la reflexión de cómo los años calman el ímpetu,
agudiza el ingenio para tildar de importante o no, con su correspondiente grado
de urgencia, lo que merece la pena sacarte de tus “casillas”
Mi pacto con los años no
va más allá de la predisposición a apreciar los inesperados regalos de la vida,
la observación prestada a cuanto y cuántos me rodean son sus historias y
enseñanzas llevándome a subrayar las dudas y dejando a éstas en la categoría
“no dedicar más tiempo del merecido”, a resaltar en rojo el “arrojo” por vivir
y sentir en cada poro de mi piel y de mi ser, las dulces caricias de un de
repente tu…
Los años suman, las
coyunturas escasean, lo imprescindible termina siendo “ya veremos”, las preocupaciones adquieren otras
connotaciones, todo lo que no sea salud, trabajo y amistad, puede esperar en la
bandeja de salida de “en otro momento te reviso”
Y, no…, no me he olvidado
del amor…
Cuando logras un
equilibrio entre tiempo y realidad, conquistas campos yernos que
inesperadamente recobran vida y dan frutos dulces que la semilla de la
paciencia premia cuando nada esperas, cuando aceptas quien eres y amas todo
aquello que representas… Entonces, aparece cupido con la flecha de la ilusión
que traen oportunidades tardías…
Felicito a mis padres por
ser un puente entre sueño y realidad, la realidad de escribir mi propia
historia…
El tiempo moldea lo efímero y lo despide, tan breve como la vida de una mariposa. Sin embargo, los pilares del amor permanecen incólume en la memoria de los amantes...
E.M
Existen caminos donde no hay un
principio o un final, tan solo, bifurcaciones que te llevan a tomar senderos
inesperados. Y, como una autómata que ha
dejado atrás la memoria del corazón, descubres en cada paso como van cayendo
las viejas armaduras oxidadas, la piel sedienta
de otra piel, los viejos silencios amigos de un trayecto que acompañaban un diálogo que desvela secretos inconfesados, los mal llamados ocupas de un árido desierto
de soledad convertido en refugio, o lo que es lo mismo, morada de la desidia
que se alcanza cuando a tu puerta con frecuencia solo toca lo grotesco, la
falsa presencia o burda copia del amor...
…De repente, de puntillas y sin
hacer ruido, llegas acariciando la
causalidad de un encuentro. Algunas oportunidades tardías, sorprenden con
una alineación de corazones.
En contadas ocasiones, el corazón mas fuerte muestra su
generosidad y ternura construyendo puentes de coherencia que gane la credulidad del más herido, atrapado en un destronado sentimiento entre las cortinas venecianas de una habitación sin vistas a nuevas coyunturas. La firmeza de un afecto, gana la
batalla a la duda precediendo a la entrega del otro.
Los márgenes del tiempo, se ratifican en un corazón Magallanes. La conquista se hace palpable en millones de gestos que ganan posiciones a las obsoletas creencias...
... Entre caricias..., las yemas de unos dedos con la delicadeza que se roza lo más preciado, besan cuantas cicatrices con etiquetas de desengaños haya en el
camino, en definitiva, la conquista de un alma se hace presente cuando hay
abrazos que derrumban muros llamados desconfianza…
El perímetro de un deseo, alcanza
posiciones con el simple roce de unos labios y en la intimidad, dos cuerpos se
reconocen en una sublime pasión que espera su momento…
En una pausa no hay
música, en un pensamiento millones de notas en movimiento…
Me gusta el otoño, tal
vez, porque se acerca a mi esencia de mujer madura que busca la serenidad en los contrastes de lo cotidiano. Es una estación que se identifica con la etapa
de la vida, que invita a mezclarte con el olor a tierra mojada, a la humedad
que se respira en el aire y se cuela por las fosas nasales hasta llegar a un rincón
de tu remembranzas arrancando alguna imagen que despierte la memoria de tu piel, o simplemente, obliga a cerrar los párpados para evocar más íntimamente el escenario de un
momento...
El otoño es una manera de
mudar la vida, se cuela bajo el tejido que cubre tu cuerpo y te lleva a los márgenes de un pensamiento
y entonces, te sientas y le observas…
Sirve para extrañar… para
pasar las tardes entre las páginas de un libro que pide ser tomado entre el
calor de tus manos, o simplemente, para escribir cartas, amarillenta tradición olvidada
entre las aristas del tiempo que evoca pasión y ensoñación.
En todo caso, el otoño
aunque asome en agosto, conlleva una emoción que convida a escribir renglones con
historias que conmuevan y se hagan nuestras.
Un otoño fuera de estación que nos
regala la dulzura de una rememoración, que
te instruye a saber moverte en lo inesperado, en lo ansiado.
