“Donde habitan los silencios”
Un lugar para refugiarse del mundanal ruido, colocando entre renglones, los tan valiosos silencios, necesarios éstos para narrar historias...
El tiempo moldea lo efímero y lo despide, tan breve como la vida de una mariposa. Sin embargo, los pilares del amor permanecen incólume en la memoria de los amantes...
E.M
Existen caminos donde no hay un
principio o un final, tan solo, bifurcaciones que te llevan a tomar senderos
inesperados. Y, como una autómata que ha
dejado atrás la memoria del corazón, descubres en cada paso como van cayendo
las viejas armaduras oxidadas, la piel sedienta
de otra piel, los viejos silencios amigos de un trayecto que acompañaban un diálogo que desvela secretos inconfesados, los mal llamados ocupas de un árido desierto
de soledad convertido en refugio, o lo que es lo mismo, morada de la desidia
que se alcanza cuando a tu puerta con frecuencia solo toca lo grotesco, la
falsa presencia o burda copia del amor...
…De repente, de puntillas y sin
hacer ruido, llegas acariciando la
causalidad de un encuentro. Algunas oportunidades tardías, sorprenden con
una alineación de corazones.
En contadas ocasiones, el corazón mas fuerte muestra su
generosidad y ternura construyendo puentes de coherencia que gane la credulidad del más herido, atrapado en un destronado sentimiento entre las cortinas venecianas de una habitación sin vistas a nuevas coyunturas. La firmeza de un afecto, gana la
batalla a la duda precediendo a la entrega del otro.
Los márgenes del tiempo, se ratifican en un corazón Magallanes. La conquista se hace palpable en millones de gestos que ganan posiciones a las obsoletas creencias...
... Entre caricias..., las yemas de unos dedos con la delicadeza que se roza lo más preciado, besan cuantas cicatrices con etiquetas de desengaños haya en el
camino, en definitiva, la conquista de un alma se hace presente cuando hay
abrazos que derrumban muros llamados desconfianza…
El perímetro de un deseo, alcanza
posiciones con el simple roce de unos labios y en la intimidad, dos cuerpos se
reconocen en una sublime pasión que espera su momento…
Las borrascas
inesperadas nos sorprenden obligándonos a observar nuestro interior en los
lugares más insospechados…
El
corazón siempre ha tenido un papel relevante como el gran protagonista de
cualquier historia. Los adjetivos se empeñan en cuantificar la importancia que
tiene calificando esos anales de memorables, entrañables, apasionantes, desoladores,
en definitiva, un órgano diminuto tiene la potestad de controlar los tiempos
afectivos y físicos de cualquier mortal.
Él
mueve los hilos en lo romántico y en lo pragmático. Además de estar encargado
de bombear la sangre a todo el cuerpo, marca el compás de nuestras emociones
sin ruborizarse ni pedir permiso. Suele tener un tamaño similar al de la mano
en forma de puño y su importancia es tal, que si deja de latir el oxígeno no
llega al resto del organismo provocando la muerte.
Y,
de vez en cuando, hasta los corazones más fríos se derriten para hablar de
sentimientos
Para
muchos realistas es tan solo un músculo, para los trovadores es algo más, un
osado que se mueve como pez en el agua ocupando la primera fila de cualquier narración,
incluso, un sabio que espera su turno entre los márgenes de una posibilidad...
Cuando
el amor nos invade pareciera que el corazón está más vigoroso que nunca, tolera
todo y cada latido suena más fuerte que
el anterior. El amor no solo nos fortalece, nos hace más valientes arrastrando,
dependiendo en qué circunstancias, los afectos por la senda de nuestra vida.
Sentimientos que confunden, en otras, fascinan, aturden, pero siempre sin
dudar, el corazón despierta la esperanza…
Las
borrascas inesperadas nos sorprenden obligándonos a observar nuestro interior
en los lugares más insospechados…
En
una pausa no hay música, pero por momentos se produce desbancando la tan temida
“Ley de Murphy” prolongando nuestro tiempo a modo de hermosa melodía…
La
exactitud de las coordenadas del mapa de cada uno, en ocasiones trae consigo alarmas
con etiquetas de ¡stop! provocando
paradas. Interrupciones que desconciertan sentándonos en el banquillo del
observador para analizar los instantes obviados, aquellos relegados al último
peldaño de las prioridades, es por lo que a partir de ahí, el latido del
corazón retoma otro ritmo con imágenes congeladas...
Las
horas y los segundos se han convertido en días, la vida ahora se mide por las
páginas escritas con fotogramas atrapados en su portada…
Cada
alma que calienta tu pequeño mundo es muy importante. Es lo único que cuenta y realmente necesitamos…
Eternos niños sujetos
al azar de los que tienen potestad para decidir el futuro de otros…
La poca luz de la habitación, trae a mi memoria un vagón de recuerdos que me arrancan sonrisas, termino con un rictus de tristeza que amenaza con permanecer más tiempo del
deseado...
Oigo villancicos en la
casa del vecino y, casi, me animo a ir al cuarto de estudio a poner los míos; una
colección de las mejores recopilaciones de voces americanas de los 40’ y
50’me esperan. Sin embargo, mi cansancio gana dejándome inmóvil para viajar a ese rincón rememorando
escenas que algunas navidades atrás, viví con mi familia.
De ésto hace ya algunas décadas.