En definitiva, cualquier
otoño, aún a destiempo, es una forma de mudar la vida…
- Pídeme lo que quieras…
- Toca el piano, hazlo para mí…
- Después de un beso…
Al
caer la noche, sabía que los dulces barrotes de su cárcel estaban en las partituras. Andreas, solía perderse entre sus teclas buscando la manera
de olvidarla. Aquella mujer fue su droga, cautivó cada centímetro de su mundo
ordenado y como a un calcetín, le dio la vuelta para llevarlo a las puertas del
infierno y otras tantas veces, al mismísimo cielo cuando se perdía a través de los recovecos
de su anatomía, un hechizo que jamás quiso declinar.
Allí,
entre las teclas de un viejo piano, era donde único conseguía la paz, donde sus remordimientos no eran escuchados
hasta la llegada de Morfeo. Cuando éste en contadas ocasiones de él se compadecía, daba descanso a sus
largas noches de insomnio.
Ese
fragmento de tiempo, era donde único reposaba su infelicidad sin hacer girones
sus recuerdos. En las teclas de aquel piano, abandonaba a sus recuerdos
encarnizados junto a la llama de una pasión asfixiada por el olvido.
No
podía responsabilizarla por haberse ido. Tal vez, necesitó creer que la
paciencia seria su fuerte y, de paso, su aliado en el amor, pero no resultó así. Un día, le sorprendió la casa enmudecida,
el silencio de los rincones compartidos parecían jueces. El peso de
la soledad, tomó las riendas de su vida dejándole como única compañía, las teclas
de un longevo piano.
Aquella
melodía de extraños en la noche, le enfureció. Notó como la sal de sus lágrimas bajaban por su rostro sin reparo, la furia
de sus dedos daban forma a las notas de aquel bolero que tanto le recordaba a
ella…
La
primera vez que la vio, tocaba en uno de los salones más chic de la ciudad. Su cigarrillo
apoyado entre la comisura de sus labios, hizo que levantase la mirada para
cambiar la dirección del humo del tabaco. Fue entonces, cuando sus ojos verdes
se toparon con los negros de ella. Cautivadores buscaron los suyos provocando en él, un desafío; la seducción en blanco y negro
de los titulares de una pasión prometía corresponderles...
Sintió
como su sangre se heló y el corazón comenzó a bombear con la prisa de un
caballo desbocado buscando una meta, en este caso, la de su piel…
Con
ella, agosto siempre era otoño…
Esther Mendoza.
Dejamos de ser extraños cuando nos dedicamos a mirarnos...
Podríamos mostrar solo medio
rostro, la mitad de lo que somos, el cincuenta por ciento de un afecto y aún,
ser creíbles para aquellos que no saben lo que valen y ponen su identidad en la
mitad del otro…
Esther Mendoza.
Podríamos
pasarnos la vida buscando el porqué de algo que no entendimos a su debido
momento y por desidia, ese algo permanece aún en nuestra particular bandeja de
salida con una interrogación que nos ata a una historia cuya puerta, debió
cerrarse de golpe cuando los fríos vientos del norte entraron por la ventana.
Podríamos repartir
culpas, convertirnos en el mejor maestro perfeccionando excusas y pretexto que
nos llevan a la triste definición de que, en ocasiones, como Hámster, hacemos kilómetros
en una rueda de probabilidades para no llegar a ningún lugar.
Podríamos sentarnos en un
andén y como Penélope, esperar al trovad@r que nos hizo creer que no
sólo éramos su mitad, sino además, la mus@ de sus cantos de sirena. Continuaríamos
viendo pasar el tiempo entre las telas de araña de una quimera, pues lo que se
va, y quienes se van, ¡hay que ponerles puente de plata!, levantar la barbilla y
recordar que cada experiencia está para ser exprimida en positivo y recordar que algunos aspectos de nuestra persona o principios, no se
negocian, ni tan siquiera, “en nombre del amor”…
El amor sólo tiene una traducción: No se contempla condiciones,
ni se admite talones en blanco con una rúbrica de chantaje emocional, mucho menos,
manifiesta deslealtad e irrespetuosidad, en todo caso, ofrece una mano, múltiples
gestos de generosidad y confianza para
que vueles y vuelvas…
Si le damos la vuelta a
ese “podríamos”
y abolimos el conformismo por "la mitad de todo", a buen seguro que ese ¿por qué? se desvanecería como el humo de un cigarrillo dejando hueco para “momentos y sensaciones” que nos embelesan y nos recuerdan que
aún, podemos amar y sentir…
Cambia tus podríamos por
instantes que atrapen cada centímetro de tu piel, todos los recovecos de tu alma y
reescribe y tacha cuantas veces sean necesarias, aquellos renglones que
sumen a tu vida…
Nunca te conformes con la
mitad de nada, ¡apuesta por un todo!…