Cerca de la casa donde pasé mi infancia, hoy convertido en un espacio de múltiples edificios,
existía un escampado donde pastores, burros, caballos, camellos y perros, eran
los dueños del lugar, un reducto privilegiado para cuantos quisieron hacer suyo
aquel enclave natural. Solía salir a pasear con mis padres y hermanos por aquellos
parajes al caer el sol, aquel día, se dieron cuenta
mientras mis hermanos y yo jugábamos al escondite, que teníamos nuevos vecinos;
un carromato de gitanos había acampado debajo de un enorme pino.Trataban de hacer fuego, en ese tiempo la normativa forestal no era tal
estricta y los campistas tenían cierta libertad de movimiento.
Sucedió un veinticuatro de diciembre, como era costumbre, todo quedaba preparado con antelación, y, antes de la cena familiar, dábamos un largo paseo por el campo. Mi madre preparó algo de comida para los nuevos visitantes, me sentía expectante
ante tal acontecimiento que, con los años, se convertiría en acciones habituales de mi familia. Unas
papas guisadas con ajo salteado y habichuelas, carne frita del menú festivo, algunas
naranjas y el postre favorito de mi padre elaborado por él mismo, (frangollo),
componía el festín para aquellos extraños. Entonces, mamá me miro y me dijo, “hija, vamos a llevarle a esa familia algo de
cenar, es nochebuena”.
Me temblaban las
piernas, mi madre era tan osada, nunca vi ningún atisbo de duda o miedo en sus
ojos y, cuando me percibía aterrada por algo, me sonreía y me decía: mi querida
niña, no olvides que el miedo es un fantasma al que le das
forma y los fantasma no existe, por lo tanto, el miedo solo es una posibilidad con demasiado valor.
De camino al carromato
pensaba que todos los niños teníamos una ¡súper mama!, pues ellas
nunca tenían temor y sabían lo que hacían. Yo debía ser muy valiente pues me
permitió que la acompañase en lugar de mi hermano mayor.
Una señora con grandes
caderas y numerosas pulseras ruidosas, nos recibió con una gran sonrisa. Pude
apreciar que sus paletas brillaban de una forma distinta a la de los demás,
entonces, tiré de la falda de mi madre y le dije; “¡mamá!..., éstas personas no necesitan comida, ¡son ricas!, - y, susurré.- sus dientes son
de oro” De pronto, aquellas dos mujeres soltaron una sonora carcajada y me
miraron como si hubiera dicho la cosas más graciosa del mundo. Debió ser así,
pues mi mamá, se limpió una lagrima con la punta de la rebeca. En aquel momento no
entendí nada. Aún años después, me sonrío al recordar el valor que tiene la
inocencia.
Cuando nos disponíamos a
regresar, la corpulenta mujer nos gritó para ofrecernos a uno de sus numerosos hijos, empecé
a dar saltos de alegría pidiéndole a mi progenitora que lo permitiera, pues así, aquella
niña elegida entre el resto de sus hermanos, podría convertirse en esa hermana
que no tenía. La cara de mamá cambio de color y trató, tras darle las gracias a
la buena señora, de explicarme las razones por la que no, podía acceder a dicha petición; francamente, me costaba entender porque un señor juez tenía que decidir o que
un policía, pudiera arrestar a mamá por secuestro, si solo se trataba de
agrandar la familia y darle a aquella niña un hogar sin ruedas. ¡Pues no señor!,
no comprendía nada...
De camino a casa y tras
unos minutos de silencio, pregunte si aquella familia era pobre, el por qué no tenían
una casa como nosotros y si eran felices y además, si sabía cuántas personas vivían
en la calle.
-Te contestaré por parte. Ésta
familia no se considera pobre, son personas que tienen una forma de vida y su casa es un
carromato, son nómadas y para ellos la pobreza es una actitud, no una elección.
-Y, ¿por qué querían darnos a uno de sus hijos si no son
pobres?
-…. Quizás, por darle una oportunidad distinta a la que ellos
han elegido. Y, sí, siempre habrá alguien que por alguna razón no tiene un
hogar, pero gracias a Dios, son pocas las personas que tienen esa
circunstancias.
Recuerdo que no articulé una sola palabra el resto del trayecto. Al llegar me senté al lado de una vieja estufa y me sentí feliz
de estar en casa con mis dos hermanos y mi padre, al que como entonces, cada
navidad ayudo a cortar el turrón.
Hoy, nuestra
sociedad está habitada por nómadas olvidados, ciudadanos sin oportunidades a los que se les han arrebatado algo más que un plato de comida y un techo, se les ha secuestrado la opción de sentirse en cuenta, escuchados, personas con
derechos, los mismos que duermen en el fondo del cajón de la prioridad donde la
esperanza ha sido sustituida por el olvido…
La duda ante la desaparición de una larga lista de exilio
involuntario de hombres y mujeres atrapados por un sistema obsoleto me llevará un poco mas de tiempo. Para esos donde una vieja estufa no resulte un premio aniquilado
por la mala gestión de unos pocos…, o muchos... Me pregunto, cuánto vale limpiar una mala conciencia…en
el caso de que haya muestra de remordimiento por parte de quien corresponda…
En casa me enseñaron
que la navidad es una actitud que se debe tener todo el año, que lo que la
diferencia de los festivos días de diciembre, no es más que el valor material
que se les da a unos presentes, algunos gestos altruistas y elocuentes promesas
de aquellos que buscan votos…
Me sigo cuestionando si
seremos capaces de entender el verdadero significado de éstos días, que no es
otra cosa qué, alargar en el tiempo nuestra generosidad, multiplicar con hechos,
sinceras propuestas a la que le preocupen
menos el número de adeptos a las urnas, realzando así, el sentido que tiene sujetar con fuerza a los más desprotegido
todos los días del año…
Y continuaré preguntándome por qué, este deseo no deja de ser una quimera… Tal vez, la respuesta
la tengan aquellos que hablan más y hacen menos…